El quehacer cultural siempre es de interés para las clases dominantes. En Grecia se apoyaron pintores, músicos, filósofos, poetas pero fue en Roma donde adquirió su nombre: mecenazgo, por Cayo Clinio Mecenas en la época del emperador Octavio y protector de Horacio y Virgilio.

Este modo fue en un principio y hasta la consolidación de la burguesía en el poder para el simple deleite de emperadores, nobles y curas. La iglesia utilizó el arte como propaganda y ornamento para las iglesias. El papa Julio II encargó obras a Miguel Ángel. Leonardo Da Vinci gozó de los favores de los Médicis. Napoleón atendió que David, pintor fundador de la escuela neoclásica, ejerciera sin problemas económicos. Con la burguesa en el poder a estas prácticas se agregó que los bienes artísticos son mercancías, sujetos a la oferta y demanda. El arte no es solamente para regocijo sino que producen ganancias.

Ley de mecenazgo: censora y fomentadora de la explotación capitalista

La burguesía crea leyes para controlar las actividades humanas. Regula las relaciones entre trabajadores y patrones garantizando la propiedad privada de bienes y servicios.

La ley de mecenazgo, con el pretexto de promover el arte, habilita a los empresarios descontar de impuestos sus inversiones en proyectos culturales. En su afán de negocios con el arte la burguesía financia é impone modas.

Con el mecenazgo el artista pierde libertad de elegir tema para producir pues estará sometido a las indicaciones del capitalista elaborando productos vendibles. Estas indicaciones no siempre son expresas sino sugeridas por el mecenas, o bien el artista, por temor a perder el apoyo, accede a realizar objetos aceptables por el financista.

El objetivo político es que los bienes artísticos reproduzcan la ideología burguesa: el rol del estado, como instrumento de opresión de una clase; la familia como núcleo central de las relaciones de producción; la nación como ámbito donde se ejerce el control social; la religión como aliviadora del sufrimiento producido por la explotación capitalista.

El económico es que sea negociable produciendo ganancias. El arte sólo tendrá lugar si no toca las bases políticas, económicas y culturales de la burguesía. Para concretar esta concepción clasista, nada mejor que mercantilizar el arte.

En Argentina la ley de mecenazgo aprobada en diputados sigue cajoneada en senadores. ¿La razón?: no hay acuerdo en cómo se manejarán los fondos.

El mecenazgo y los artistas

El arte es una labor de hombres y mujeres que expresan ideas, emociones, muestran las contradicciones de la vida; los temores ante la muerte, los avatares en el amor. Para poder realizar esta actividad se necesita la mayor libertad posible.

En cambio la ley de mecenazgo, con el pretexto de dar trabajo a los artistas, los somete a la explotación capitalista sujetándolos a los vaivenes del mercado. El mecenas indicará al artista lo que debe hacer y que se venda rápido.

Cualquier legislación que de beneficios económicos al subsidio del arte es limitar la producción. El estado debe poner a disposición de los creadores, sin condicionamientos, el presupuesto para el arte y la cultura y garantizar la cobertura las necesidades básicas.

El arte es un medio para profundizar el conocimiento de la realidad y propender a su transformación. También es un bien social y debe ser para vivir y existir en todos los sentidos y no para ser un negocio. Estas son las razones para que esta forma particular de producción no tenga ningún tipo de limitación económica y política.

* Fuente: Revista de Lucharte.