La soberanía alimentaria consiste en la potestad de un pueblo para decidir qué, cómo y cuándo producir para alimentarse de manera amigable con la Madre Tierra. Esto significa identificar y cultivar los alimentos más nutritivos y necesarios para la dieta alimenticia.

La seguridad alimentaria, en cambio, consiste es tener satisfecho el estómago sin importar la calidad nutritiva, mucho menos saber el origen y la historia de los productos. Parte de la seguridad alimentaria son las donaciones de trigo, maíz y soya transgénicas que nos regalan los países ricos a los países empobrecidos sin importar las consecuencias en la salud. Con la seguridad alimentaria otros deciden sobre qué, cómo, cuánto y cuándo debe comer un pueblo.

En estos momentos Honduras y el mundo viven una de las peores alzas en el costo de la canasta básica familiar. Con todos los “esfuerzos” que la comunidad internacional hizo y hace para luchar contra el hambre, la hambruna sigue derrotando a todas las políticas internacionales contra el hambre.

Si en la década de 1990 había 800 millones de personas que padecían hambre, ahora ya suman más de 900 millones las y los hambrientos. ¡Casi una tercera parte de la humanidad (más de 2 mil millones de personas) está en situación de desnutrición! En Honduras, la desnutrición carcome a más 30% del total de la población. En el área rural del país, cerca del 60% de las y los niños están desnutridos.

La causa del hambre en el mundo, y en Honduras, no sólo es el acaparamiento inmoral de unos ricos que despilfarran la comida de otros. La causa principal para la hambruna en países como Honduras es que los empobrecidos jamás nos hemos preocupado de producir para alimentarnos. Nuestros gobernantes, siguiendo los dictámenes de grupos financieros como FMI y BM, y otros, impulsan e impulsaron la explotación de nuestras tierras para producir para exportar a cambio de unos centavos.

En el siglo XX, nos convirtieron en una Banana Republic para alimentar a los mercados externos. Ahora, en el siglo XXI, vamos camino a convertirnos en Palma Republic para alimentar a los motores. Actualmente la política agraria nacional hondureña consiste en el monocultivo de la palma africana. ¿De dónde viene esta política criminal en un país con el 70% de su población en pobreza?

Nos obligan a producir para exportar, y con los pocos dólares que deja la exportación nos venden los alimentos que ellos producen a precios altísimos. ¿A quién beneficia esto? ¿En qué restaurantes se sirven los camarones hondureños? ¿A dónde va a parar el café de calidad, mientras nosotros bebemos cáscara molida de café? ¿Acaso no es un crimen de lesa humanidad quemar alimentos para producir biocombustible en un planeta carcomido por el hambre?

Honduras, según el Ministro de Relaciones Exteriores, compra alrededor del 70% del maíz y arroz que consume. Mientras cerca de medio millón de campesinos hondureños deambulan sin tierras y buscando qué cultivar y qué comer. El gobierno actual está prácticamente obligando a los campesinos e indígenas del país para que cultiven palma africana para generar biocombustible (es el caso del pueblo garífuna y campesinos que deben por sus tierras al Estado). ¿Acaso esta criminalidad en un pueblo desnutrido tiene perdón divino?

Mientras el hambre ya tiene carta de ciudadanía en Honduras, y sus gobernantes promueven la “producción” para la exportación, monstruos multinacionales como Monsanto, Bayer, Syngenta, Nestlé, entre otros, dedicados al monopolio de la venta de insumos y productos agrícolas, acrecientan sus utilidades hasta en 60% en plena hambruna mundial.

Estas multinacionales, promotoras de transgénicos, prácticamente deciden qué y quién debe comer en el planeta de las y los empobrecidos. He aquí la materialización de la seguridad alimentaria. Ellos deciden lo que Ud. y yo debemos consumir. Mientras a nosotros nos obligan a producir para atiborrar de alimentos a los insaciables mercados de Nueva York, Londres, Madrid, y otras ciudades, habitados por desenfrenados estómagos de la civilización del despilfarro.

Y, ante este suicidio anunciado, ¿nos vamos a callar? Honduras no está condenada a subvencionar con su miseria la opulencia de los ricos. Tenemos que exigir a nuestros gobernantes a que promuevan técnica y financieramente a la pequeña agricultura para garantizar la alimentación del país ¿Acaso es imposible ponernos de acuerdo entre todos/as sobre qué, cómo y cuánto producir para alimentarnos? Nuestros ancestros, con sus limitaciones, vivieron dignamente por miles de años produciendo y alimentándose con lo que producían. Ellos producían lo que necesitaban, y el resto lo conseguían intercambiando con otros pueblos. ¿Si ellos lo lograron, por qué nosotros no? La soberanía alimentaria es una columna vertebral para la refundación de Honduras. Actuemos ahora y paremos la anunciada desgracia de la Palma Republic que se cierne sobre Honduras. De lo contrario las futuras generaciones nos maldecirán así como nosotros maldecimos a quienes hicieron, en el pasado siglo, de Honduras en una Banana Republic.