¿Dónde ha quedado el proceso de cambio iniciado con tantas esperanzas cuando el Presidente Evo inició su primer mandato? ¿Dónde y cuándo se ha perdido el rumbo de un proceso que nosotros apoyamos firmemente, porque lo entendimos como revolucionario? ¿Cuándo nuestros dirigentes, en tantos niveles que ya parece una pesadilla, no sólo han parado el proceso de cambio, sino que han empezado a dar claros pasos hacia atrás? ¿Por qué nosotros, miembros de la sociedad civil organizada o no, pero si desarticulada, ilusa, perdida en nuestros sueños de cambio, no hemos sido capaces de empujar hacia adelante esta necesaria revolución cultural? ¿Qué nos queda hoy sino avergonzarnos de esta traición a un sueño de tantos miles, a ese sueño necesario?

Preguntas sin respuesta. O peor aún, con una tristísima respuesta, todas: el sueño está muerto, solo quedan demasiadas palabras, vacías de contenido. Y entonces recuerdo clarito cuando le dijimos al MNR, y luego a su hijo calcado el MIR, cuando cruzaban los ríos de sangre perdiendo el rumbo del cambio iniciado por el pueblo al que traicionaron tantas veces:

“No me ensucie las palabras

No les quite su sabor

Y límpiese bien la boca

Si dice REVOLUCIÓN”.

Creo que hoy no me queda más alternativa que entregar estas flores negras de Benedetti a nuestros dirigentes de hoy, que no hacen sino retroceder día a día, desandar lo poquito andado, traicionar principios y esperanzas (¿o entregarlas por lo menos a aquellos que fueron “nuestros cuadros”, confiando en que quizás podrían seguir siéndolo?). Esperando que quizás alguno de aquellos “todavía nuestros” tenga aún un poquito de “algo revolucionario”, alguito del entrañable Che Guevara que le haga recobrar la honestidad consigo mismo, la mirada clara frente al pueblo. Y con nuestra voz, o con las manos si se puede, ayudarlo a hacer su parte para parar el engaño. Pararlo hoy, no mañana.

Porque engaño es nomás legalizar el contrabando. Y si otros lo hicieron tantas veces antes de nosotros, ¿por qué nosotros no? No podemos hacerlo porque SOMOS diferentes, queremos el cambio. Y si ya no somos diferentes, si resulta que ya somos iguales nomás que los anteriores traidores repetidos, ya no pertenecemos al proceso, tienen que echarnos sin contemplaciones.

Y engaño también es cantar alabanzas a la Madre Tierra, grandilocuentes y bastante inútiles en el plano internacional. Y violar a nuestra Madre después en nuestra propia casa, con megaproyectos de “dizque desarrollo”: Caminos que unen la nada con la nada, que favorecerán ciertamente más a los ricos ganaderos, o a los ricos cocaleros que olvidaron que la coca no es cocaína, que abandonaron ya la ética del control social, en el que fueron tan fuertes y dignos un día. Central hidroeléctrica sobre nuestros ríos tropicales, maravilla del mundo, para… ¿exportar energía eléctrica al Brasil? ¿Ni siquiera con la visión de dar “algunas lucecitas” a los nuestros, sino mirando cuanto ingreso supuesto generará la venta de esta energía tan cara? Exportar o morir, ¿sigue siendo el paradigma? Eso no es cambiar.

Megaproyectos que retacearán los pretendidos derechos de la Madre Tierra, dejando sin madre no solo a miles de gentes, sino a tantos miles de otros de sus hijos, seres vivos e inertes que pueblan la tierra como sus hijos, no como sus dueños … Palabras, sin cambios.

Y porque engaño es también elaborar, y peor aún aprobar, una ley que permita el ingreso de productos genéticamente manipulados a nuestro país, con levísimas restricciones que jamás podremos hacer cumplir, pues nos faltan los pantalones para hacer cumplir nada (¡por eso damos “perdonazos”!). ¿Qué Mesa ya los autorizó en su mandato, y porque nosotros vamos a hacer menos que él, o vamos a revertirlo?

Si somos iguales a los anteriores, que enajenaron el país por unas moneditas de oro, no pertenecemos al proceso de cambio. Cuando los transgénicos entren por la puerta grande que un “gobierno revolucionario” les abra, nadie los podrá echar nunca. Y eso no es revolución.

Y los engaños suman y siguen. Engaño es el gasolinazo. Y también lo es parar, o hasta revertir, los logros en la justa distribución de tierras, a quienes legítimamente les corresponde. Y la corrupción con impunidad, es engaño. Y el despido justamente de aquellos funcionarios de estado que hicieron cumplir las pautas del cambio desde su sitio. Y mantener (¡y hasta enaltecer!) a aquellos funcionarios que bien se acomodaron, pero al parecer solo para “aprovechar su oportunidad, para su cosecha particular”…

Engaño es también no avanzar en la construcción honesta, colectiva, del paradigma de “vivir bien” entre todos, no abrir los espacios para la participación ciudadana en este proceso. Y la mentira pura y dura, es franco engaño también. Decir vamos a la izquierda y virar a la derecha, no es hacer la revolución. Eso es mentir. Yo no quiero que me mientan. Yo no quiero mentir. O se reconduce el proceso, de verdad y con la verdad, o estoy afuera. Excluida.

Y sabiendo que somos miles los excluidos, la batalla continua, esa es la esperanza… Pero sin vendas en los ojos. Con la verdad en la mirada, en las palabras y en los actos.

* Activista de Cochabamba.