El 9 de septiembre de 1969, agentes de represión comandados por un presunto agente de la CIA cercaron la casa N° 584 de la Avenida Santa Cruz, en La Paz, y ese fue el último día en la vida de Guido Peredo Leigue, Inti en el Ejército de Liberación Nacional.

Inti había jurado al sobrevivir en La Higuera volver a las montañas y continuar la lucha interrumpida por la captura del Che, en 1967, pero dos años después el panorama no podía ser más negativo: si bien tenía el apoyo firme del ELN chileno a través de su jefe, Elmo Catalán y de Tati Allende, hija del futuro Presidente chileno, Cuba no pudo continuar su apoyo por varias razones: el fracaso de la zafra de las 10 millones de toneladas de caña de azúcar, que entregó la economía cubana a la protección soviética, el fin de la era guevarista y foquista por imposición de la URSS, la aparición de militares “progresistas” en América Latina, como Torrijos y Velasco Alvarado, con quienes el régimen cubano tenía una relación fluída, y el golpe del general Ovando del 26 de septiembre, seguido por la nacionalización de la Gulf el 17 de octubre del mismo año. Todos estos acontecimientos hicieron pensar al Inti en replegarse a Chile, pero la represión se adelantó y acabó con él ese 9 de septiembre.

Desde entonces, un manto de olvido penoso e inexplicable cayó sobre el jefe del ELN en Bolivia. Incluso una salutación de fin de año enviada por el Viceministerio de Descolonización, muestra héroes indígenas como Tupac Katari y Bartolina Sisa, y extranjeros como Che y Tania, pero se olvida de Inti.

Por otra parte, la editorial Plural ha publicado una biografía de Marcelo Quiroga Santa Cruz en tres tomos, escrita por Hugo Rodas. En sus páginas iniciales, Rodas se queja del “ninguneo” de los analistas de izquierda sobre la obra de MQSC, a quien lo reducen al papel de víctima de la dictadura, pero él mismo incurre en el mismo “ninguneo” al no consignar la mínima referencia sobre la muerte de Inti, y tampoco menciona el sacrificio de 67 jóvenes combatientes en Teoponte, que fue la continuación de la guerrilla guevarista en Bolivia. Ese contexto histórico es tan poco importante para la visión tediosa y hagiográfica de Rodas, que no le concede ni siquiera un pie de página.

Uno entiende que la historia oficial ignore a estos héroes populares, pero ¿cómo puede caer en el error alguien que reclama para sí la militancia del líder socialista? La omisión del Viceministerio de Descolonización es subsanable porque no corresponde a una percepción general del gobierno del MAS, pero un libro ya escrito y consumado, que proviene del campo socialista y no contiene la mínima referencia a estos héroes, es una ingratitud sin nombre.

En las páginas dedicadas a la muerte del Inti y los noventa días de la guerrilla de Teoponte, Hugo Rodas no encuentra otro tema interesante que la nacionalización de la Gulf y sus consecuencias, en medio de arduas negociaciones, datos técnicos y estadísticas que olvidan el contexto histórico de la época y el espectro político tan conflictivo que enfrentó el régimen hasta la renuncia del gabinete civil y la pronta caída de Ovando. Nada de eso es mencionado, como no sea la renuncia de MQSC, como si hubiera sido el único ministro del mencionado gabinete.

Hay que darle un jalón de orejas al Viceministro de Descolonización pero, al fin y al cabo, un jalón amistoso. En cambio, a Rodas hay que darle un coscorrón, porque, al igual que cualquier mal alumno, nos ha dado un examen parcializado e incompleto de una época rica en determinaciones.