Rupturas y acomodaciones son el denominador común en nuestro país. Los españoles aprovecharon las enemistades entre indígenas para conquistarlos y privilegiaron a unos con títulos y como terratenientes en detrimento de sus propias comunidades.

Nuflo de Chaves desde Asunción destruyó igualmente esquemas indígenas locales, aunque su gente terminó mezclándose como cruceños. Mestizos que denominaron despectivamente cambas a los suyos más empobrecidos. Mote recientemente recuperado para los nacidos en el Oriente y diferenciarlos de los occidentales, cuya inmigración les creó cambios aún inaceptables. Por lo que no faltaron cambas ricos de hoy que propugnaron ser parte del Brasil o independizarse.

Otra mezcla ejemplar: José Manuel Pando, militar y médico mestizo blanco, casado con Carmen Huarachi de la nobleza quechua- aymara, pueblos que bajo la conducción de Wilka Zarate fueron victoriosos en la Guerra Federal, quien después embistió contra los terratenientes de su propia etnia a favor de sus comunidades indígenas y fue vencido por el mismo Pando. Quedando así marcada la preeminencia de los descendientes de nobles indígenas, aliados a los mestizos en contra de las mayorías indígenas. Alianza posteriormente llamada de clases con la Revolución de 1952, cuando abogados mestizos blancos levantaron a los indígenas mantenidos en servidumbre, más sus congéneres mineros, contra los barones del estaño. Devinieron ellos barones del Estado y transformaron a los indígenas en campesinos minifundistas o matones como Quispe y Salas, asesinos a los ucureñas en Terebinto, respaldados por militares cruceños del ejército de la Revolución Nacional y las milicias de Sandoval Morón. A los mineros los volvieron supernumerarios en COMIBOL, para servirse de sus ingresos cualquiera sea el rendimiento y precios de los minerales, así como lo hicieron agroindustriales cruceños con subvenciones del Estado, concesiones de tierras fiscales y mano de obra barata del Occidente.

Situación que con el DS 21060 y pasados 50 años condujo al país a un cambio que convirtió a los mineros del Estado en cocaleros, nueva fuerza política apoyada por los empobrecidos campesinos del surcofundio y sus numerosos analfabetos. Hoy asistimos a peleas entre comunitarios y cooperativistas por minas del Estado y de empresarios privados, debido a los precios elevados de los minerales en el mercado internacional, los que aumentaron la demanda de la población. Paralelamente a las de las naciones indígenas contra campesinos, más la del Estado contra el contrabando de siempre agudizado, narcotráfico acentuado, mientras se mantienen ganancias del transporte público gracias a vehículos chutos y gasolina subvencionada, opuestos al transporte masivo. Con el agravante de que la salud del pueblo continúa en manos del sindicalismo de la COB nacido de un oficialismo y sus afiliados que no quieren cambios en sus privilegios desde 1952.