(Prensa Latina).- La cuarta Conferencia de la ONU sobre los Países Menos Desarrollados (PMD) celebrada en Estambul concluyó sin esperanzas de paliar la crisis alimentaria que sumió a 44 millones de personas más en la pobreza extrema. En total suman 925 millones los hambrientos en el planeta, y las promesas de los gobiernos de los países más desarrollados no sobrepasan las mesas de negociaciones y los grandilocuentes discursos.

La pronosticada hambruna mundial, similar a la crisis alimentaria de 2008, ha estallado con serias agravantes con respecto a la de hace tres años. Al alza significativa de los precios de productos básicos como arroz, trigo, maíz, se añaden los efectos nocivos del calentamiento global en la agricultura, el cambio climático y las rebeliones populares del Oriente Medio y el Norte de África.

El costo global de los alimentos alcanzó su nivel más alto entre junio de 2010 y febrero de 2011, según datos del Banco Mundial, lo cual provoca que una de cada siete personas padezca hambre. Esta cifra pudiera aumentar si continuaran avanzando la erosión, la contaminación ambiental, el alza de los precios de los combustibles y alimentos, el desarrollo desigual y las guerras.

Analistas consideran necesario que el discurso político se transforme en ayuda concreta y que se cumplan los compromisos de los países más ricos para contribuir al desarrollo de los menos avanzados. Con buenas intenciones no basta. El mundo parece estar ahora patas arriba, pues la cordura y la sensatez no están de moda. Los poderosos se unen para aniquilar pueblos y culturas y apoderarse de sus recursos naturales, en franco agotamiento en el nivel global.

Una mirada a las resoluciones y acuerdos de Naciones Unidas y sus organizaciones sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio y, en especial, los referidos a la Seguridad Alimentaria Mundial, pudiera ser una esperanza si la realidad no demostrase lo contrario.

Ni la Declaración de Roma de 1996 sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, ni sus continuadoras, significan la solución para los 48 países menos desarrollados, de los cuales 33 son africanos, nueve asiáticos, cinco de Oceanía y uno caribeño (Haití), todos con el menor Índice de Desarrollo Humano.

Los participantes en la cuarta Conferencia de la ONU sobre los PMD admitieron que fueron incumplidos muchos de los objetivos del Plan de Acción preparado en la anterior cita de Bruselas en 2001. Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) calificaron a esta de fracaso, porque el nuevo plan de acción elaborado ahora en la capital turca no atiende peticiones esenciales como condonar la deuda externa, aumentar la ayuda económica o eliminar los aranceles.

“Estamos consternados y desilusionados porque el Programa de Acción (…) deja a la gente que vive en los países menos desarrollados en una posición peor que la actual”, criticó el nepalí Arjun Karki, portavoz de las numerosas ONG que participaron en la cumbre de Estambul.

Según las organizaciones de la sociedad civil, en el nuevo plan han primado, de una forma cínica, los intereses comerciales y financieros, sin tener consideración alguna por el desarrollo, añadió.

Aumentar la parte del Producto Interno Bruto de los países ricos destinada al desarrollo de los PMD y condonar su deuda externa fueron dos propuestas que realizó el Grupo de Eminencias designado por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Según la activista etíope Azeb Girmai, tampoco hay avances en el apoyo a los países pobres en la lucha contra el cambio climático, a pesar de que la propia ONU reconoce que es uno de los principales problemas a los que se enfrentan las naciones menos desarrolladas.

Un estudio publicado en la revista Science, titulado Tendencias Climáticas y Producción Global de Cultivos desde 1980 demostró que los cambios climáticos ejercen un rezago considerable en el crecimiento del rendimiento de los productos alimenticios. Como resultado de los fenómenos climáticos extremos en los últimos 30 años se produjo una caída global del 5,5 por ciento en la producción de trigo y del 3,8 por ciento para el maíz.

El efecto de esta crisis se ha sentido más entre los países menos desarrollados, la clave es que la comunidad internacional les ayude a mitigar los efectos de la crisis de alimentos, instó la directora ejecutiva del Banco Mundial, la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala.

