Moscú, (PL).- La visita a Rusia de la representante plenipotenciaria del proyecto Yasuní-ITT Ivonne Baki amplió la geografía para abogar en la práctica por la ética ecológica y por mejorar la lógica en la relación con la naturaleza.La iniciativa Yasuní-ITT forma una ética ecológica difícil de soslayar, pero la dificultad estriba en romper la inercia para llevar el proyecto a la práctica y de eso conversó con Prensa Latina la embajadora plenipotenciaria de Ecuador.

Baki, quien ya se desempeñó como ministra ecuatoriana del Comercio Exterior, presidenta del Parlamento Andino y embajadora en Estados Unidos, trajo a Moscú un mensaje medioambiental para convertir palabras en realidades en el mayor productor petrolero del orbe.

Al menos la promesa de colaborar se obtuvo en esta, su primera visita a Rusia, para explicar las razones de Ecuador para dejar intactos bajo tierra a 846 millones de barriles de petróleo que al quemarlos producirían 406 millones de toneladas de dióxido de carbono.

Se trata de un proyecto que abarca 982 mil hectáreas (casi 10 mil kilómetros cuadrados), con la mayor concentración en el planeta de biodiversidad y donde habitan comunidades indígenas en encierro voluntario.

Todo ello es un paso osado del gobierno del presidente Rafael Correa, visto desde la lógica del consumismo occidental, por ello quisimos ver los detalles y objetivos de la visita de Baki a Moscú en un encuentro, en los predios de la embajada ecuatoriana en este país.

P. Usted recibe la Orden de la Paz en la esfera de la ecología otorgada por una organización filántropa en Rusia, ¿Qué la motivó viajar a este país?

R. Estamos contentos con la labor realizada por nuestro embajador aquí, Patricio Chávez, y con el avance del proyecto para la iniciativa Yasuni-ITT que como dice el presidente Rafael Correa es el proyecto bandera del Ecuador, el más importante. Yasuni-ITT fue presentado en Naciones Unidas por el presidente Correas como una idea durante la Asamblea General de ONU, para un cambio de matriz económica a energía renovable en un plazo de 13 años.

Ello se vio como algo muy positivo, pues siempre que se reúnen para analizar el cambio climático, ya sea en Copenhague o en Cancún, se habla de la necesidad de algo por evitar el calentamiento global. Nos pronunciamos por reducir las emisiones y realizar proyectos para evitar la desaparición de la especie humana en 20 años, pues la Tierra va a continuar su existencia, con ó sin nosotros. Pero nunca se había llevado nada real a la mesa y esta es la primera vez que una iniciativa se convierte en algo real.

Todo esta relacionado con la necesidad de cambiar la matriz económica hacia un desarrollo sostenible a mediano y largo plazos con el empleo de energía renovable. Ecuador siempre fue un país líder en el tema ambiental, pues están las Islas Galápagos, donde en el 2015 la energía empleada será completamente renovable, es decir, solar y eólica.

Y ahora contamos con la Amazonía, que son los pulmones de oxígeno del mundo, ya que no se trata de beneficiar a Ecuador solamente, pues lo que hacemos es para todo el planeta. Queríamos que se presentara en Rusia esta iniciativa, en un país donde tanto ha hablado el primer ministro Vladimir Putin de la energía limpia y pensé que era momento oportuno para presentar la iniciativa.

Se trata de algo necesario ante la realidad existente y es una idea de personas pragmáticas, pues si no empezamos a reducir el dióxido de carbono en la atmósfera de forma verdaderamente real, será un problema grave para la humanidad en 20 años.

P. La iniciativa rompe esquemas de soluciones ecologistas. En ese contexto, ¿qué significado o trascendencia posee el término de Emisiones Netas Evitadas?

R. Ese término lo empleó el presidente Correa en Cancún. Nosotros tenemos el lugar de más alta biodiversidad en el planeta, en ese casi millón de hectáreas del Yasuní, pues sólo en una de ellas hay más plantas y arbustos que en todo Estados Unidos y Canadá.

