Ciudadana Ena von Baer -no, no es un insulto, el trato de ciudadana es el más digno en una República-, usted ocupa un cargo de vital importancia para cualquier gobierno. Usted es la portavoz, y al referirse a cualquier tema que afecte a la vida social e institucional chilena, diga lo que diga es la voz y opinión del gobierno que representa.

Una metida de pata puede ser simpática y perdonada por falta de experiencia, dos metidas de pata empiezan a ser preocupantes, y muchas metidas de pata simplemente descalifican, ponen en cuestión su capacidad e idoneidad para el cargo y, lo más preocupante todavía, es que como nadie la corrige, sus más que desafortunadas opiniones reflejan el estilo e intenciones de su gobierno.

Se pregunta usted con alarma: “qué tiene que ver con la educación la constitución de asambleas constituyentes (con todo respeto la redundancia es atroz, y hablo de redundar y no de rebuznar) o la nacionalización de la extracción de cobre”.

Ciudadana portavoz del gobierno, si los estudiantes van más allá de sus justas reivindicaciones puramente gremiales, y apuntan a temas de vital importancia para el futuro de Chile como es solucionar de una vez la aberración de ser un país democrático que se rige por una Carta Magna redactada a imagen y semejanza del dictador que la impuso, eso que usted no entiende, demuestra que los estudiantes chilenos han decidido tomar en sus manos la corrección de algo anómalo, y que ha permanecido así por más de veinte años nada más que por falta de coherencia y voluntad política de todos los gobiernos que sucedieron a la dictadura.

Yo quiero confiar en su buena fe, pero sus declaraciones son preocupantes pues indican que de los graves problemas que aquejan a la educación en Chile, usted no tiene ni la más remota idea. Supongo que usted ignora que la última ley de la dictadura fue la de educación, una ley que, eufemismos neoliberales aparte, simplemente comercializó la educación y abrió la odiosa brecha del que aprendan los que pueden pagar y los demás que se queden al margen del conocimiento.

También supongo que usted no sabe que las universidades privadas, cuya función teóricamente no puede ser el lucro, derivan en muchas sociedades oscuras que han hecho de la educación uno de los negocios más rentables de Chile. Supongo que usted no sabe que la mediocridad de los gerentes de las universidades chilenas es tan evidente que ni siquiera se preocupan en disfrazarla. ¿Una prueba? En el mes de marzo de 2011 la ex universidad de Concepción convertida en negocio, llamó exclusivamente a jóvenes “caucásicos” para un aviso publicitario de las bondades de esa casa de estudios. Supongo que usted tampoco sabe que una de las ideas más esperpénticas del ministro de educación fue reducir las horas de historia, sí, de historia, esa materia tan necesaria que, por ejemplo, si el ciudadano Sebastián Piñera la hubiera estudiado con dedicación, no habría cometido el desatino de lesa ignorancia histórica que lo llevó a escribir “Deutschland über alles” en el libro de oro de la presidencia alemana.

Supongo también que usted no sabe que en los textos de los escolares más pequeños, se les enseña a comprender lo que leen remitiéndolos a páginas web de bienes de consumo. Es decir no se pretende hacer de ellos buenos ciudadanos sino buenos consumidores. Si efectivamente usted ignora todo esto, está naturalmente descalificada para referirse al movimiento estudiantil chileno y la palabra educación debe ser desterrada de su vocabulario. Pero si por el contrario sabe y conoce todo lo que he enumerado y que es apenas el uno por mil de los problemas que aquejan a la educación en Chile, entonces, ciudadana, yo la conmino a dejar su cargo por omisión de responsabilidades.

Sé que para usted es difícil entender las razones que mueven a los estudiantes, pero la invito a hacer un esfuerzo y a meditar en lo siguiente: “a numerosas escuelas y sedes universitarias actuales se hace necesario someterlas a un desafío competitivo que las obligue a elevar sus niveles docentes si desean salir airosas. Y nada mejor que entregarle la decisión al usuario, en este caso el postulante universitario, el cual sólo podrá ser atraído por medio de la calidad académica”. La autoría de esta tesis corresponde a Jaime Guzmán y Hernán Larraín, y fue publicada en el número 22 de la revista Realidad en marzo de 1981, en el cenit de la vorágine privatizadora de la dictadura. Estos genios, uno de ellos, Guzmán, padre de la Constitución de la dictadura que aún rige los destinos de Chile, suponían posible una mejora de la educación, pero mediante las leyes de una competitividad establecida por los dueños de las aulas, en ningún caso mirando al futuro sino al interés inmediato de su nauseabundo afán de lucro.

Ciudadana von Baer, sepa usted que los estudiantes SIEMPRE tienen la razón, y en el caso de los estudiantes chilenos su razón está respaldada por las ansias de futuro, por la generosidad de la que más de una vez han dado pruebas, y porque el futuro es de ellos, les pertenece y quieren ser sujetos activos de su propio desarrollo.

Por último, y aunque sé que para usted es difícil, le sugiero unos minutos de calma, de serenidad, para pensar en unos versos inmortales de la gran Violeta Parra:“Que vivan los estudiantes / porque son la levadura/ del pan que saldrá del horno/ con toda su sabrosura”.

* Escritor, texto publicado en www.lemondediplomatique.cl