El 30 de junio de 1946, el mundo se anotició de que EE.UU. había hecho detonar la primera bomba atómica en al Atolón de Bikini, un bello lugar ubicado en las Islas Marshall del Pacífico Sur, a fin de probar sus efectos y valorar su fuerza destructiva.

La detonación de la primogénita “Able”, que fue lanzada desde un avión de la Fuerza Aérea estadounidense sobre la hasta entonces paradisíaca región, cuyos habitantes fueron previamente obligados a abandonarla aunque hasta hoy padezcan enfermedades a consecuencia del estallido, con un poder destructivo de 23 kilotoneladas (kt), marcó el periplo bélico atómico de la potencia del norte de América, que a lo largo de los siguientes 12 años hizo explotar 23 bombas atómicas y 67 cargas nucleares.

El Pentágono definió en su momento a “Able”, en cuanto a su poder destructivo, como un artefacto 7000 veces más potente que la bomba de uranio que se había arrojado anteriormente, el 6 de agosto de 1945, en Hiroshima, y también mucho más poderosa que la que se lanzó el 9 de agosto, 3 días después, en Nagasaki. La bomba lanzada sobre Hiroshima no había sido probada con anterioridad, aunque sí la de plutonio lanzada sobre Nagasaki, que bajo el nombre de Trinity había sido detonada previamente a su lanzamiento sobre la ciudad japonesa, el 16 de julio de 1945 en el desierto de Nevada.

Desde el momento del engendro dantesco de “Able”, los norteamericanos escalaron su proyecto atómico bélico, obligando a la URSS, que confrontaba con EE.UU. en el marco de la Guerra Fría, a desarrollar una carrera armamentística similar, a la que también se sumaron otras potencias del “occidente cristiano”. Aunque elegido el Atolón Bikini para el ensayo de “Able” por cuanto se hallaba lejos de los EE.UU. y por lo tanto también de las protestas populares norteamericanas, se allegaron hasta la zona 42.000 norteamericanos, entre científicos, militares y expertos, con el fín de admirar la nueva arma letal, cuya detonación fue filmada por 600 cámaras ubicadas en torno al teatro de prueba.

Durante los doce años subsiguientes, se mantuvieron 5.000 animales, como ratas, cabras y cerdos, confinados dentro de buques anclados en derredor de la zona de la explosión, a fín de comprobar como morían luego de horribles sufrimientos. El físico Edgard Teller, padre de la criatura (1908-2003), nunca se arrepintió, contrariamente a otros que participaron en la aventura atómica, de su “juguete”, construído, según lo definió hasta su muerte, como una herramienta utilizada “por el bien de la humanidad”.

La bomba, la bomba

Entre 1945 y 1992 se llevaron a cabo en EE.UU. 900 ensayos atómicos subterráneos y de superficie, de un total de 1039, en el desierto de Nevada, situado en el Estado que contiene a la ciudad-casino de Las Vegas y es por su tamaño el séptimo de la Unión, con una población promedio de 8 personas por kilómetro cuadrado, la mayoría residentes en las ciudades de Las Vegas- situada cerca del teatro de pruebas atómicas- y Reno. Allí, como se dijo antes, se probó en 1945 la primera bomba de plutonio, que luego sería lanzada sobre Nagasaki.

El experimento “Trinity” consistió en una carga explosiva de unas 20.000 toneladas de trinitotolueno (TNT), montada sobre un andamio de 30 metros de altura. Una vez detonada, se comprobó que el estallido fundió el suelo arenoso que circundaba la torre “convirtiéndolo en una costra cristalina y la propia torre dejó de existir”, además de provocar un agujero de 3 metros de profundidad y 300 metros de ancho. Guardado como “secreto militar”, el experimento pudo sin embargo ser observado por visitantes y espectadores que, situados a una distancia de 15 kilómetros de la explosión, debieron utilizar anteojos negros y untarse con crema solar para protegerse. Así precavidos se deleitaron viendo elevarse un hongo atómico de casi 12 metros de altura y un destello que podía apreciarse a 300 kilómetros.