Eso es previsión ambiental, para no cortar árboles, pues el Tratado de Kyoto nos dice: ustedes talen y luego reforesten y nosotros pagamos, pero queremos evitar emisiones, sin cortar los árboles. Al mismo tiempo, deseamos dejar el petróleo intocable, eso es prevención. Pero en el mundo aún no se entiende bien la palabra prevenir, pues la lógica es: usted se enferma y después le damos la medicina. Pero debemos prevenir, lo cual cuesta mucho menos.

Con la Tierra ocurre lo mismo, cuesta muchísimo menos. Según científicos, el 20 por ciento del Producto Interno Bruto de todo el mundo será el costo por el cambio climático y el calentamiento global, pero si hacemos algo, se reduciría al dos por ciento. Ahí está lo que ocurrió en Japón con la central nuclear de Fukushima o el derrame del petróleo en el Golfo de México, por eso debemos centrarnos en la prevención.

El término de Emisiones Netas Evitadas tiene derecho de existir, aunque ahora no se entienda bien. Si se aplicara en 10 años, quizás se entendería mejor que un país deje bajo tierra petróleo para evitar la emisión del CO2. Buscamos prevención mundial con el proyecto Yasuní.

P. Al arrancar oficialmente el proyecto, el 10 de diciembre de 2007, hubo diferencias con el fideicomiso, quisiéramos conocer las razones por las cuales Ecuador reclamó entonces soberanía en ese caso

R. De al menos 44 o más fideicomisos que posee Naciones Unidas, el nuestro es el único que se maneja con una fórmula diferente. Por lo general los fideicomisos en la ONU funcionan con un país necesitado como Haití, llega el dinero y lo entregan. Pero nuestro caso es diferente, pues es un proyecto que presupone contribuciones de corresponsabilidad, no se trata de donaciones.

De ahí que el presidente Correa considerara inadmisible hablar de donaciones, cuando el que más aporta en esto es el propio Ecuador, de ahí que deben ser contribuciones y corresponsabilidad mundial. El dinero que se aporta se destina a impulsar el desarrollo de las energías renovables y los intereses de la reforestación, así como cuidado ambiental en las 44 áreas protegidas del Ecuador.

Además, el dinero se destina al apoyo social de las comunidades que viven en la región amazónica que nunca han tenido respaldo social por mucho petróleo que se ha extraído de esas regiones, y para la ciencia, la tecnología y la investigación. De ahí que una forma nueva de estructurar un fideicomiso tomó tanto tiempo. En agosto de 2010 se constituyó como tal ese mecanismo y la primera reunión se efectuó el pasado 1 de junio.

Contamos con los primeros países que forman el directorio del fideicomiso, es decir, España e Italia, tres representantes del gobierno de Ecuador, uno de los contribuyentes y una de la sociedad civil, la guaraní Manuela Ima. Para el fideicomiso en el marco del PNUD trabajan dos personas en la administración con voz pero sin voto, y todo se hace por consenso.

P. Ecuador forma casi el 50 por ciento de su presupuesto con la venta del petróleo, ¿acaso no constituye un riesgo impulsar un proyecto como el Yasuní-ITT, en medio de las presiones de empresas nacionales y extranjeras para iniciar las extracciones?

R. El riesgo siempre esta presente en todo lo que hacemos, pero el que no arriesga no toma liderazgos. Muchos se preguntan como es posible que se deje de sacar petróleo, cuando el 20 por ciento de nuestros yacimientos están en ese lugar. Por eso abogamos por la corresponsabilidad mundial, pues estamos dispuestos a dejar la riqueza petrolera bajo tierra, pero debe existir una contribución del mundo para apoyar esta iniciativa.

Sin embargo, si carecemos de ese aporte, será difícil hacerlo para Ecuador, pues aún dependemos de los hidrocarburos y la idea es reducir tal dependencia en los próximos 13 años, con energía renovable. Para Ecuador, el primer rubro de ingresos es el petróleo y no hemos podido encontrar otra fórmula. Ojala tuviéramos, por ejemplo, al ecoturismo como primera entrada para nuestras finanzas.

