El abuso de ciertos medicamentos es la causa de cientos de muertes en muchos países desarrollados. En algunos supera al número de fallecimientos producidos por sobredosis con drogas ilegales. La sobreabundancia y el uso inadecuado de analgésicos contra el dolor “puede llevar al abuso y a una subsiguiente drogodependencia”. Así lo advierte el informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, organismo dependiente de la ONU, que demanda mayor control en lo que se refiere a las drogas producidas legalmente como opiáceos.

Estos fármacos adquieren el rango de estupefacientes o psicotrópicos al ser derivados de drogas ilegales. Para conseguirlos, se altera ligeramente la estructura molecular de sustancias perseguidas y se crea una droga nueva de efectos similares. La constante manipulación de estos medicamentos en los laboratorios permite que puedan escapar de la legislación internacional y que sean difíciles de identificar y perseguir. En la actualidad se hallan en una especie de limbo jurídico, por lo que su producción y distribución por parte de las farmacéuticas es legal.

En los últimos 10 años, las muertes por un uso excesivo de sedantes, tranquilizantes y estimulantes para potenciar el rendimiento han aumentado en Europa y América del Norte. A pesar de que muchos ciudadanos se inician en el consumo por voluntad propia. En España se ha pasado de un consumo de menos de 1.000 dosis diarias -unidades técnicas de medida por millón de habitantes al día- a 8.000.

En la Unión Europea, Alemania encabeza la lista con 19.000 dosis diarias. Entre 2005 y 2009, el consumo mundial de metilfenidato, un tratamiento para el trastorno de la concentración, aumentó un 30%. Su uso es mayor en Estados Unidos que en todos los demás países juntos. La mefedrona, un compuesto de efectos similares a los de la cocaína, las anfetaminas y el éxtasis, está relacionada con la muerte de más de 35 personas en Reino Unido e Irlanda. La Unión Europea no la prohibió hasta el pasado diciembre.

En Francia, el Mediator, un medicamento recomendado para diabéticos con sobrepeso, se vincula con la muerte de entre 500 y 2.000 personas por hipertensión arterial pulmonar y problemas en las válvulas cardiacas. Este fármaco es además responsable de unas 3.500 hospitalizaciones, según un escrito de la Caja Nacional de Seguro de Enfermedad. Las víctimas que han denunciado a Servier, la farmacéutica responsable de la comercialización del Mediator, han visto cómo se les chantajeaba ofreciéndoles indemnizaciones millonarias si abandonaban las acciones judiciales contra el laboratorio. Como siempre, dinero a cambio de silencio.

El Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos señala que más de 27.000 personas murieron por sobredosis de fármacos legales en 2007, cinco veces más que en 1990. El mismo año, un análisis de las autopsias realizadas en Florida determinaba que la tasa de muertes causadas por medicamentos recetados fue tres veces superior a la de las causadas por todas las drogas ilegales juntas.

The New York Times asegura que estas investigaciones coincidían con las realizadas por la Federal Drug Enforcement Administration (DEA), que tasó en aproximadamente 7 millones los ciudadanos estadounidenses adictos a medicamentos con receta. Este dato supone un aumento en el consumo de fármacos de un 80% en 20 años, más que todos los norteamericanos que abusan de la cocaína, la heroína, el éxtasis, los alucinógenos o los inhalantes.

Hace unas semanas, la Oficina Nacional de Políticas de Control de Droga de la Casa Blanca afirmó que el número de personas que mueren en Estados Unidos por abusar de drogas recetadas supera también a los que mueren por herida de bala, convirtiéndose en la cuarta causa de muerte en el país.

El hecho de que una persona pueda desarrollar una “drogodependencia” a sustancias comercializadas de forma lícita llama la atención en un mundo que se empeña en perseguir a los consumidores de drogas ilegales y en endurecer las penas. Es aún más llamativo cuando las tasas más altas de adictos a estos fármacos se dan en Estados Unidos, el mismo país que establece políticas tan férreas como hipócritas para acabar con el narcotráfico en lo que sus dirigentes denominan un “cáncer social”. Resulta que el cáncer más peligroso no viene de México, ni de Colombia, ni de Afganistán sino que vende en sus propias farmacias.

