Desde siempre, el ambiente ha sido fuente de recursos, obtenidos mediante apropiaciones, rapiñas y negocios al por mayor, que marcaron una constante en la historia de la humanidad. Producto de la inventiva y la tecnología, esto se ha multiplicado hasta el hartazgo, no dejando de sorprender la capacidad de algunos para sacar agua hasta de las piedras. No extraña tampoco que alrededor de estas prácticas abusivas, medren gran cantidad de ONGs., a las que el “mercado” les sienta bien, ya que son funcionales al mismo y que engrosan sus presupuestos bajo la tentadora y atrayente consigna de defender el ambiente.

La armonía con el entorno y la loable preservación ambiental, que deberían ser una forma de vida, se ha transformado para muchos en una más que rentable forma de vivir. En Argentina, salvo honrosas excepciones, en general hay una deficiente, cuando no mala o inexistente gestión ambiental, producto de intereses, impedimentos, pero también de la ignorancia y falta de voluntad política de muchos funcionarios que no entienden el tema.

Estas carencias los obligan a adoptar o copiar (muchas veces mal) proyectos venidos de otras latitudes, casi siempre ofrecidos o propuestos por las ONGs. referidas. Eso si, previa firma de convenios marcos en que el Estado aporta fondos y aquellas sus conocimientos y el marketing verde, que en definitiva es lo más importante, sobre todo en épocas electorales. En muchos casos el Estado las prohíja o les da una suerte de aval para que hagan lobby a favor de sus “políticas verdes”, habilitándolas a captar fondos en distintas ventanillas.

La “otrora todo terreno” y condenada “Mari Juli”, fue una maestra en el arte de iniciar este juego y sus negocios desde la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación. Para no meter a todos en la misma bolsa, aclaro que existen excepciones y de las buenas. Hoy existe el convencimiento generalizado que atravesamos una crisis ambiental de magnitud y de pronóstico incierto, resultado de actitudes negativas ajenas, pero también propias.

Un problema de todos

En esa compleja trama malsana, la cuestión de la basura es una de la más difícil de resolver, ya sea ésta: industrial, nuclear, química, agraria, electrónica, etc.Un lugar destacado en el tema, lo ocupan los residuos sólidos urbanos (RSU), situación que se agrava, debido a nuestra antinatural tendencia al consumismo irracional y sin sentido.El úselo y tirelo, se ha impuesto en razón de una supuesta “comodidad y practicidad” y así envases, pañuelos, pañales, instrumental médico, envoltorios, servilletas, manteles, cubiertos, toallas, vasos, lapiceras, electrónica, botellas, latas, frascos, etc., todos “fácilmente desechables y reciclables”, nos inundan pero nos hacen “la vida más sencilla”.Gran parte de las cosas que adquirimos nacen para ir a la basura.

A tono con este paradigma de la modernidad, una gran parte del arte en todas sus variantes, el sexo, las relaciones, las convicciones, los ideales y hasta las personas son transformadas en desechables, convirtiendo a lo efímero, vacuo y rápido en un valor en si mismo. Mientras que lo trascendente, esencial y perenne se transforman en manías de coleccionistas y objeto de culto de unos pocos anacrónicos, amantes del pasado, que para colmo reniegan del “progreso”.

Pero como todo desperdicio es molesto, siempre hemos intentado alejarnos de ellos. Hasta ahora para apartarnos y disponer de ellos, recurrimos a las bolsas que como servicio nos entregaban sin cargo, en verdulerías, supermercados, panaderías y en los distintos comercios. A estas bolsas elaboradas por la petroquímica, como tantos otros productos, las usamos para la basura y otros muchos menesteres, no faltando los desaprensivos que las tiran en cualquier lado, además de las expuestas libremente por los que las seleccionan en microbasurales.

Pese a su denominación “de un solo uso”, estudios efectuados en distintas zonas por la basurología, el porcentaje de reutilización de ellas, ronda entre el 92 y el 96%, cumpliendo acabadamente con una de las 3 “R” famosas en este tema, que abarcan la reducción, reutilización y reciclaje. Coincidiendo en que su reducción es factible y necesaria, no creo que lo propuesto sea una solución al problema, ni muchos menos. Pese a la utilidad prestada, los tiempos y las modas cambian y los negocios más.