En la cita de Roma en 1996, se acordó que los conflictos, el terrorismo, la corrupción y la degradación del medio ambiente contribuyen considerablemente a la inseguridad alimentaria. Tal afirmación fue firmada allí por los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación auspiciada por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

Los alimentos no deberían utilizarse como instrumento de presión política y económica. Reafirmamos la importancia de la cooperación y la solidaridad internacionales, así como la necesidad de abstenerse de aplicar medidas unilaterales que no estén en consonancia con el derecho internacional y con la Carta de Naciones Unidas y pongan en peligro la seguridad alimentaria.

Sobre lo anterior, bastaría mencionar el caso del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba desde hace más de 50 años, el cual ha sido rechazado por la comunidad internacional a través de reiteradas resoluciones de la ONU.

Tal bloqueo impide a la isla la adquisición de productos básicos para la alimentación y la salud de sus habitantes y, a pesar de la abrumadora mayoría del mundo en su contra, Washington persiste en mantenerlo.

Otro ejemplo de estos días es la guerra de la OTAN, Estados Unidos y Europa contra Libia por el control de sus recursos naturales (petróleo y agua), aunque sean otras las declaraciones sobre los motivos de la agresión.

En Trípoli y otras ciudades del país norafricano son bombardeados objetivos civiles e, incluso, han sido destruidos almacenes de víveres para la alimentación de la población. La Franja de Gaza, territorio palestino sitiado por Israel, es prueba de innumerables violaciones de la Declaración de Roma por la prohibición de Tel Aviv a organizaciones humanitarias de entregar ayuda en alimentos y otros productos de primera necesidad.

Lo cierto es que mientras reuniones van y vienen, acuerdos y desacuerdos, el hambre encabeza la lista de los 10 principales riesgos para la salud en el mundo.

Cada año mueren más personas por esta causa que por enfermedades como el SIDA, la malaria o la tuberculosis juntas, según el Informe Global de 2010 de ONUSIDA, y las Estadísticas del Hambre y la Pobreza Mundial de 2011, de la Organización Mundial de la Salud.

Más hambrientos a las puertas de 2015

Cada vez son más los escépticos acerca del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de Naciones Unidas, uno de cuyos propósitos es reducir a la mitad el número de hambrientos para el 2015.

A menos de cuatro años, la realidad apunta en sentido contrario a alcanzar el primero de ellos: reducir en el 50 por ciento la pobreza extrema y el hambre en relación con la cifra de 1990.

Un informe del Banco Mundial (BM) reconoce que 44 millones de personas se hundieron en la indigencia entre junio del pasado año y febrero del actual, como consecuencia del alza de los precios de los alimentos.

Transcurrieron más de ocho meses consecutivos de tendencia alcista en los costos de nutrientes básicos, incluso superiores a los de 2008 y mayores que los existentes en la última década del siglo XX. Y esa tendencia continuará, advierte Abdolreza Abbassian, economista jefe de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

A pesar de anuncios del BM sobre el buen camino de algunos países para el cumplimiento de las también llamadas Metas del Milenio, declaraciones de sus directivos contradicen lo anterior.

Hans Timmer, director del Grupo de análisis de las perspectivas de desarrollo del BM, admite que aún queda mucho por hacer para reducir la pobreza y mejorar los resultados sanitarios, incluso en naciones que han obtenido buenos resultados.

Las economías de países emergentes como Brasil, India, China, Rusia y ahora Suráfrica pudieran aportar un aumento del porcentaje en el cumplimiento de los ODM, en especial del relacionado con la pobreza.

Pero las realidades en gran parte del mundo no son halagüeñas. Las personas que padecen hambre se incrementaron de 842 millones entre 1990 y 1992 a 925 millones en el 2010, mientras que dos mil millones sufren carencias nutricionales.

