Con el gasto mundial en armamentos durante 2010 se podría mantener durante un año a aproximadamente 212 millones de niños, al costo promedio necesario en un país desarrollado europeo. La manutención estimada por menor allí, según fuentes extraoficiales, es de unos 4.715 dólares al año, mientras que la inversión en medios bélicos ascendió en 2010, globalmente, a un billón (millón de millones) 630 mil dólares. Bastarían seis días del gasto militar de los países desarrollados para financiar la Educación para Todos (EPT),meta incluida en el segundo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) a cumplirse en 2015.

Nueve millones de niños mueren de hambre anualmente en el mundo, y solo el prototipo del superavión británico no tripulado Taranis, acumuló un costo de 215 millones de dólares, los que bastarían para alimentar a 45.599 menores al año.

En los países del Sur podrían alimentarse muchos más párvulos, si solo se tratara de cubrir las necesidades básicas para no morir de inanición y de enfermedades prevenibles o curables, aunque lo anterior se asume hoy solo como relaciones matemáticas.

Pero el Tiranis, nombre del dios celta del trueno y calificado como “la cumbre” de la ingeniería británica y del diseño aeroespacial, no es el mayor ejemplo bélico, pues los gastos en armamentos comprenden enormes medios con capacidad de destrucción totalmente global.

El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) considera, en su informe sobre el año pasado, que las armas nucleares siguen representando un gran peligro a pesar de las promesas de reducción. Como causa de la pronunciada pirámide armamentística, identifica a la lucha por las riquezas naturales, debido al incremento de la demanda internacional y de la penuria inducida especialmente por los cambios climáticos.

Neil Melvin, director en el SIPRI del programa Conflictos Armados y Gestión de los Conflictos, considera que los recursos son “un factor mayor de conflicto”. En su opinión, el petróleo ha desempeñado su papel en las tensiones en Sudán y en Libia, donde contribuye a la guerra civil, a lo que puede añadir, a juicio de analistas, que motiva también los bombardeos de la OTAN.

El alza súbita de la demanda por el consumo, según el SIPRI, es causa principal de una competencia creciente en la búsqueda de recursos explotables, hasta en el Ártico, y en el aumento de los precios, sobre todo en los de la alimentación. Ante tales previsiones, la alarma resulta mayor si se considera que los precios de los alimentos podrían duplicarse de aquí al 2020.

En relación con esto, los múltiples actos de violencia de la llamada primavera árabe fueron engendrados en gran parte “por disturbios causados por el hambre” y los altos “precios de los productos alimentarios”, opina. Sobre las armas nucleares, el SIPRI puntualiza que las reducciones anunciadas fueron ampliamente compensadas mediante la modernización y la multiplicación de los vectores.

Solo ocho países poseen más de 20 mil 500 cabezas nucleares. De ese total, “más de cinco mil están desplegadas y listas para ser usadas, y dos mil mantenidas en estado de elevada alerta operacional”. Cinco de esos estados, firmantes del Tratado de no Proliferación, “o ya están desplegando nuevos sistemas de armas nucleares, o han anunciado su intención de hacerlo”.

Considera asimismo que los gastos mundiales en armamento, siempre encabezados por Estados Unidos, experimentaron en el 2010 un crecimiento del 1,3 por ciento, hasta el billón 630 mil millones de dólares. Los cien mayores fabricantes mundiales de armamento, excepto China, vendieron 401 mil millones de dólares de productos bélicos en el 2009, con récord para Estados Unidos, cuya demanda gubernamental continúa elevándose.

Su presupuesto militar para el 2011 es de 708 mil millones de dólares, el 42,8 por ciento del gasto mundial, con lo que casi alcanza a todos los demás países juntos. No obstante el cuantioso, y a juicio de muchos inútil comercio y gasto en armas, la realidad evidencia que este costo resulta insostenible, a menos que se reembolse mediante la conquista de territorios y de otros recursos.

Promover las guerras, fratricidas todas, conduce al aniquilamiento humano. Durante la última década, dos millones de niños fueron asesinados en las guerras, y se calcula que 150 millones, con capacidad laboral, son explotados como fuerza de trabajo.

Cuatro millones de recién nacidos, según medios periodísticos, mueren en su primer mes de vida, el 82 por ciento no reciben antibióticos, varios millones de menores de 14 años tienen Sida y 500 mil mujeres fallecen anualmente al parir. Además, 600 millones de niños en el mundo son víctimas de la pobreza, 100 millones viven en la calle, 150 millones de niñas y 73 millones de menores de 18 años son explotados sexualmente y un millón 800 mil han caído en el comercio sexual.

Se expande la opinión de que “hace mucho los países poderosos… han escogido el camino del arma y de la guerra para resolver sus carencias de energía y otros recursos naturales, sin pensar y analizar qué pueden acarrear estos hechos en el futuro”.

El Taranis, capaz de emprender tanto tareas de espionaje y vigilancia como de transportar armas para atacar todo tipo de blancos, fue desarrollado por BAE Systems, Rolls-Royce, Qinetiq y GE Aviation con el apoyo del Ministerio de Defensa británico, durante cuatro años, concluidos en el 2010.

Gerald Howarth, el ministro para Asuntos de Defensa, declaró a BBC Mundo que “Taranis es un proyecto realmente de vanguardia. Primero de su tipo en el Reino Unido, refleja los mejores avances de diseño y las habilidades tecnológicas de nuestro país y constituye un programa líder en el escenario mundial”.

Pero “es un primer paso para el Reino Unido”, pues “no se trata de un avión que vaya a entrar en servicio, sino de una demostración tecnológica que probará técnicas, demostrará capacidades y señalará la dirección en la que vamos”. Según encuestas, se ha comprendido de qué se trata… y es solo un ejemplo.

Sobre todo cuando los déficits públicos se mantienen a la orden del día, descienden los gastos sociales, se privatizan bienes del patrimonio, también en la Unión Europea, y se elevan los presupuestos militares en países a los que nadie agrede. Sus inversiones bélicas impiden salvar a los hambreados, a la vez que provocan la muerte, también en espiral.

El dilema es educar o militarizar

Bastarían seis días del gasto militar de los países desarrollados para financiar la Educación para Todos (EPT), pero en cambio, el presupuesto destinado a la guerra crece. Sólo Estados Unidos concentra el 42,8 por ciento del desembolso mundial por ese concepto y los pronósticos apuntan a engrosar la actual cifra de 708 mil millones, en contraposición con la crisis económica por la que atraviesa. De ese presupuesto, récord según analistas, 159 mil millones son para sufragar los gastos de las intervenciones militares, principalmente en Irak y Afganistán.

Según el informe de Seguimiento de la EPT 2011, son necesarios 16 mil millones para eliminar el déficit de la ayuda financiera internacional a la educación, meta incluida en el segundo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) a cumplirse en el 2015. El documento de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), refiere que es más rentable invertir en educación que el gasto militar equivalente.

Aunque una financiación más abundante no es una garantía de éxito en la educación, una subvención crónicamente insuficiente es el camino que conduce al fracaso, considera el organismo de la ONU. La incertidumbre que generó la debacle financiera de 2008 continúa en la actualidad e incide en el incumplimiento de las promesas de ayuda para el desarrollo de los países pobres, meta incluida en el ODM ocho.

Solamente cinco estados han alcanzado el objetivo de entregar el 0,7 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) para la asistencia al desarrollo: Países Bajos, Dinamarca, Luxemburgo, Noruega y Suecia.

En este panorama internacional las perspectivas de alcanzar los objetivos de educación para todos se han visto gravemente mermadas en la mayoría de las naciones subdesarrolladas, en especial las que están envueltas en conflictos armados.

Sólo el dos por ciento del total de la ayuda internacional se destina a la educación básica, mientras los gastos militares mundiales son descomunales, según el informe. El total del presupuesto bélico anual de los países ricos es de un billón (millón de millones) 29 mil millones de dólares.

Entre 2007 y 2008, las cuentas por esa razón fueron 62 mil millones de dólares más altas que el volumen de la asistencia para el desarrollo destinada a la educación mundial. Ello representó, además, una cifra treinta veces superior al total de la ayuda destinada en 2008 a la enseñanza básica de los países de ingresos bajos.

En la actualidad, el gasto en armamento de las naciones desarrolladas es más de nueve veces superior que el dedicado a la ayuda internacional por ellas.