El árbol que tapa al bosque

De un tiempo a esta parte, primero en los países “desarrollados”, y luego con el contagio subsiguiente en estas regiones, se ha desatado una suerte de caza de brujas contra este adminículo ciudadano, mediante campañas publicitarias muy bien armadas, incluidas fotos desgarradoras de animales cubiertos por estos envoltorios, que nos quieren convencer que el problema de los RSU no es el contenido sino el continente. A tono con ello las normas que prohíben su entrega, no se hicieron esperar.

El truco, al igual que el árbol que tapa el bosque, es hacernos creer que lo malo es la bolsa y no toda la sarta de porquerías que ponemos adentro. Muchos desprevenidos, adhirieron a la medida pensando contribuir a la preservación ambiental. No se ilusione, estamos lejos de ello, por cuanto el sistema de recolección domiciliaria se seguirá manteniendo en base a ellas. El único cambio, “es la prohibición de entrega sin cargo”, no su uso; ahora ya no la va a recibir como servicio del comercio, sino que tendrá que abonarlas Ud. de su bolsillo.

Por lo que el precio para el adquirente minorista, va a aumentar, ya que el costo de compra por millones es menor, al de unas pocas al menudeo. Es legítimo que los comerciantes no quieran seguir cargando con el precio de las bolsas, lo que no es serio ni sincero, que se quiera disfrazar este cambio como verde. Este maquillaje permite que los tetra brik, las latas de bebidas y tantos otros envases innecesarios y caros, sigan circulando libremente para alegría de los industriales que se desentienden de ellos y trasladan el problema y el costo a los consumidores.

La basura y sus conflictos no van a disminuir con esta medida. Distinto sería si se discutiera seriamente quién debe cargar con los costos de eliminación de envases que están destinados a basura, empezando por prohibir todos aquellos que no son retornables. Se calcula que en Santa Fe, en bolsas se gastan muchos millones de pesos, que a partir de la medida deberán salir del bolsillo del consumidor. No es un cantidad menor, se imagina esa cifra manejada hábilmente? A los efectos de la recolección domiciliaria, las municipalidades se harán cargo de proveerlas a los usuarios?

Más papistas que el Papa

Europa, con una presión de 500 millones de personas en un territorio chico, a través de la Directiva Marco de Residuos se estableció la supresión definitiva para el año 2018, por cuanto hoy por hoy, carecen de un sustituto más eficaz y al alcance de todos. Conjuntamente han encarado acciones de reducción.

En torno a la promoción de bolsas oxibiodegradables o llamadas ecológicas, que ya se entregan, la Fundación para la Defensa del Ambiente las calificó “gran negocio pintado de verde”, sosteniendo “que no benefician al ambiente, sino a las empresas que fabrican los aditivos y a los comercios que quieren mostrar una imagen ambientalmente responsable aunque esto no sea así”.

Indudablemente que alguien vendió este proyecto y otro lo compró. Mientras tanto toneladas de papel se desparraman por las calles en campañas publicitarias y políticas, o se sigue permitiendo la comercialización de productos, cuyos envases son más costosos que el contenido, pero parece que todo ello es un tema menor.

¿Se acuerda de las botellas de leche o de aceite?, esas se reutilizaban entre 25 y 30 veces y el costo no era superior al de un envase descartable. Por razones de costos y marketing las empresas han impuesto unilateralmente un sistema de packaging, que les significa un gran ahorro de tiempo, espacio y transporte, pero del cual debemos hacernos cargo toda la sociedad.

Alemania con la responsabilidad del productor, de la cuna a la tumba y el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) potenció el mercado de envases de más de un uso, eliminando basura de las calles. Este sistema consiste en pagar un depósito al comprar la bebida y recuperarlo al devolver el envase vacío en cualquier establecimiento. De esa manera, se aplica la premisa de “quien contamina paga”, demostrando su eficacia para solucionar el problema. Entiendo que por este carril, pasa la verdadera discusión sobre el tema y no si prohibimos o no las bolsas de basura, hecho secundario, más relacionado con el maquillaje y la publicidad verde y que no hace a la cuestión de fondo.

Algunas cifras

Según las cámaras que agrupan a los comerciantes del ramo, se entregan promedio, una bolsa y media por habitante por día. En Argentina eso significa 60.000.000 de bolsas por día, a un costo de 15 ctvos. cada una, nos da 9 millones de pesos diarios que los usuarios deben pagar. Por año, importa 3.285 millones de pesos, que la gente pagará por este rubro. Menuda cantidad. Vaya negocio. Eso si, todos cuidamos el ambiente.

Por ultimo, lo dejo para que saque sus propias conclusiones y me despido hasta las próximas aguafuertes.

* Docente e investigador universitario.