La FAO admite que hay más subnutridos que los existentes en 1990 y considera que será muy difícil llegar a la meta uno del milenio. En peores condiciones están los 48 países menos desarrollados (PMD), de los cuales 33 son africanos, nueve asiáticos, cinco de Oceanía y uno caribeño (Haití).

Recientemente se celebró en Estambul la cuarta Conferencia de la ONU sobre los PMD y sus resultados dejaron insatisfechas a las ONG participantes. Estas calificaron la cita como fracaso, al no incluir en los acuerdos la condonación de la deuda externa, aumentar la ayuda económica o eliminar los aranceles que imponen los países ricos a los productos de las naciones pobres.

Múltiples son los factores que se interrelacionan para aumentar la desesperanza y la incertidumbre sobre el futuro de la vida en el planeta y de la propia especie humana.

Los eventos relacionados con el cambio climático influyen de manera negativa en la agricultura y en la producción de los alimentos. Cabe destacar la erosión de los suelos, el derretimiento de los glaciares de montaña y el deshielo polar, los cuales provocarán el aumento del nivel del mar.

Según el ecologista estadounidense Lester R. Brown, la tercera parte de las tierras cultivables del mundo pierden la capa vegetal y ello provoca la merma de su productividad.

El primer estudio global del Instituto Internacional para el Manejo del Agua advierte que el agotamiento incontrolado de las capas acuíferas subterráneas representa una seria amenaza para la seguridad de los alimentos.

Brown ratifica que debido a la disminución de las fuentes del líquido vital por el sistema de bombeo subterráneo, se reducen considerablemente las áreas irrigadas.

Oriente Medio es una de las zonas donde el déficit desborda la crisis, sobre todo en Arabia Saudita, Siria, Iraq y Yemen. La situación es más compleja en la India, continúa el experto, donde 175 millones de personas se alimentan de granos producidos mediante el bombeo excesivo.

Más inestabilidad climática y volatilidad de los precios de los alimentos augura el especialista, de no tomarse medidas urgentes para eliminar los gastos millonarios en armas y en guerras.

El ecologista propone que se utilicen esos fondos militares para combatir los efectos nocivos del cambio climático, lograr eficiencia hídrica, y trabajar en la conservación de los suelos y la estabilización demográfica.

El informe Foresight sobre el futuro de los alimentos y la agricultura, advierte que en los próximos 40 años, se perderán tierras agrícolas como consecuencia de la urbanización, la desertificación, el aumento del nivel del mar y la creciente salinización del agua.

Los países más vulnerables a la crisis alimentaria son los que dependen de los mercados internacionales y no han desarrollado la autosuficiencia alimentaria.

Olivier De Schutter, relator de la ONU para el derecho a la alimentación, asegura que el suministro de alimentos es suficiente en cuanto a la demanda de la población mundial de seis mil 800 millones de habitantes. Lo que priva a muchas personas de obtener los nutrientes básicos son sus elevados precios y la especulación en el mercado, añade.

Para el presidente del BM, Robert Zoellick, las naciones agrupadas en el llamado G-20 deberían garantizar que los países y los grupos más vulnerables dejaran de tener vedado el acceso a los alimentos, aunque puede añadirse que son las relaciones económicas y sociales las que lo imponen.

Sobre las llamadas ayudas de los países más desarrollados, el teólogo brasileño Frei Betto considera que esas naciones son las responsables de las altas cifras de hambrientos y de la desigualdad global.

El sistema capitalista, continúa, fue el creador de las políticas proteccionistas, las barreras aduaneras, la especulación con los precios de los alimentos y la apropiación privada de la riqueza.

Además, ellos también son los promotores de las transnacionales de agrotóxicos y de las semillas transgénicas, algo que compromete el futuro de la seguridad alimentaria, advierte.

El teólogo latinoamericano considera que el hambre es lo más letal que ha inventado la injusticia humana: causa más muertes que las guerras, elimina a cerca de 23 mil vidas al día -casi mil personas por hora- y sus principales víctimas son los niños.

* Redacción de Temas Globales.