La Unesco insiste en que es hora de revertir los fondos para fomentar las guerras, en inversiones que garanticen la escolarización de todos los niños en la enseñanza primaria y alcanzar los demás objetivos de Naciones Unidas para 2015.

Esto traería beneficios en la estabilidad social, la seguridad y el crecimiento económico de las naciones pobres y, en especial, de aquellas afectadas por conflictos. Pero los hechos demuestran lo contrario, no siempre el buen juicio armoniza con las decisiones de los poderosos y las consecuencias de las guerras las padecen los civiles, quienes son sus principales víctimas.

Entre estos resaltan los 28 millones de niños forzados a abandonar la enseñanza primaria debido a conflictos armados, el principal obstáculo para cumplir con la EPT, según el referido documento.

Irak es muestra de cuánto pueden retroceder los adelantos educativos como consecuencia de un conflicto armado. Según la Unesco, ese país fue uno de los primeros de la región en esa materia antes de enero de 1991, cuando tuvo lugar la denominada Operación Tormenta del Desierto, en la que 31 países, liderados por Estados Unidos y bajo la aprobación de la ONU, lo atacaron.

Hasta 1990, casi había logrado la enseñanza primaria universal, tenía altas tasas de escolarización en secundaria y sus universidades gozaban de fama internacional. Luego de la invasión y ocupación de fuerzas militares conjuntas encabezadas por Washington en 2003, Irak descendió a uno de los niveles más bajos de la clasificación de los sistemas educativos, según la Unesco.

De acuerdo con intereses geoestratégicos, se presta mayor asistencia para el desarrollo a Afganistán, Irak y Pakistán, estados a los que los mayores donantes atribuyen una prioridad estratégica. Mientras, ha disminuido o se estancado la ayuda a los países africanos, los más rezagados en el cumplimiento de todos los ODM.

Uno de los dilemas por resolver, tanto de las naciones que dan, como de las que reciben ayuda, es el objetivo que éstas persiguen, ya sea para gastos militares o para alcanzar las Metas del Milenio de la ONU.

Para la Unesco, existe una línea borrosa entre la ayuda real para combatir la pobreza en los estados afectados por conflictos y las labores que realizan las fuerzas armadas intervencionistas con el fin de lograr la seguridad en esos países.

Pero los centros docentes son más inseguros en la medida en que las tropas extranjeras los utilicen como destino de ayuda, lo cual vincula los sistemas escolares al frente de guerra.

Datos del Ministerio de Hacienda afgano de 2009 dan fe de que el incremento de la ayuda allí se correspondió con el aumento de la presencia militar de 41 países pertenecientes al contingente de la OTAN o al de las fuerzas de la coalición.

Estados Unidos entregó a los tres países estratégicos más del 20 por ciento del total de su asistencia exterior en 2008 y anunció que triplicará su aporte a Pakistán. Toda la asistencia de la Casa Blanca destinada a la educación en Irak (111 millones de dólares), fue brindada por el llamado Programa de Respuesta de Emergencia del Comandante, como medida contra insurgente.

Un elemento que atiza el fuego es la vinculación entre la ayuda al desarrollo, la diplomacia y la defensa, llamadas también las tres D utilizadas por algunos países. Canadá, Holanda, Reino Unido, Australia, y, sobre todo Estados Unidos, las emplean en su política exterior, lo cual representa un peligro para la paz y la estabilidad mundiales, según la Unesco.

Hoy, los más vulnerables en varios países de Europa, en Estados Unidos y en algunos latinoamericanos (Chile, México, Honduras) salen a las calles en protesta por los recortes financieros a sectores claves como la educación. Mientras, en sentido contrario, se elevan los gastos militares.

Los niños que nunca crecerán

Los efectos de las guerras, el alza de los precios de los alimentos, la hambruna y el cambio climático impiden a millones de niños en el mundo rebasar esa etapa de sus vidas. Según el informe de la Unesco de 2011 más de dos millones de infantes murieron y otros seis quedaron discapacitados por conflictos armados, entre los años 1998 y 2008.

Las intervenciones militares extranjeras, las guerras civiles y la violencia extrema, en ocasiones asociada a las drogas, les interrumpe la vida a quienes apenas recién la inician. Ejemplos sobran. En solo 22 días (27 de diciembre de 2008 a 18 de enero 2009) murieron 350 niños y mil 815 resultaron heridos en la agresión militar israelí al territorio palestino de Gaza, según datos de la ONU.

