La Junta federal de asesores científicos sobre cambios ambientales globales del gobierno alemán (WBGU en alemán) propuso “descarbonizar” la economía energética mundial, es decir eliminar totalmente el consumo de petróleo, carbón, gas y energía de fusión termonuclear hasta el año 2050. Para garantizar el éxito de esta “gran transformación” solo comparable con la transición de una sociedad cazadora y recolectora a una sociedad agrícola, se precisa nada menos que un “nuevo contrato social” a escala planetaria, afirmó el WBGU.

El WBGU es un consejo científico que asesora al gobierno de Alemania en temas relativos al cambio climático, presidido por Hans Joachim Schellnhuber, activista del grupo Gea. También es miembro de este consejo la profesora de la Universidad de Tecnología de Viena y subdirectora del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicado (IIAS en inglés) Nebojsa Nakicenovic.

“El metabolismo nuclear-fósil de la sociedad industrial no tiene futuro”; por ello, la transformación hacia una sociedad baja en carbono (sin combustibles fósiles y fusión nuclear) es un imperativo tan importante como la abolición de la esclavitud y del trabajo infantil, señala el WBGU en un documento titulado Transición Mundial – Contrato social para una gran transformación.

“A mitad del siglo los sistemas de energía global se tienen que haber descarbonado. En el centro de cualquier estrategia de descarbonación tiene que haber una expansión masiva de energías renovables y de la infraestructura que ellas requieren… Incluso los países en desarrollo más pobres, a mediano plazo, tienen que cambiar de dirección hacia caminos de desarrollo de baja emisión”, indica el informe.

El WBGU recomienda a la canciller Angela Merkel que ponga fin al uso de la energía nuclear en Alemania el 17 de junio de este año. “El desastre nuclear de Japón deja en claro que tenemos que escoger la vía rápida hacia un futuro bajo en carbono sin energía nuclear”, precisa el consejo científico, y recomienda destinar los fondos para la generación de energía nuclear a otras tareas de mayor prioridad.

El WBGU “desaconseja imperiosamente el uso de la energía nuclear. Las plantas existentes tiene que ser reemplazadas por tecnologías de energía sustentable lo más rápido que sea posible. No se puede compensar la eliminación progresiva de la energía nuclear por medio de una generación de energía nueva o más intensa a base de carbón mineral o lignito”.

El WBGU plantea cambios políticos en concordancia con una economía verde: “Los cuerpos administrativos de Alemania federal deben pasar por un filtro climático a nivel federal, estatal y local…”. Esto implica reorganizar totalmente los sistemas educativos: “En la estrategia de sustentabilidad en Alemania se le debe dar la mayor prioridad a la transformación de la educación”. Esto incluye “nuevos cursos para pregrado y maestría, módulos para entrenar profesores para la transformación de la educación sistémica relevante y programas de grados para las ciencias para la transformación…”.

También sugiere el establecimiento de escuelas para “negocios bajos en carbono y facultades interdisciplinarias para el uso de la tierra bajo en carbono, ciencia de la energía, urbanización y administración específica de la transformación para apoyar los procesos de transformación”.

Se precisa un “nuevo contrato social”

“La transformación hacia una sociedad baja en carbono significa nada menos que un cambio de paradigma de la sociedad de combustibles fósiles a una sociedad post combustibles fósiles…”, resalta el organismo científico alemán, y subraya que esa transformación “solo puede tener éxito si los estados nacionales anteponen los mecanismos de cooperación global a sus propios intereses orientados al corto plazo”.

“El Estado nacional ya no debe considerarse como la única base para las relaciones contractuales… La condición de Estado trasciende las fronteras nacionales y las soberanías, particularmente en lo que respecta al clima, energía y ambiente… Políticamente, esto requiere una superación sin precedente histórico de los conceptos de soberanía establecidos”, destaca el WBGU.

Propone crear “nuevas instituciones supranacionales” y recomienda al gobierno federal que apoye la implementación de una estrategia de la Unión Europea para la extensión y reconstrucción de infraestructuras interfronterizas, con el objetivo de lograr un sistema de energía en toda Europa sin carbono en el año 2050, “basado en una participación lo más grande que sea posible de renovables”.

Además, recomienda “usar el G-20 como una fuerza conductora para una política energética y climática sustentable global… El gobierno federal debe fomentar el G-20 y su búsqueda decidida de un programa político de energía sustentable, y la creación de los fundamentos institucionales necesarios para la cooperación efectiva global”.

Afirma que el “G20 podría incluso convertirse en la fuerza dirigente que impulse la modernización de todo el sistema de las Naciones Unidas”. Según el WBGU, es necesaria “una revisión de la Carta de las Naciones Unidas (y) la reestructuración total de las organización de las Naciones Unidas”, incluyendo el establecimiento de un Consejo de Desarrollo Sustentable, al mismo nivel del Consejo de Seguridad de la ONU.

El consejo científico alemán sugiere reemplazar la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) por una Organización Internacional de Energías Renovables (OIER), que posteriormente podría desarrollarse como una “Agencia Internacional de Energía Sostenible”.

También recomienda la creación de una Comisión Mundial para el Desarrollo Urbano Bajo en Carbono y una Comisión Global para el Uso Sustentable de la Tierra; defiende el establecimiento de “Bancos de Inversiones Verdes nacionales”; aboga por el “canje de bonos ecológicos”, que en su criterio es un instrumento “más efectivo” que los impuestos; y propone que el Banco Mundial desarrolle “una estrategia sofisticada medible para una transformación hipo carbónica”.

La desnuclearización en debate

Luego del accidente nuclear en Fukushima, el mundo y la industria atómica no pueden seguir “como si nada hubiera pasado”, afirmó el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) y consideró que “una adhesión rigurosa a las normas internacionales más fuertes de seguridad y plena transparencia en buenas y malas épocas, son vitales para restablecer la confianza pública en la energía nuclear”.

Alemania fue el primer país en suspender la prolongación del funcionamiento de siete centrales en tanto se revisen sus estándares de seguridad. Suiza detuvo sus planes de renovar las licencias de sus reactores, y la Comisión de Energía de la UE propuso realizar pruebas de estrés en sus centrales para verificar si pueden lidiar con una crisis como la de Japón.

China anunció la suspensión de la aprobación de nuevas centrales nucleares y el presidente de Estados Unidos Barack Obama ordenó una “revisión exhaustiva” de las plantas de energía nuclear. El presidente Hugo Chávez decidió congelar los planes de desarrollo pacífico de energía nuclear, y la Cámara de Diputados de Chile pidió al Ejecutivo congelar un pacto nuclear con Estados Unidos.

El presidente de Perú Alan García propuso que su país renuncie al desarrollo de la energía nuclear por 100 años, y el Presidente Evo Morales descartó de plano la generación de energía nuclear en Bolivia.

El 20 de abril, el gobierno italiano decidió frenar sus planes en cuanto al uso de la energía nuclear, a pesar de haber aprobado el 23 de marzo un decreto ley que permitía una moratoria de un año para localizar y construir instalaciones de ese tipo en el país europeo.

El Ejecutivo del primer ministro Silvio Berlusconi presentó en el Senado una enmienda al decreto ley Omnibus para adquirir más evidencias científicas del programa de localización, realización y ejercicio de instalaciones de producción de energía eléctrica nuclear.

Algunos analistas ven en la iniciativa del gobierno una estrategia para evitar el próximo referéndum sobre el regreso a la producción de energía nuclear, previsto para el 12 y 13 de junio, en un clima social hostil tras el accidente de Fukushima en Japón. Los italianos decidieron en plebiscito en 1987, tras el accidente de la central ucraniana de Chernóbil, no producir más energía atómica y en aquel momento se cerraron los cuatro centros productores existentes en el país.

En Japón no cesan las críticas a las imprecisiones técnicas en la planta de Fukushima y las improvisadas medidas ante los niveles de radiación, la evacuación de miles de pobladores, la ruina de agricultores en las regiones afectadas y la pérdida irremediable de más de 400 mil toneladas de arroz y otros cultivos de importancia.

La crisis nuclear en Japón ha puesto al descubierto innumerables accidentes nucleares en los últimos años que han sido ocultados por la industria y los gobiernos. Tres centrales nucleares de Reino Unido registraron en febrero un escape radiactivo y averías en el sistema de refrigeración, reveló un informe divulgado el 20 de abril, en medio de un debate interno sobre la revisión de los programas actuales.

El periódico The Guardian cita un reporte dirigido al Gobierno sobre los incidentes en las plantas de Sellafield, Torness y en Hartlepool, ocurridos en los primeros meses de este año. Se trata de vertidos de residuos radiactivos y de una falla en uno de los conductos de ventilación, asociados a “deficiencias en diseño”.

La fuente periodística sostiene que pese a la gravedad de algunos de los hechos, los ministros del gabinete británico fueron informados a mediados de abril, lo cual contrasta con las directrices de seguridad vigentes desde la catástrofe de Chernobil, en Ucrania hace 25 años. Los escapes ocurridos en dos gasoductos en la central de Torness, cerca de Edimburgo, provocaron la contaminación de las aguas subterráneas con tritio radiactivo, un isótopo de hidrógeno.

Con información de Prensa Latina.