Tras el colgamiento del My. Gualberto Villarroel, el 21 de julio del 46, se inicia un período conocido como el “sexenio” (1946-1952) en el que, erróneamente, en unos momentos más que en otros, sectores de la clase obrera y de un partido marxista, el Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), impulsan la caída del régimen militar progresista, además de participar, al menos inicialmente, en los gobiernos de la burguesía.

En mayo de 1949 el presidente Enrique Hertzog pide licencia por motivos de salud y se traslada a Chulumani. Interinamente asume el mando su vicepresidente, Mamerto Urriolagoitia, interinato que se prolonga hasta octubre, cuando Hertzog renuncia definitivamente.

La masacre de Siglo XX del 49

En ese mismo mayo un conflicto salarial entre los mineros de Catavi y Siglo XX y la Empresa Minera Patiño, pretende ser finalizado con un laudo arbitral emitido por autoridad competente pero subordinada al gobierno y a los empresarios, por el que la patronal daría un aumento salarial de 17 bolivianos, incremento que es rechazado por los mineros. Guillermo Lora, dirigente minero y además diputado por el Bloque Minero Parlamentario (1), en las asambleas en Siglo XX y Catavi dice: “El Estado burgués al servicio de la Patiño ha ultrajado nuevamente al proletariado boliviano arrojándole un despreciable mendrugo de 17 bolivianos de aumento, con el afán peregrino de sabotear la conciencia del proletariado”

La torpeza y abuso del poder de los gobernantes ordena el apresamiento de los principales dirigentes de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), entre los que están Guillermo Lora, Capellino, Torres Calleja y Toranzo y al secretario general del Sindicato de Catavi, Carlos Guarachi, los que son llevados a La Paz

En respuesta, los trabajadores mineros se movilizan y toman como rehenes a los técnicos de la empresa Patiño hasta que sean liberados sus dirigentes. El gobierno que ya había movilizado tropas militares y de carabineros a ese centro minero, ingresa a los campamentos y masacra a los mineros dejando un número indeterminado de muertos; los rehenes también mueren es esa acción. El militar que dirige el operativo es el Cnl. Roberto Ramallo. Luego son apresados varios dirigentes (Juan Chumacero Poveda, Lucas Oxa Choque, Manuel Rocha Ajata, Primitivo Martínez y Cecilio Campos) acusándoles de ser autores intelectuales y materiales de la muerte de los rehenes. La sentencia penal del 18 de enero del 51 contra los acusados determina pena de muerte. Lora es excluido de la sentencia y exiliado a Chile junto a Lechín más Capellino, Torres Calleja y Toranzo. Cuando el expediente estaba en la Corte Superior de Justicia de Potosí estalla la revolución del 9 de abril del 52 y los sentenciados salvan la vida.

Tras la masacre continua la huelga minera y se transforma en general en todo el país.

La masacre de Villa Victoria

En abril del 50 las protestas laborales por mejoras salariales aumentan. La huelga de los bancarios y ramas afines es declarada ilegal. También los fabriles se lanzan a la huelga, protesta que es acallada con metralla por el régimen. Los fabriles no se intimidan y resisten la arremetida militar y de carabineros en Villa Victoria. El día más aciago es el 18 de mayo, entonces es victimado un número indeterminado de fabriles, día que se marca en las luchas del movimiento obrero como la “masacre de Villa Victoria”, declarado después como Día de los Fabriles.

La llamada “guerra civil” del 50

La crisis del viejo sistema se acelera. Entre agosto y septiembre de ese año hay un levantamiento armado propiciado por el MNR; se trata de la llamada “guerra civil”, donde los insurrectos son derrotados por las Fuerzas Armadas. El deterioro socioeconómico también aumenta: la población es la que sufre por la creciente escasez de artículos de primera necesidad.

En el agro del altiplano y valles las sublevaciones indígenas contra los oligarcas dueños de fincas (haciendas) y contra el sistema semiesclavista de trabajo (pongueaje) son permanentes, acciones donde están presentes indígenas que militan en el POR y que han asumido el programa de la Tesis de Pulacayo.

