Washington, Kabul, Islamabad, Nueva Delhi y La Habana (PL y agencias).- El presidente de Estados Unidos Barack Obama anunció que el líder de la red Al Qaeda Osama Bin Laden fue muerto por militares estadounidenses durante un tiroteo en Pakistán. La CIA habría financiado a dos “ejércitos privados” en Afganistán con dinero del narcotráfico.

Bin Laden, emparentado con la familia real saudí, fue un aliado de Estados Unidos, apoyado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), durante la guerra que libró el movimiento Talibán en los años 80 del siglo pasado contra la presencia soviética en Afganistán.

Bin Laden se convirtió en uno de los hombres más buscados del mundo desde que se le vinculó con el ataque del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York.

“Puedo decirles que Estados Unidos ha capturado y matado a Osama Bin Laden…El pueblo americano no eligió esta lucha, nos llegó… Tras diez años de guerra conocemos su precio… Esta noche se ha hecho justicia”, confirmó Obama en un mensaje a la nación transmitido en vivo desde la Casa Blanca poco antes de la medianoche del domingo.

“América puede hacer lo que se proponga; esa es la historia de nuestro país, somos una nación bajo Dios, indivisible con libertad y justicia para todos”, sentenció el mandatario norteamericano, y reveló que el cadáver de Bin Laden está bajo la custodia de Estados Unidos.

La India subrayó que la muerte del líder de Al Qaeda a manos de militares estadounidenses corrobora sus denuncias de que el país vecino sirve de refugio a terroristas. Escuchamos con gran preocupación la parte de la declaración en la que el presidente Barack Obama dijo que el tiroteo que acabó con la vida de Bin Laden tuvo lugar en Abbotabad, dentro de Pakistán, afirmó el ministro del Interior P. Chidambaram.

Según el funcionario indio, ese hecho confirma las denuncias indias de que terroristas de diferentes organizaciones se ocultan en Pakistán. Mencionó en particular a los responsables de los ataques del 26 de noviembre de 2008 contra el corazón financiero de la India, que además de causar 166 muertos y más de 300 heridos, dieron al traste con el diálogo de paz iniciado cuatro años atrás por las dos potencias nucleares.

El presidente de Estados Unidos aseguró que ninguno de los militares estadounidenses resultó herido en el tiroteo que acabó con la vida de Bin Laden. Sin embargo, el 2 de mayo cuatro policías murieron y 14 camiones cisternas con combustible para las tropas de la OTAN desplegadas en Afganistán fueron destruidos en dos ataques perpetrados por desconocidos armados en el noroeste de Pakistán.

De acuerdo con la cadena privada Geo News, el incidente más grave ocurrió anoche en las afueras de Pindi Gheb, a unos 60 kilómetros de Islamabad, donde presuntos miembros del movimiento Talibán pakistaní abrieron fuego contra los vehículos detenidos frente a un restaurante, e incendiaron 10 de ellos.

Antes de abandonar el lugar los atacantes dispararon contra un puesto policial cercano, con saldo de tres agentes y un subinspector muertos. Otros seis policías resultaron heridos en el ataque, agregó la televisora. Testigos citados por Geo News dijeron que otros cuatro camiones cisternas al servicio de la OTAN fueron incendiados en Dhok Patha, una localidad que al igual que Pindi Gheb pertenece a la provincia central de Punjab.

Por las carreteras pakistaníes transita casi la mitad de los pertrechos destinados a los 140 mil soldados que la OTAN mantiene desplegados en Afganistán. Los suministros entran a Pakistán por el sureño puerto de Karachi, y luego son transportados hacia el país vecino a través del Paso de Khyber, en el noroeste, o por el puesto fronterizo de Balochistán, en el suroeste.

De acuerdo con cifras extraoficiales, la OTAN perdió más de 200 camiones el año pasado dentro del territorio Pakistán, como resultado de ataques perpetrados por insurgentes armados, a los que se les vincula con el movimiento Talibán afgano y la red Al Qaeda. En lo que va de 2011, casi un centenar de vehículos con combustible u otros pertrechos para las tropas extranjeras han sido atacados y destruidos a su paso por Pakistán.

El 2 de febrero, el segundo jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán general David Rodríguez advirtió que los talibanes estaban lejos de ser derrotados y pronosticó un cambio de su estrategia militar.

Durante una comparencia en el Pentágono, el oficial estimó que sus fuerzas hacen progresos en la guerra, cada vez más impopular entre los norteamericanos. Pero reconoció que hay problemas en la formación del ejército y la policía afganas por el alto número de analfabetos entre sus miembros, de corruptos y adictos a las drogas, así como por las elevadas tasas de deserción.

El pasado año fue el más mortífero para las tropas ocupantes desde la invasión en 2001. En 2010 perdieron la vida 499 militares estadounidenses, casi 200 más que el año precedente, mientras la cifra de heridos aumentó 178 por ciento para superar los tres mil 300, según datos oficiales.

Asimismo, se incrementó el uso de las bombas artesanales, principal causa de víctimas entre los uniformados extranjeros. Si en el 2009 explotaron unas nueve mil, un año después estallaron 14.500.

