La Habana, (PL).- El escándalo sobre el enterramiento y dispersión de tóxicos altamente contaminantes en Surcorea se expande con amplitud pese a los intentos de Washington por mantener silencio y evadir sus responsabilidades ante la opinión pública internacional.

Día a día las decisiones y documentos sobre el tema se convierten en una realidad innegable y por lo pronto, las autoridades de la provincia surcoreana de Gyeonggi decidieron agregarse a las investigaciones iniciadas a principios de junio por el Gobierno metropolitano de Seúl.

Las indagaciones, en las cuales intervienen expertos civiles y militares surcoreanos, deben abarcar al menos 28 bases estadounidenses en la mencionada provincia y 12 en la capital, de un total de 93 existentes actualmente en el país, la mayoría en operaciones y por lo cual deben contar con la autorización de Washington.

Mientras, el Instituto de Salud y Medio Ambiente de Gyeonggi informó que desarrollará esa labor en las zonas que puedan inspeccionarse, independientemente de la decisión estadounidense en el marco de un código jurídico establecido entre las dos naciones desde la década de los años 50.

Los datos más recientes, expuestos tanto por veteranos de guerra estadounidenses como por legisladores surcoreanos como Yoon Sang-hyun, señalan que además de tóxicos como el Agente Naranja y la Dioxina enterrados en las bases Mercer y Carroll, se pulverizaron más de 50 mil galones de esos y otros químicos.

De acuerdo con esa fuente la dispersión abarcó al menos el 14 por ciento de la parte meridional de la llamada Zona Desmilitarizada, con una extensión de cuatro kilómetros de ancho y 249 de largo en la frontera entre la República Democrática y Popular de Corea (RDPC) y Corea del Sur.

A esos aspectos y detalles los especialistas surcoreanos agregaron que la investigación abarcará bosques, tierras e incluso las aguas cercanas o no a los lugares en cuestión.

Desde el 2001 y solamente en Seúl, se han extraído más de dos mil toneladas de agua contaminada en áreas cercanas a instalaciones militares de Estados Unidos, entre ellas la guarnición de Yongsan, el principal cuartel de las fuerzas de esa nación.

Antecedentes

Tanto fuentes oficiales estadounidenses como surcoreanas han confirmado algunos de los aspectos mencionados y admiten que operaciones en ese sentido se realizaron desde la década de los años sesenta y al menos, hasta 1978, según los datos más recientes.

Entre 1960 y 1975, las fuerzas militares de Estados Unidos rociaron sobre Vietnam y partes de Laos y Cambodia más de 77 millones de litros del Agente Naranja y unos 400 kilogramos de Dioxina, entre otros tóxicos altamente dañinos para el medio ambiente ya la salud humana.

Los aviones de las fuerzas aéreas estadounidenses, sobre todo del tipo UC-123 B especialmente equipados, partieron entonces desde bases en Surcorea y Tailandia, fundamentalmente, bajo el secreto casi absoluto de cobertura para operaciones especiales aparentemente relacionadas con el clima.

Las proporciones del presente escándalo traen a colación la vigencia de los efectos del Agente Naranja y la dioxina, que causaron enfermedades irreversibles a no menos de cuatro millones de vietnamitas y secuelas en veteranos de guerra de Estados Unidos, Surcorea, Australia o Nueva Zelanda, entre otras naciones.

Para los expertos e investigadores sobre el tema, como el francés André Bouhy, entre otros, esos tóxicos se degradan lentamente en medios naturales, se integran a la cadena alimenticia y causan cáncer, malformaciones congénitas, enfermedades respiratorias y no tienen cura ni a mediano o largo plazo.

Los terroríficos daños en ese sentido, reconocidos internacionalmente, traen a la actualidad las reclamaciones contra transnacionales como la estadounidense Monsanto, fabricante de los tóxicos mencionados y su tácito desconocimiento a los reclamos de indemnización por parte de Vietnam y otras naciones.

El misterio está develado y el trasiego mediático sobre el escándalo es de hecho algo muy difícil de manipular por parte de quienes utilizaron aquellas armas químicas en perjuicio de los pueblos de la región.

* Jefe de la Redacción de Asia y Oceanía de Prensa Latina.