Aunque los fabricantes de bombas siempre descartaron que la radioactividad que emana de los ensayos pudiera dañar a poblaciones, incluso dentro de los EE.UU., como Las Vegas – situada a 160 kilómetros de las montañas Yucca, centro de experimentación atómica y enorme depósito radioactivo- o Los Angeles, se sabe que el país sufre las consecuencias de estas pruebas, las que inciden en la formación de distintos tipos de cánceres, como leucemia o cáncer de tiroides. También se sabe que de los 380.000 soldados que tomaron parte en los ensayos atómicos de Nevada, muchos murieron de cáncer.

Según profesionales de la organización Médicos por la Responsabilidad Social de Los Angeles, 11. 000 personas murieron de cáncer debido a los ensayos atómicos, entre 100.000 y 150.000 se enfermaron gravemente y 120.000 contrajeron cáncer de tiroides debido a la liberación de yodo 131, radioactivo. Aunque hasta hace unos años los EE.UU. habían pagado alrededor de mil millones de dólares a los habitantes de las Islas Marshall en concepto de indemnizaciones, el monto no cubre las pérdidas en vidas y daños al medio ambiente en proyección futura.

A la explosión de “Able” en 1946 le siguió “Mike”, primera bomba de hidrógeno detonada en las Marshall el 1 de noviembre de 1952. Dos años mas tarde, la explosión de otra bomba de hidrógeno denominada Castle Bravo, que se llevó a cabo también en las Marshall, desató una lluvia radioactiva que afectó toda la zona del Pacífico Sur, aumentando los casos de cáncer en sus habitantes, además de borrar tres islas del mapa.

Carrera hacia la nada

Según informes, hasta la actualidad se han realizado 2000 detonaciones nucleares, incluidos los ataques nucleares norteamericanos contra Hiroshima y Nagasaki, que causaron 140.000 y 70.000 muertos respectivamente, sin contar los fallecidos a lo largo de los años por enfermedades vinculadas con las explosiones. Estados Unidos, que ha realizado mas de la mitad de las pruebas en relación con los poseedores de armas atómicas del mundo, las ha hecho efectivas en Alaska, Colorado, Mississipi y Nuevo México, además de Nevada y las Islas Marshall, cuya bandera contiene tres estrellas negras, símbolos de las tres islas que fueron destruidas en marzo de 1954 durante la explosión Castle Bravo.

La URSS, por su parte, llevó a cabo alrededor de 800 detonaciones en varios sitios de Rusia y en Kazajistán, Turkmenistán y Ucrania. Francia hizo detonar 210 bombas, en regiones de Argelia y en el Atolón de Muroroa, Polinesia francesa. Gran Bretaña llevó a cabo 45 pruebas atómicas, 21 en Australia, además de varias realizadas en conjunto con EE.UU. China realizó 45 detonaciones en zonas de la provincia de Xingiang. Corea del Norte ha llevado a cabo dos detonaciones en su territorio. India 5 o 6 detonaciones en Pokhran, y Pakistán entre 3 y 6, en Chagai Hills. Israel, que por lo que se dice no ha llevado a cabo pruebas atómicas, cuenta con un poderoso arsenal nuclear.

En 1963 se firmó un Tratado para Reducir Pruebas Nucleares, pero el arma nuclear fue en aumento. A pesar de los tratados de reducción de armas nucleares SALT I (1969/72); SALT II (1972/79); INF (1987); START I (1991) y START II (1993), llevados a cabo entre EE. UU y la URSS y luego EE.UU. y Rusia, la carrera nuclear continúa. El Escudo Antimisilísitico (ABM) que EE.UU. y la OTAN intentan desplegar en estos momentos en Rumania, cerca de la frontera con Rusia, y que neutraliza el armamento de defensa estratégica de este último país, lo obligarán a reiniciar su carrera armamentística nuclear.

Alrededor de 20.000 ojivas nucleares se almacenan en los países productores de armas atómicas como un símbolo de la depredación y la nada futura. El complejo militar- industrial, piedra angular del “keynesianismo militar” norteamericano, trampolín de la reproducción ampliada del capital y moderador de la crisis orgánica del capitalismo de estos días, se halla, como siempre, ansioso por destruir bienes y vidas del hombre y para el hombre en el marco de su propia recreación. Si la bomba habla su lenguaje bárbaro, no habrá ya noticias bomba. Nada quedará.

Cementerio de naves

Durante la Segunda Guerra, el Atolón Bikini fue utilizado por los Estados Unidos como cementerio de naves de ese país y otros vinculados con la contienda bélica. Luego de la explosión de “Able”, la zona se contaminó, obligando a los amantes de los deportes y fotografías submarinas a alejarse de la zona. Hoy día algunos subacuáticos se arriesgan a envenenarse radioactivamente con tal de observar el fondo transparente de las aguas de la región, que sin embargo en el 2008 y 2009 se oscurecieron debido a los derrames de petróleo.

La bandera del Atolón Bikini, adoptada en 1987, se conjuga con la norteamericana, por cuanto es una especie de “protectorado” del país del Norte de América. Unas palabras situadas al pie de la enseña bikiniana lo dicen todo: “ MEN OTEMJEJ REJ ILO BEIN ANIJ”, que se traducen en lenguaje local como “Todo está en manos de Dios”. La frase fue adjudicada al cacique bikiniano Juda, como respuesta a la petición del comodoro estadounidense Ben Wyatt, quien pidió a los pobladores de las islas que cedieran su territorio a fin de que se pudieran detonar bombas nucleares para “bien de la humanidad”.

Eje

La Sudáfrica del “apharteid” produjo seis armas nucleares en los años ochenta, pero las desmanteló a principios de los noventa. En 1979 hubo una detección putativa de una prueba nuclear clandestina en el Océano Índico, y se ha especulado si fue potencialmente una prueba de Sudáfrica, quizá en colaboración con Israel. Sudáfrica firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear en 1991, una vez que su régimen racista y agresor de otros países de la zona fue desmantelado. Mucha de la información concerniente al caso permanece aún clasificada. Se especula que el responsable de la prueba fue Israel o Sudáfrica.

Entre las aguas del Atlántico Sur y el océano Índico, al sur de Sudáfrica (47º S, 40º E), el satélite Vela 6911, creado por EE.UU. para detectar explosiones nucleares, observó, con sus sensores ópticos, dos detonaciones en la atmósfera, en forma de relámpagos de luz. La potencia fue estimada entre 2 ó 3 kilotones, pero debido a un fallo de los detectores del pulso electromagnético, no se pudo comprobar de un modo fehaciente si se trataba de una explosión nuclear (otros han sugerido la posibilidad de la explosión de un meteorito). El informe del NSC (Agencia de Seguridad), ahora desclasificado, apunta con toda seguridad hacia una explosión atómica. Por aquellos años, Sudáfrica, país que cuenta con amplias reservas de uranio, comenzó a desarrollar un programa de desarrollo de armas nucleares, y, en el momento de la explosión, se encontraban en las proximidades varios buques de la marina sudafricana, lo que refuerza las tesis de experimentos nucleares. Una de las cosas que hicieron sospechar de Sudáfrica fue el inusual nivel de seguridad asumido por sus fuerzas navales la semana antes de la explosión.

El eje Sudáfrica- Israel fue denunciado en aquellos años en varias oportunidades. En 1986 el ingeniero nuclear israelí Mordejái Vanunu, de origen judío marroquí, reveló que Israel había estado desarrollando desde 1958 un programa nuclear en Dimona, en el desierto de Néguev, y colaborado estrechamente en asuntos nucleares con Sudáfrica. Este hecho reforzó las sospechas de una participación israelí en las pruebas sudafricanas. Vanunu fue raptado por el Mossad, juzgado en secreto y condenado a 18 años de cárcel. Salió en libertad el 21 de abril del 2004 y debido a las condiciones que se le han puesto a su libertad, es considerado por los organismos de Derechos Humanos como un “preso de conciencia”.