CIA y drogas en Afganistán, un dúo infernal

El alza de los precios del opio en Afganistán, casi triplicado en el 2010, preocupaba al gobierno afgano ante la posibilidad de que aliente a los agricultores a extender los cultivos ilegales de ese producto.

De acuerdo con un informe anual de la Organización de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (Onudd), el incremento del valor de la llamada adormidera en este país fue originado por una plaga que redujo a la mitad la producción de la siembra el año anterior.

El reporte explica que el estrago provocado por los hongos a esta planta muy parecida a la amapola, hizo decaer la producción en 48 por ciento, con cerca de unas tres mil 600 toneladas obtenidas. Esta situación originó un decrecimiento ostensible en las cosechas de las sureñas provincias de Helmand y Kandahar, reconocidos bastiones de los talibanes.

La disminución de cultivos del opio en esta nación, cuyos derivados como la morfina y la heroína, entre otros, constituyen unas de las drogas más adictivas en el mundo, causó que los precios se dispararan al 164 por ciento en el 2010. La tarifa del producto se ubicó a 169 dólares el kilogramo, casi tres veces superior a los 64 que costaba en 2009.

Según la Onudd, los ingresos de los campesinos productores de esta planta, cuyo cultivo legal a escala internacional está legislado por la Convención Única sobre Narcóticos de Naciones Unidas y otros tratados y bajo la supervisión individual de cada nación fabricante, creció 36 por ciento.

Asimismo subrayó esta situación del alza de precios en Afganistán no llegó a los países vecinos importadores de opio como Irán, Paquistán y otros territorios centro-asiáticos. En contraste, el área total de sembrados de adormidera el pasado año fue de 123 mil hectáreas, cuando la tendencia experimentada del 2007 al 2009 fue de reducción de los terrenos.

Reconocidamente a escala internacional, los países del sureste asiático son los mayores productores de opio para su exportación en forma de heroína. Afganistán aporta las tres cuartas partes de la cosecha, sin embargo, debido a esta caída del 2010, pasó a representar menos del 80 por ciento de la producción mundial.

Según el jefe de la Redacción Asia y Oceanía de Prensa Latina Pedro Blas García, los divulgados documentos de Wikileaks y fuentes anónimas citadas por diarios como The Washington Post han concluido que la toma de decisiones para solucionar el tráfico de drogas en Afganistán está en la capital estadounidense.

Antes del 2001, año de la invasión de la OTAN a ese país, la CIA trabajó con precisión a dos “señores de la guerra” afganos: Gulbudin Hekmatyar Y Abu Rasul Sayyaaf. Los fondos para respaldar a los “ejércitos privados” de ambos provinieron del tráfico de drogas y permitieron “neutralizar” cualquier intento opositor de una manera “masiva e imprudente”, según informaciones publicadas en el Washington Post.

Peter Dale Scott, quien publicó un largo y pormenorizado artículo en el Tomdispatch, afirmó que “figuras del gobierno del actual presidente Hamid Karzai reciben sobornos por encima de los 2.500 millones de dólares”, una cuarta parte de lo que genera, a duras penas, la economía afgana.

Añadió que el “único capital líquido” existente en Afganistán es el que genera la droga a través de una complicada red en la cual la CIA- con un ejército de mercenarios reclutados por empresas contratistas privadas- incluye al más alto nivel, a entre 25 y 30 grandes traficantes, la mayoría con bases en el sur afgano y que controlan transacciones y envíos.

Datos como los anteriores son publicitados, bajo el principio del anonimato por sus repercusiones, por especialistas y expertos del Banco Mundial, los cuales señalaron a grupos financieros como el City Group, Bank of New York y Bank of Boston, en el lavado del dinero procedente de la droga.

La CIA y otros vínculos

Un hermano de Hamid Karzai, Ahmed Wali, y el llamado Señor de la Guerra, Abdul Rashid Dostum, están ubicados en la amplia “plantilla” de la CIA y a la vez considerados otras dos figuras de “gran peso e influencia” en el negocio de la droga.

La Agencia suplió de esa manera las antiguas fuentes de opio y heroína establecidas en Myammar, Laos y Tailandia, muestran testimonios reales tratados incluso en el filme American Gangster, protagonizada por Denzell Washington y Russell Crowe y la dirección del reconocido Ridley Scott.

En una ocasión, el propio vocero de la CIA, Paul Gimigliano, afirmó: “pagaremos a cualquiera que pensamos pueda ayudarnos y eso lo hacemos desde el 2001”, añadiendo que “las especulaciones sobre quien nos ayuda a hacerlo es tanto peligrosa como contraproducente.”

En el enmarañado infierno que representa actualmente la realidad afgana, la CIA estadounidenses no parece ser la única encargada de tal negocio, ampliamente divulgado en el 2010 en una conferencia internacional acerca de la droga en Rusia.

Según las más diversas fuentes, incluso el propio gobierno de Karzai, los servicios secretos del Reino Unido también instrumentan junto a la CIA medidas para “garantizar la seguridad y estabilidad” (de ese negocio) en Afganistán.

Al menos lo prueban denuncias sobre más de una docena de oficiales británicos acusados de corrupción y a un importante asesor del presidente Karzai, Mohamed Zia Salehi, juzgados pero no condenados por cargos de narcotráfico y aceptaciones de sobornos.