Empezar por uno mismo

¿Tratarse bien a uno mismo puede mejorar la salud? La respuesta a esta pregunta es el objeto de estudio de un nuevo campo de investigación que se centra en estudiar la medida en la que las personas son amables con ellas mismas. ¿Se trata a uno mismo con el grado de exigencia que a los amigos y familiares? ¿Somos verdaderamente felices por ser cómo somos? Ciertas normas culturales de nuestra sociedad dan por sentadas conclusiones que no hacen más que totalizar nuestro comportamiento, ya sea en el plano personal como con nuestro entorno. La autocrítica es ejemplo de lo que nos mantiene a raya.

Un primer paso para el reconocimiento y superación de estos lastres es el de aceptar nuestras propias imperfecciones.

Según el estudio de Kristin Neff, catedrática adjunta de comportamiento humano en la Universidad de Texas, las personas que obtienen las puntuaciones más altas en los test de autocompasión tienen menos probabilidad de tener problemas relacionados con la ansiedad y la depresión. La autocompasión puede incluso influir en la cantidad de comida que ingerimos, en nuestra concentración y en la cantidad de líquido de retenemos.

Neff es pionera en este campo y afirma que la autocompasión no debe de confundirse con la autoindulgencia o la reducción de expectativas. “En mi investigación, he encontrado que el principal motivo por el que la gente es más autocompasiva es que tiene miedo de volverse indulgente consigo misma”.

Es un detalle a cultivar con esmero, algo tan sensible que podría ayudar a perder peso a la gente con obesidad. “La autocompasión es el ingrediente que falta en todas las dietas y planes para perder peso”, afirma Jean Fain, psicoterapeuta y profesora en la Universidad de Harvard. La mayoría de los planes se basan en la autodisciplina, la privación y el incumplimiento, pequeñas luchas internas que nos impiden desarrollar de mejor manera nuestra particular búsqueda hacia la felicidad, que empieza por tratarse bien a uno mismo.

Hay razones científicas que respaldan este enfoque, y que explica cómo el equilibrio emocional ayuda a mejorar la salud. Un estudio de 2007 de la Universidad de Wake Forest llegaba a la conclusión que hasta una pequeñísima intervención de autocompasión puede influir en gran medida sobre los hábitos alimentarios. En este estudio se contó con 84 universitarias. A un grupo se les dio una lección sobre autocompasión con la comida y donuts como alimento elegido. El instructor les pedía que no fueran excesivamente duras con ellas mismas. Más tarde, se pidió a las mujeres que probaran unas golosinas. Las mujeres que hacían dieta habitualmente o tenían sentimientos de culpabilidad sobre los alimentos prohibidos comían menos después de escuchar las palabras tranquilizadoras de un instructor. Las que no recibían ese mensaje comían más. La hipótesis es que las mujeres que se sentían mal por los donut, empezaban a comer de manera emocional. Las que se daban a sí mismas permiso para disfrutar de los dulces no comían en exceso.

Otro de los flagelos personales que se combinan con la autocompasión es el autosabotaje. Un comportamiento muy extendido en nuestra sociedad que obstaculiza logros personales y la higiene emocional. ”Qué mala suerte tengo”, “Siempre me tiene que pasar a mí”. Los autosabotajes son conductas de comportamientos puramente imitativos.

El contacto con la TV, las pautas culturales de un círculo de amigos, patrones de desenvolvimiento personal aprendidos en un momento de la vida en el que se pierde la conexión con el yo genuino. Al ser imitativos, son comportamientos falsos que se adquieren por diversos motivos pero que siempre encierran el miedo a ser rechazados y la búsqueda de reconocimiento ante los demás. El factor tiempo es fundamental. Tratamos de querer llegar más rápido al camino deseado, la senda peligrosa de los atajos. El enfoque reduccionista de que la exageración es un sentimiento, o que la negación de alguna sensibilidad te va hacer conseguir tu meta o evitar el sufrimiento. Algo tan simple y que atañe una enriquecedora búsqueda personal bien podría ayudarnos a mejorar el próximo amanecer.

* Periodistas del Centro de Colaboraciones Solidarias: ccs@solidarios.org.es