La Habana, (PL).- Las principales compañías petroleras obtuvieron más de 36 mil millones de dólares en el primer trimestre del año mientras el ciudadano estadounidense promedio está alarmado por el alza de los precios de la gasolina. Hoy el crudo tiene el valor más alto de los últimos dos años, aunque en el transcurso del actual podría ser superior a los de 2008, los más elevados hasta ahora. 

Hace una década, en 2001, una familia normal gastaba cerca de mil 279 dólares al año en combustible para vehículos, guarismo que ahora llega a los 3.072 dólares, y que lleva a muchos a pensarlo dos veces antes de accionar el chucho del encendido de su auto.

Hace pocos días concurrieron al Congreso cinco grandes empresas petroleras beneficiadas con recortes impositivos cercanos a los dos mil millones de dólares y allí recibieron severas críticas por beneficiarse a expensas del bolsillo de los contribuyentes. Chevron, Shell US, BP America, ConocoPhillips, y ExxonMobil son las corporaciones acusadas de enriquecerse a expensa del estadounidense promedio y que en los últimos años incrementaron sus ganancias.

El asunto fue examinado por la comisión de Finanzas del Senado a causa del incremento de los precios de la gasolina y la persistente negativa de la oposición republicana a eliminar los recortes de impuestos a esas empresas vigentes desde la administración de George W. Bush (hijo).

El presidente de la comisión, el senador Max Baucus, considera que estas entidades no necesitan de los subsidios de impuestos. Deberíamos, subrayó, utilizar este dinero para reducir nuestro déficit en lugar de depositar esa carga en ciudadanos mayores y en el futuro de nuestros niños.

El tema impositivo es uno de los principales contenciosos entre demócratas y republicanos. El diciembre de 2010 la Casa Blanca cedió a presiones de la oposición para mantener los subsidios a los más ricos y arrastra el problema en toda negociación.

Los demócratas plantean que la mejor forma de recortar el déficit es incrementar los impuestos a los más ricos pero los republicanos no aceptan la idea.

La tratativa de los demócratas contra el incremento de los precios de la gasolina encuentra respuestas en los representantes de las petroleras. El presidente ejecutivo de Chevron, John Watson, califica las medidas que encaminan los legisladores de la mayoría demócrata como “anticompetitivas y discriminatorias”.

Mientras James Mulva, presidente ejecutivo de ConocoPhillip, estima que un incremento de los impuestos llevará a menor inversión, menos producción, y seguramente mayores costos por galón y menos empleo.

El senador Baucus rechaza esos argumentos porque según él es difícil encontrar evidencia de que el recorte de estos subsidios pueda reducir la producción doméstica o causar despidos, sobre todo cuando las petroleras lograron ganancias extraordinarias. La situación es seria para los consumidores pese a que luego de un aumento sostenido, los precios han comenzado a descender, pero no con la rapidez que el público espera.

Por ejemplo, en el condado de Los Ángeles, en California, el costo de un galón (3.7 litros) bajó por décimo día consecutivo, llegando a 4.23 dólares.

Según un artículo que aparece en el diario La Opinión, el de mayor circulación entre los hispanos, el precio promedio se redujo en 5.2 centavos en comparación con una semana atrás, sin embargo la cifra continúa siendo 2.1 centavos más alta, que hace un mes, de acuerdo a OPIS (Oil Price Information Service).

Una muestra de la reacción a esta situación es reflejada por una encuesta realizada esta semana por Consumer Federation of America (CFA), con dos mil participantes pertenecientes a ambos partidos. La investigación mostró que un 87 por ciento de los encuestados quieren que el país deje de depender del petróleo.

Asimismo un 85 por ciento dijo estar harto de las alzas en precios y un 75 por ciento recalcó la necesidad de que sus vehículos aumenten el millaje por galón.

El sondeo evidenció además que la mayoría de los estadounidenses espera que el gobierno empuje a las empresas automotrices a implementar cambios en los modelos de vehículos, para mejorar el rendimiento a 96 kilómetros por galón para el año 2025.

Los autores de la investigación estiman que si esto se logra para el año 2020 dejarán de gastar cerca de 25 mil millones de galones de gasolina.

Mientras, el gobierno del presidente Barack Obama trata de impulsar políticas para enfrentar la situación y el Departamento de Justicia investigará casos de fraudes y manipulación en los mercados, lo cual pudieran estar afectando los precios de la gasolina.

Por otro lado, en el Senado los demócratas presionan por aprobar una ley que elimine cerca de dos mil millones de dólares al año en recortes tributarios para las cinco compañías petroleras principales citadas.

Esta intentona, enfrenta, sin embargo, la oposición de los republicanos quienes califican la propuesta de juegos políticos, mientras entidades como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, han puntualizado que no representa una solución efectiva al problema.

Pese a que la situación amenaza a la mayoría de los estadounidenses, los políticos no terminan de ponerse de acuerdo y las grandes petroleras continuarán llenando sus arcas en tiempos de crisis.

El crudo no da respiro

Desde el pasado diciembre ya se vislumbraban dramáticos ascensos, según los cálculos de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la Agencia Internacional de Energía (AIE). A mediados de marzo, el barril llegó a los 120 dólares y desde entonces su valor ha retrocedido a los 112, aproximadamente.

Para la fecha ni se pensaba en una alarma nuclear global, luego del terremoto y el tsunami en Japón, ni en las explosiones sociales en casi todo el norte africano y países del Oriente Medio. Tampoco entró en los cálculos la actual guerra de la OTAN contra Libia, país que aporta casi el dos por ciento de la producción global de crudo.

Libia es uno de los cuatro principales productores en su continente, el duodécimo exportador mundial, y suministra la mitad del consumo de Italia, Francia y Alemania. Igual alberga las mayores reservas de África, calculadas en 44 mil millones de barriles por la OPEP.

En la actualidad, la producción libia (un millón 600 mil barriles por día), está recortada casi a la mitad. Desde el 22 de marzo suspendieron allí sus operaciones la petrolera francesa Total, la española Repsol y el grupo italiano ENI.

Analistas concuerdan que mientras las tensiones geopolíticas continúen en ese país, el mercado del crudo se mantendrá presionado y los inversionistas seguirán cobrando una prima de riesgo sobre el precio de equilibrio. También afirman que el actual alza es impulsada por la incertidumbre, el rumor y la actividad especulativa en los mercados de futuros.

Los máximos ganadores del río revuelto siguen siendo los especuladores financieros y las grandes compañías petroleras. Estas últimas duplicaron sus beneficios en el 2010. ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips, las tres grandes de Estados Unidos, aportaron en conjunto cerca de 60 mil millones, después de gastos e impuestos. Los beneficios de la empresa anglo-holandesa Shell también se duplicaron. Hoy, a nivel global, el barril oscila entre los 105 y 115 dólares, como promedio, pero los análisis apuntan a valores entre 120 y 150 dólares para finalizar el presente año.

Con los números actuales se produce una mayor presión sobre los costes de los alimentos, ya en crisis desde diciembre de 2010. Ni imaginar lo que espera en los meses por transcurrir. Según análisis, menos ingresos y empleos, y mucha más hambre.

Igual ascienden vertiginosamente los costos del transporte y de las materias primas fundamentales, por todo el mundo. La aeronáutica civil está siendo una de las primeras en sentir los embates de la escalada en los combustibles, además de los mercados de insumos agrícolas, y de los metales.

Nobuo Tanaka, director ejecutivo de la AIE, advierte que si el petróleo sigue por encima de los 100 dólares por barril, será inevitable otra crisis como la del 2008, cuando llegó a cotizarse a 147 dólares cada unidad. Fatih Birol, el economista jefe de la AIE, afirma que hay mayores probabilidades de un descarrilamiento de la economía, si se mantienen por el resto del año los actuales precios del crudo. Ernesto Cordero, secretario de Hacienda en México, reconoce el riesgo de estos ascensos, ya que los energéticos son el principal insumo de la actividad industrial en el planeta.

Tras el avivamiento de las tensiones en el norte africano, específicamente en el territorio libio, no pocos bancos comenzaron a revisar sus previsiones para este año. Expertos de Societe Generale, una de las principales empresas europeas de servicios financieros, creen que el barril de Brent estará en torno a los 98 dólares, por incremento de la demanda y de las primas ante los actuales riesgos geopolíticos.

No obstante, la firma norteamericana Goldman Sachs, una de las más certeras en el mundo a la hora de los pronósticos, no ve el panorama mucho mejor. A su entender, en las próximas semanas esperan un rango de cotización para el Brent entre 105 y 110 dólares por barril.

El Bank of America-Merrill Lynch predijo un valor promedio de 122 dólares por barril, a partir del segundo trimestre. También Citigroup, Commerzbank y la Administración de Información de Energía, de Estados Unidos, subieron sus proyecciones en los números citados para el resto del año.

Pero la preocupación real, y la razón que se esconde tras este repunte, es el riesgo de que la inestabilidad se extienda a otros países del Oriente Medio, especialmente a Arabia Saudita, la cual cubre más de la décima parte de la demanda mundial. El australiano Benson Wang, de Commodity Broking Services, dice que hay que preocuparse si esos conflictos llegan hasta la nación saudita.

Analistas concuerdan que de ocurrir, los precios llegarían a más de 200 dólares el barril, evento sin precedentes, ante el que no se sabe cuál sería la reacción en los mercados y los gobiernos. El norteamericano Michael T. Klare, reconocido profesor de paz y seguridad mundial, afirma que el reciente aumento de precios no es más que un leve y temprano temblor del terremoto por venir.

* Luis Beatón es periodista de la Redacción Norteamérica y Katia Monteagudo de la Redacción Global de Prensa Latina.