En el pasado inmediato, la reforma educativa impuesta por el Banco Mundial buscaba reducir al mínimo el gasto educativo (sólo para primaria); la educación secundaria, superior, alternativa y especial deberían pasar a manos de las regiones (descentralización) y de la “iniciativa privada” (privatización). Con el propósito de reducir el costo educativo, pusieron en vigencia un mecanismo llamado RAFUE para cerrar cursos y unidades educativas -en complicidad de los dirigentes stalinistas de la Confederación- hacinando las aulas hasta con 50 y 60 alumnos y cargando sobre las espaldas de los maestros con más trabajo y super explotación.

¿Qué ha cambiado con el gobierno del MAS y su reforma educativa “Siñani – Pérez”? Nada. Todo sigue siendo igual o peor. Se ha reducido el presupuesto educativo: antes llegaba al 12 o 15% del presupuesto general de la Nación; ahora se ha reducido al 4%, casi nada comparado que los presupuestos de la Policía y del Ejército que sumados sobrepasan el 50%. Los sueldos de los maestros siguen miserables; la Ley “Siñani – Pérez” promete profundizar la descentralización educativa, y el RAFUE ahora se aplica de manera más despótica con el nombre de “optimización de ítemes”.

El gobierno está aplicando esta “optimización” a rajatabla en escala nacional. Deliberadamente permite que la matriculación de alumnos sea ilimitada en el tuno de la mañana . Este fenómeno ha provocado el vaciamiento de alumnos en los turnos de la tarde y de la noche. Las autoridades aprovechan la ocasión de cerrar cursos y unidades educativas con el argumento de que no tienen alumnos, fusionan paralelos con excesiva cantidad de alumnos y trasladan maestros e ítemes a lugares donde supuestamente hacen falta.

Rompiendo todos los principios de la pedagogía actual que se orienta a tomar en cuenta el respeto de los ritmos individuales en el aprendizaje, hecho que obliga al maestro prestar atención a cada uno de los alumnos de su curso para dar un tratamiento particular en cada caso; y sin tomar en cuenta la deficiente infraestructura escolar existente (aulas pequeñas y sin iluminación, falta de mobiliario, ausencia de medios audiovisuales, material didáctico deficiente, etc.), el gobierno ha dispuesto que los maestros deben trabajar con 35 a 45 alumnos por curso. En la práctica, debido a la deficiencia en la dotación de ítemes de nueva creación y por la invasión masiva de alumnos a los centros educativos, van ha terminar hacinando los cursos hasta con 50 alumnos.

El actual gobierno no se diferencia en nada de los anteriores gobiernos “neoliberales” que también ejecutaban los mismos criterios para evitar un mayor gasto educativo, duplicando o triplicando el trabajo del maestro y atentando contra toda posibilidad de lograr una adecuada calidad en la educación.

De manera general, la táctica racionalizadora de ítemes que ejecutan las autoridades siempre redunda en perjuicio de la educación y de los maestros: la calidad de la educación, que ya es nada aceptable por razones económicas y sociales, ahora empeora y se viene a pique porque con el hacinamiento desmedido de alumnos en los curso no se puede esperar un buen desarrollo curricular.

El gobierno “del cambio”, al igual que sus antecesores neoliberales, subordina las necesidades pedagógicas a las posibilidades económicas del Estado; pretende ahorrar el gasto educativo destruyendo la calidad en la educación, y cargando en los hombros del maestro todo el peso de la crisis de la educación.

Es preciso parar esta política irresponsable del gobierno y la manera de hacerlo es movilizando a los padres de familia y a los barrios. En los últimos días en Tiquipaya y Colcapirhua de Cochabamba ya salen a bloquear calles y avenidas para impedir que sus ítemes sean dispuestos en otros lugares. No olvidar que éstos son patrimonio de las unidades educativas y de los barrios, costó sudor y sangre conseguirlos y no se los puede rifar con tanta facilidad. El imperativo de la lucha en este momento es obligar al gobierno a incrementar sustancialmente el presupuesto para la educación de tal modo que la actividad educativa se desarrolle en condiciones normales y que se paguen mejores sueldos a los educadores.

* Profesor de Filosofía y dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA).