Hay que romper la asociación entre crecimiento económico y consumo de recursos naturales y adoptar una forma de vida más austera para frenar el deterioro medioambiental, dice la ONU. La última cumbre mundial de consumidores concluyó: “No es feliz quien más tiene, sino quien menos necesita; la gente que compra de forma sistemática y sostenible y utiliza lo menos posible “es cool”.

La semana pasada se celebró en Nueva York la última reunión de la comisión de la ONU encargada de organizar la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (Río+20), a realizarse el próximo año en Río de Janeiro.

Ministros de 53 países tenían la misión de avanzar en la definición de propuestas políticas concretas a ser presentadas en la IV Conferencia de 2012, en relación al consumo sostenible y el desarrollo, la minería, el transporte, el uso de sustancias químicas y la administración de desechos.

La Conferencia Río+20 analizará especialmente la “economía verde” en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, y diseñará un Marco institucional para el desarrollo sostenible para la próxima década.

El secretario general de la ONU Ban Ki-moon recordó que la primera Cumbre de la Tierra celebrada hace 20 años en Río de Janeiro reconoció que los actuales patrones de producción y consumo para satisfacer las necesidades humanas constituyen hoy la principal amenaza para el Planeta.

Una contradicción fundamental del capitalismo es la búsqueda de beneficios y acumulación de riqueza sin fin y los límites del sistema ecológico mundial. Esta contradicción amenaza la supervivencia de la especie humana.

La población mundial creció de 2 mil a 9 mil millones en menos de una generación, con graves impactos en el entorno natural. Cada día se cortan y queman bosques del tamaño de 24 mil campos de fútbol; la producción pesquera mundial se ha multiplicado por siete desde 1950.

Los habitantes de los países ricos utilizan en promedio 16 toneladas de recursos naturales al año, mientras que los ciudadanos de la India consumen solo cuatro toneladas per cápita. A ese ritmo, en 2050 la humanidad consumirá 140 mil toneladas anuales de minerales, combustibles fósiles y biomasa, tres veces más que en la actualidad, revela un reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Uno de los indicadores del sobre consumo humano es la huella ecológica, definida como la extensión de superficie terrestre necesaria para mantener el estilo de vida de una persona. En 2004 la huella ecológica de la civilización era equivalente a 1,25 planetas Tierra y se espera que crezca hasta dos Tierras en 2050.

Habría mil millones de nuevos ciudadanos de “clase media” a mediados de este siglo y casi la mitad habitaría en los países en desarrollo, 240 millones en China y 120 millones en India. Si se mantienen sus patrones de consumo en términos de recursos, se necesitarían 2,5 planetas Tierra para el año 2050.

Hay que reconocer que el desarrollo económico y la economía real global están aquejados por desviaciones y problemas dramáticos como la actividad financiera especulativa y la explotación sin reglas de los recursos de la tierra, reflexionó el Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate.

La naturaleza está sometida a presiones sin precedentes que tendrán consecuencias sociales y económicas a largo plazo, alertó el titular de la ONU, en el encuentro ministerial en Nueva York, que concluyó con un llamado a cambiar los patrones y valores de consumo.

Ban Ki-moo instó a crear una nueva arquitectura para el desarrollo sostenible en los niveles nacional, regional e internacional, y propuso establecer límites al consumo. Considerando que la naturaleza tiene límites físicos, el PNUMA propuso congelar el consumo per cápita en los países ricos y fomentar el consumo sostenible en las naciones en desarrollo.

“Consumo sostenible y decrecimiento”

Los gobiernos pueden establecer objetivos y normas, pero sólo los consumidores tienen el “poder del dinero” para aplicar políticas climáticas a nivel de la compra, dijo la comisionada de la Unión Europea para la Acción Climática Connie Hedegaard en el XIX Congreso Mundial de Consumers International (CI), celebrado hace poco en Hong Kong con la participación de delegados de más de 100 países.

Hedegaard hizo un vehemente llamado a la acción a los consumidores individuales con su enorme “poder de compra y de decisión” para consumir de manera “sostenible”. Aseguró que el consumo de los hogares tiene un enorme impacto y representa el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Según la funcionaria, la Unión Europea pudo reducir sus emisiones en los últimos años aplicando “regulaciones”. Las emisiones de automóviles nuevos han caído un 25% desde 2006; mientras que las etiquetas de Clase A para las neveras / congeladores (que sólo cubrían dos por ciento de la producción en 1995) han aumentado a más del 90% en la actualidad. De esta forma, “los consumidores que compraron una nevera de grado A en 1995 se han ahorrado más de 1.000 euros hasta ahora”.

El Congreso de CI fue una oportunidad para explorar maneras de fortalecer los derechos del consumidor y protegerlo de las nuevas amenazas del siglo XXI, dijo la directora general del Consejo de Consumidores de Hong Kong Connie Lau. El mundo ha cambiado dramáticamente desde el último congreso de CI, y han surgido nuevas amenazas para la gente, como por ejemplo la crisis financiera y los crecientes problemas del cambio climático, evaluó el presidente de CI Samuel Ochieng.

La fundadora del Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (IDEC) y ex presidenta de CI Marilena Lazzarini propuso definir estrategias globales de acción para abordar problemas de los consumidores, que cada vez más dejan de limitarse a las fronteras de un país.

El ejemplo más reciente está en el sector de los servicios financieros, que con la reciente crisis financiera mundial pasó a ser el principal tema global de campaña de CI. En la reunión de CI se debatió también sobre los derechos de los consumidores a seguridad alimentaria, nutrición, propiedad intelectual.

Concitó gran atención el consumo sustentable y la economía ecológica. “El movimiento no se limita a la búsqueda de un valor justo en el espacio del mercado, sino que va mucho más allá de eso, y abarca a la responsabilidad de la ciudadanía con el medio ambiente”, precisó Lazzarini.

Una de las principales conclusiones del evento fue que los consumidores, sobre todo de los países desarrollados, están dañando el planeta con sus hábitos de consumo. De ahí que una de las tareas principales de CI a futuro es promover el consumo responsable y sostenible. El mensaje central es: “No es feliz quien más tiene, sino quien menos necesita”. La idea es convencer a la gente de que comprar de forma sistemática y sostenible y utilizar lo menos posible “es cool”.

Con información de Prensa Latina.