P. Consideramos que el proyecto Yasuni tiene que ver mucho con la ética, pues se habla de proteger el medioambiente, comunidades en aislamiento voluntario y la lucha contra la contaminación ambiental. Pero el mundo desarrollo es bastante hipócrita con esa ética, ¿cree que aún así las naciones industrializadas aportarán al proyecto?

R. Creo que es el momento oportuno de aportar a la referida iniciativa, pues si no lo hacemos ahora, será muy tarde después para nuestros hijos y nietos. Alguien tiene que empezar y qué mejor que un país ubicado en el centro del mundo para enseñar a quienes contaminan, pues no somos nosotros los que lo hacemos.

Debe existir una ética, pues la Tierra nos lo ha dado todo y nosotros ¿qué le hemos aportado que no sea sacarle y nada más? Debe encontrarse un balance, una forma de pensamiento diferente. Si el proyecto tiene éxito, se podría hablar de un premio Nobel de la Paz para Ecuador, pues la paz no es sólo la no violencia, es también el progreso, el cuidado de la Tierra donde vivimos.

P. El presidente Rafael Correas se refirió recientemente a la posibilidad de estudiar para diciembre próximo si es necesario aplicar un Plan B respecto al proyecto Yasuní-ITT, ¿cómo se desarrolla éste y cuanta contribución se recogió hasta ahora?

R. El Plan B (pasar a explotar el petróleo) siempre ha estado presente, pero queremos que se aplique el Plan A (Yasuní) que es el principal. Si no resulta debe existir una alternativa, pues también necesitamos dinero para la educación, la salud y la infraestructura.

Debemos poner un límite a lo que queremos esperar y la idea es recaudar en los próximos 13 años, 360 millones de dólares anuales, aunque la meta para 2011 se fijó en 100 millones. Contamos ahora en el fondo con un millón 654 mil dólares, casi dos millones, pero lo que va a entrar hasta finalizar el año son unos 40 millones, pues se espera el canje de la deuda con Italia, mientras España, que ya contribuyó, va a aumentar la cantidad.

Ahora en Francia nos apoyan las organizaciones Viva Yasuní, conformadas en consejos municipales en varias provincias galas y aportan, junto a otras instituciones de la sociedad civil. Con Alemania negociamos y esperamos lograr contribuciones desde allí, pero no se cierra ninguna puerta y ahora lo hacemos con Rusia. Con Noruega y Turquía también obtuvimos compromisos, así como con naciones árabes como Qatar y Emiratos Árabes.

Hemos abierto las puertas a gobiernos y a la sociedad civil, es decir, cualquier persona puede contribuir como parte de la nueva estrategia que empieza a funcionar a partir de julio de este año con la forma de pago por Internet o directamente a un banco. El fideicomiso del PNUD también pone en práctica mecanismos para aceptar las contribuciones personales, pues en el mismo Ecuador existen muchos deseosos de aportar al proyecto de importancia mundial.

La nueva estrategia va a ayudar mucho a que se convierta en un movimiento de paz, de cuidado del mundo y que la marca Yasuní sea una marca verde, de protección del futuro. Por eso decimos que sólo vamos a revisar como está y comprobar la aceptación del proyecto. En septiembre próximo, se realizará en el marco de la Asamblea General de la ONU una reunión al más alto nivel y el presidente Correa se reunirá allí con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para tratar el asunto de las contribuciones de los países al proyecto.

Paralelo a eso, se efectuará un evento del sector privado, encabezado por el ex presidente estadounidense William Clinton, el Global Iniciative, donde se presentó el proyecto hace cuatro años. Debemos difundir este proyecto, pues lo que no se conoce no existe y debemos hacerlo más visible.

P. La posición de Rusia en cuanto a protección medioambiental es muy particular y se trata del primer productor de petróleo en el orbe. ¿Existen posibilidades reales de aportes al proyecto?