Elecciones generales: un mal cálculo

Urriolagoitia, ya en su último año de gobierno y seguro de transferir el poder a sus partidarios, convoca a elecciones generales para el 6 de mayo de 1951. El candidato oficialista es Gabriel Gosálvez, en ese momento embajador en Argentina.

Gabriel Gosálvez se inicia en la política como Secretario Privado del presidente Hernando Siles; luego participa como ministro en los gobiernos de Tejada Sorzano, Toro y Busch. Ahora, como parte del Partido de la Unión Republicana Socialista (PURS), es la cabeza de una alianza, la Acción Social Democrática, y está seguro de heredar el régimen.

Pero el MNR que ha sido derrotado en las armas no deja de participar en la justa electoral y decide terciar en las elecciones. Su candidato a la presidencia está exiliado —Víctor Paz Estenssoro— y a la vicepresidencia va Hernán Siles Suazo.

Los resultados de las elecciones dan el triunfo al MNR, para sorpresa del régimen: 42.129 para Paz Estenssoro (42,91 %) y 40.381 para Gosálvez (32,01%). Pero también los otros partidos son derrotados: FSB saca 13.259 (10,51%); el antiguo y poderoso Partido Liberal, 6.520 (5,17%); y el PIR, uno de los partidos que colgó a Villarroel, 5.170 (4,096). En este tiempo no votan mujeres ni analfabetos (la mayoría indígenas).

Urriolagoitia no está dispuesto a reconocer el triunfo del MNR y diez días después, el 16 de mayo del 51, entrega el poder a una Junta Militar. Esa maniobra que no es sino un autogolpe para mantener el statu quo pasa a la historia como el “mamertazo”.

A partir de entonces la situación empeora: el descontento se generaliza, la escasez de alimentos aumenta al igual que las “colas” que hace la gente para conseguir algo de comer; la corrupción de los jerarcas y dueños del poder es pan de cada día (negociados, nepotismo, despilfarro de las arcas estatales).

El MNR pide nuevas elecciones; pero, también se arma para dar un golpe y tomar el poder. Pero el cansancio del pueblo al desgobierno, al abuso de poder, a la corrupción lo impulsa a transformar el golpe del MNR en una insurrección popular que se inicia el 9 de abril, la que obligara a la cúpula emenerrista dictar medidas progresistas, ya que al triunfo de las masas sobre las tropas militares y la destrucción de éstas sigue la nacionalización de minas de los barones del estaño y una reforma agraria democrático burguesa.

Los gobernantes creyeron que serían dueños del poder por siempre, pues tenían a su alcance el poder económico y el poder militar a su alcance; pero el pueblo, se cansó de aguantar los atropellos y se rebeló, cambiando al país por mucho tiempo.

Nota:

(1) A fines de 1946 se constituye el Frente Único Proletario (FUP) entre el Partido Obrero Revolucionario (POR) y la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), bajo los lineamientos el programa de la Tesis de Pulacayo, aprobada en noviembre de ese año en el Congreso extraordinario de la FSTMB. En enero del 47 el FUP se presenta a las elecciones generales y se conforma el Bloque Minero Parlamentario compuesto por: Senadores por Potosí: Juan Lechín Oquendo (jefe de todo el Bloque), y Lucio Mendívil; diputados: Guillermo Lora (jefe del Bloque en diputados), Aníbal Vargas, Jesús Aspiazu, Humberto Salamanca, Mario Torres Calleja, Alberto Costa La Torre, Adán Rojas, Pérez Alcalá. Su objetivo era convertir al Parlamento en tribuna revolucionaria por lo que participó en las movilizaciones de masa, huelgas para transformar a la central sindical en verdadera dirección de los obreros. Después de la Masacre de Siglo XX (mayo 1947) los principales diputados del Bloque fueron expulsados del Parlamento a los que se define como subversores.

Fuentes:

Carlos Mesa. Presidentes de Bolivia: entre urnas y fusiles. 2006

Guillermo Lora. Historia del movimiento obrero 1932-1952. T. IV. 1980

Guillermo Lora. Lora y Bolivia: Diccionario político, histórico, cultural. 1986

*Historiador y periodista, www.semanarioaqui.com