La guerra de Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Afganistán, en su llamada cruzada contra el terrorismo en 2001, ocasionó mucho más víctimas civiles, básicamente mujeres y niños, que todas las bajas militares de los países interventores.

Sólo en 2009 murieron mil infantes en ese territorio centroasiático, debido a bombardeos o combates entre las fuerzas extranjeras, el gobierno y la insurgencia, según el informe de la Unesco de Educación para Todos 2011. Entre abril y diciembre de 2009 los enfrentamientos en Irak afectaron a 223 chicos, asegura el referido informe.

El análisis, empero, resulta insuficiente para la magnitud de los daños ocasionados por las tropas foráneas que invadieron y ocuparon a Irak (1991 y 2003) y a Afganistán (2001), sin mencionar las víctimas, aún por contar, de las agresiones a Libia. Somalia, Pakistán, Sri Lanka, Sierra Leona, República Democrática del Congo (RDC), Bosnia y Herzegovina y Ruanda, son ejemplos de países donde los conflictos originaron elevado número de fallecidos.

Sólo el de la RDC (1998-2003), considerado el más mortífero tras la Segunda Guerra Mundial, provocó la muerte a cinco millones 400 mil personas, casi la mitad eran menores de cinco años, los cuales representaban la quinta parte de la población congoleña. Esas cifras no bastan para comprender los peligros que los niños deben afrontar en tales situaciones, y las consecuencias para las nuevas generaciones.

En el caso somalí, por ejemplo, la guerra intermitente dura más de 20 años y existen jóvenes cuya vida ha transcurrido en medio de combates.

Los números de bajas infantiles no reflejan adecuadamente las secuelas que deja la violencia, los traumas psicológicos y la pérdida de padres, hermanos y amigos, asegura el informe de la Unesco de 2010.

Un bombardeo reciente en la sureña ciudad afgana de Helmand mató a 12 niños y a dos mujeres al confundir la casa de civiles inocentes con una trinchera de la insurgencia, admitió la OTAN en un comunicado, el cual buscaba el perdón de familiares y amigos de las víctimas.

Libia vive hoy un complejo drama que debe poner a los gobiernos del mundo en alerta. Aicha, una joven de Trípoli, denunció en el sitio rebeldia.org que los misiles lanzados contra su pueblo por la OTAN son para proteger civiles, supuestamente. Pero la gente camina libremente y puede haber niños jugando en la calle. “Desde el día que comenzaron a atacar, tememos por nuestros pequeños; no paran de lanzar bombas, eso es un pecado”, opinó.

Los organismos de Naciones Unidas, las organizaciones no gubernamentales y la comunidad mundial hacen reiterados llamados a poner fin a la violencia global y a respetar los tratados de Ginebra en cuanto a la protección de civiles en caso de conflictos.

Muchas de las situaciones bélicas en los últimos años ocurren en países en desarrollo, donde se mezclan situaciones emergentes de hambruna, sequías intensas, inundaciones y degradación de suelos, lo cual impone una situación de catástrofe humanitaria, según la ONU.

Fuentes estadísticas de Chad y de la República Centroafricana aseguran que casi la mitad de los menores de cinco años de las regiones beligerantes padecen raquitismo. Esa enfermedad la sufren unos 195 millones de niños de uno a cinco años (un tercio de la población mundial en esa etapa), los cuales no tienen la estatura adecuada, producto de una deficiente nutrición y de trastornos del metabolismo del calcio, entre otros factores.

Más de tres millones de menores fallecieron como resultado de la malnutrición y, aunque rara vez aparece citada como causa directa de las muertes infantiles, está presente en más de la mitad de ellas, asegura la Organización Mundial de la Salud.

La patología asociada a la falta de acceso a los alimentos, a métodos defectuosos de nutrición y a infecciones, afecta crecimiento y desarrollo, tanto biológico como sicológico y social del futuro adulto. De ahí la necesidad de garantizar una adecuada manutención en las primeras edades, recomiendan los especialistas.

Un reciente comunicado de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) alerta que la región del Cuerno africano necesita ayuda de emergencia ante el impacto de la sequía y el alza de precios de alimentos y combustibles.

* Periodistas de la Redacción Global de Prensa Latina.