Señor Evo Morales Ayma, Excelentísimo Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia: Me dirijo a usted con la finalidad de manifestarle mi más profunda preocupación por la consideración de la ley de Revolución Productiva Comunitaria Agropecuaria en la Asamblea Legislativa que busca incrementar la producción de organismos genéticamente modificados (OGM). La industria biotecnológica es una de las mas grandes amenazas a la soberanía alimentaria; le pido respetuosamente considere nuestra experiencia en Norteamérica con los OGM.

Bolivia ha sido un líder importante a nivel mundial apoyando los derechos humanos, la justicia social, y la soberanía alimentaria. Desde mi perspectiva, la industria biotecnológica es una de las más grandes amenazas a la soberanía alimentaria ya que toma ventaja de las influencias políticas y fuerzas financieras que poseen para forzar el uso de organismos genéticamente modificados en contra de la voluntad de la población. Le pido respetuosamente considere nuestra experiencia en Norteamérica con los OGM.

La industria biotecnológica ha promovido falsamente la tecnología como herramienta para combatir el hambre y la pobreza en el mundo basadas en argumentos de que la biotecnología aumenta la productividad, disminuye los costos de producción así como también reduce el uso de agroquímicos. Por lo contrario, los agricultores se han enfrentado a los altos costos sin ninguna productividad, arriesgándose a tener problemas legales con compañías de semillas, y aplicando más agroquímicos, ya que las plantas e insectos desarrollan resistencia a los rasgos genéticos de cultivos. Las semillas biotecnológicas son cuatro veces más costosas que las semillas que no contienen organismos genéticamente modificados.

Los exponentes de biotecnología afirman que los cultivos que contienen OGM son ambientalmente más sustentables debido a que los métodos de resistencia que se utilizan para tratar insectos y herbicidas, reducen el uso de agroquímicos y de erosión para la conservación de cultivos. Pero, en realidad las implicaciones son severas. Doce años después de que organismos genéticamente modificados fueran introducidos comercialmente en los cultivos, plantas e insectos ya habían desarrollado resistencia a los tratamientos genéticos que buscan prevenir infestaciones. Esto reduce la producción en los campos y estimula a los agricultores a utilizar potentes herbicidas y pesticidas incrementando la contaminación agroquímica.

La soberanía alimentaria es afectada profundamente ya que los agricultores pagan un impuesto por usar semillas patentadas, y firman un contrato con una compañía que les da permiso limitado para plantar en cada estación. Las licencias usualmente prohíben la práctica común y tradicional de guardar semillas para plantar en próximas estaciones, esto requiere que los agricultores sigan prácticas agrícolas específicas. Además de vender sus productos en mercados específicos, deben permitir que la compañía inspeccione los campos. Estas compañías persiguen tenazmente a cualquier persona que pueda estar violando el contrato de licencia o infringiendo sus patentes. En los Estados Unidos, la industria ha contratado investigadores privados que graban videos de los agricultores, se infiltran en las reuniones de la comunidad y cuestionan a posibles informantes sobre las actividades agrícolas.

La modificación genética destruye primordialmente los valores que Bolivia ha venido defendiendo al privatizar los bienes públicos vía las patentes de vida. Esto conlleva a menudo a lo que se conoce como biopiratería –el aprovechamiento ilegal de recursos sin el consentimiento informado y el beneficio compartiendo los acuerdos de la Convención sobre Diversidad Biológica. La expansión del uso de OGM no es solamente una preocupación en Bolivia, sino también para toda la humanidad. Bolivia es el centro de origen y diversidad de muchas cosechas que son esenciales para todo el mundo. Si se permite que estas cosechas sean genéticamente modificadas, se amenaza a la población que depende de estos alimentos. Esto se hace aún más real ya que el cambio climático trae consigo presiones en la producción alimentaria.

Como ya se ha visto en México, Perú y en otros países, la contaminación de muchas cosechas a menudo precede a la entrada de OGM, y mientras esto sea legal, será imposible detenerla. Es de suma importancia que los recursos naturales no contaminados de Bolivia estén protegidos de este tipo de contaminantes. Los casos de contaminación de OGM que se han registrado en Bolivia son una clara alerta de lo que puede suceder si se permite la expansión de transgénicos.

De hecho, ya hay una preocupación porque Bolivia pueda estar atenta en relación a la contaminación de transgénicos aunque el país no aumente la cosechas biotecnológicas. La experiencia a nivel mundial nos muestra que ésta puede expandirse por medio de granos importados que no han sido molidos apropiadamente. Dada la confianza de los países vecinos a Bolivia en las cosechas genéticamente modificadas, la contaminación por medio de otras fuentes tales como el viento y desechos de origen animal no pueden ser eliminados. Prohibir la importación y el cultivo de organismos genéticamente modificados es una herramienta muy importante para reducir las posibilidades de enfrentar estos problemas.

Con todo respeto que se merece su persona, en nombre de Food and Water Watch, le solicitamos evite la introducción de organismos genéticamente modificados a Bolivia y ofrecemos nuestra asistencia para poder lograr este propósito.

Sin otro particular,

Wenonah Hauter, Directora Ejecutiva de Food & Water Watch, USA

CC: Ministros de la Presidencia, Rural y Tierras, Salud, y Productivo, Autonomía.

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