En una reunión celebrada el martes en Ginebra, los 153 países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) confesaron que ya no será posible alcanzar un pleno acuerdo de libre comercio a fin de año, luego de una década de negociación en la Ronda de Doha. Acordaron renunciar a ciertos objetivos e intereses iniciales y a dejar de lado temas conflictivos en la ya fracasada negociación, todo con el fin de lograr antes de fin de año un acuerdo “menos ambicioso” para salvar el honor de la OMC.

El imperialismo todo poderoso y prepotente lanzó la Ronda de Doha en 2011, seguro y confiado de doblegar a las semicolonias en un tris, e imponer una ley del capital a escala planetaria y con el rango de mandamiento divino.

Las potencias y sus corporaciones decían que una norma comercial mundial ayudaría a las naciones semicoloniales a salir de la pobreza; pero en realidad querían liberalizar los sectores potencialmente lucrativos y más codiciados por el capital transnacional: bienes industriales, Agricultura, Servicios y propiedad intelectual.

Sin embargo, las ambiciones corporativas chocaron con la realidad política. El imperialismo quería mercantilizar el agua, pero este recurso vital fue declarado “bien común” y “derecho humano” por la Asamblea General de la ONU en 2010. El capital financiero pretendía elevar a rango de ley universal la libre e irrestricta circulación del capital, pero ese libertinaje indecente ha sido precisamente la causa fundamental de la debacle capitalista.

Estados Unidos exigía demasiado a Brasil, China e India, pero se negaba a recortar sus descomunales subsidios agrícolas. En los últimos 10 años la Casa Blanca subsidió con 24 mil millones de dólares a sus productores de algodón para que exporten a bajos precios y de esta forma liquiden a los agricultores de países subdesarrollados, en una libre “competencia” injusta.

“El proyecto de Doha quedó desfasado… el mundo ha cambiado mucho desde 2001”, reconoció el representante de la Cámara de Comercio de EE.UU. Christopher Wenk en una entrevista con el Wall Street Journal.

“Teniendo en cuenta las realidades políticas estamos dispuestos a dejar de lado los componentes de acceso a los mercados de bienes (industriales), la agricultura y las negociaciones sobre servicios”, declaró el embajador de la Unión Europea ante la OMC Angelos Pangratis al Wall Street Journal.

La era de grandes negocios ha terminado y ahora lo más importante es el comercio multilateral, dijo el director general de la OMC Pascal Lamy. Tras el fracaso del plan capitalista original, el Plan B es lograr al menos un paquete de medidas tales como la eliminación de aranceles y la fijación de cuotas de exportación para ayudar a las naciones en desarrollo. Varios analistas y observadores vaticinan que los futuros acuerdos comerciales no incluirán a todos los países de la OMC y tendrán un alcance limitado.

Existe un acuerdo generalizado de que algo, por pequeño que sea, debe ser acordado necesariamente a fin de año. Lamy y otros altos funcionarios afirman que es esencial llegar a un acuerdo para mantener la credibilidad de la OMC que aspira arbitrar el comercio planetario.

Los ministros de Comercio se reunirán nuevamente en diciembre y Lamy ora para que firmen algo; el embajador de la UE Pangratis advierte que si no logran ni siquiera un “minideal” “sería un choque de proporciones históricas para el sistema de la OMC”.