R. Hay pronunciamientos concretos como el de (Vladimir) Putin. Estuve en Francia y me reuní con el ex presidente Jacques Chirac, quien posee una fundación con su nombre, para analizar el asunto. Los puntos principales que defiende el Fondo Chirac son la paz, el cuidado medioambiental y el cuidado de las culturas en extinción. Cuando conversamos con el ex mandatario francés me prometió hablar con su amigo el primer ministro ruso, pues considera que este país debe contribuir con la iniciativa ecuatoriana.

El mundo empieza a cambiar e, incluso, grandes productores como Rusia y Arabia Saudita se dan cuenta de que, aunque sean países petroleros, el cuidado ambiental es parte del legado que debemos dejar a futuras generaciones, es decir, el cuidado de la Tierra.

P. Uno de los objetivos del proyecto es que Ecuador reduzca la dependencia del petróleo y para ello parte de los fondos deben dirigirse al desarrollo de nuevas tecnologías en la energía renovable. ¿Cómo avanza el proyecto en ese sentido?

R. Parte del capital va dirigido a desarrollar la tecnología para la energía renovable y la Secretaria de Planificación de Ecuador es miembro del directorio. Existen proyectos impresionantes en esa área. Las iniciativas en ese sentido se analizaron en el directivo del proyecto ecologista el pasado 1 de junio y por eso consideramos que se puede aceptar el aporte de todos, pues es en beneficio común.

Ecuador carece de tecnología para dar un paso considerable al empleo de la energía renovable, necesitamos de los aportes en ese sentido de naciones como Rusia, Francia, Alemania o de Estados Unidos.

P. En Alemania algunas voces se pronunciaron contra el aporte de ese país al proyecto de Yasuní y se habla, incluso, de la creación de un “precedente negativo”, ¿qué opinión tiene sobre esto?

R. La gran mayoría de los alemanes, de la sociedad civil, está a favor de la iniciativa ecuatoriana. No puede ser un precedente negativo, cuando se trata de ayudar al mundo con lo que se hace en Ecuador. De ninguna forma se trata de que todos los países puedan aplicar ahora el mismo esquema.

El caso de Ecuador es único porque, según científicos, cuando se produjo el congelamiento glaciar del mundo, hace millones de años, ello afectó a la Amazonia, que se convirtió en una pradera. Pero sólo un lugar escapó a ese destino y es donde esta ahora Yasuní, situado entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, en el centro del mundo y cerca de las cordilleras de los Andes.

Yasuní en guaraní significa tierra sagrada. Entonces las comunidades que viven allí afirman que es una tierra bendecida que no se debe tocar. Esa zona tampoco fue afectada por el cambio climático. Contamos con un lugar único por concentración de variedades de plantas que nadie desea tocar y debe ser un país en desarrollo el que posea un lugar como ese, con yacimientos de tal magnitud en sus profundidades e indígenas en aislamiento voluntario.

Eso lo explicamos a la parte alemana. Ahora existe mucha presión, sobre todo, con el avance del partido de los Verdes, después del desastre nuclear ocurrido en Japón. Los Verdes ganaron en un estado como Baiden-Wuettemberg y el primer ministro de ese “land” está con la causa ecuatoriana.

Del partido germano de los Verdes estuvo una representación en Ecuador que visitó el área de Yasuní y salió convencida de la necesidad de apoyar nuestro proyecto. Además, ahora se crea una grupo de 10 parlamentarios de partidos de oposición que desean conocer más sobre eso. Se trata por tanto de un precedente positivo, no negativo.

P. ¿Cómo definiría en síntesis la importancia y enseñazas del proyecto Yasuní-ITT?

R. Su importancia por dar la vida, es el futuro, es el presente, porque la juventud es ambas cosas, y es innovador, pues representa lo que verdaderamente hace falta en este momento. La idea es lo más difícil de conseguir, pero cuando esa idea se une con la realidad y se convierte en algo pragmático, nada la puede parar. Estamos seguros de que el proyecto va a salir adelante porque la verdad nunca puede perder.

* Periodista de Prensa Latina.