Moscú y Kiev, (Prensa Latina).- Cualquiera que recorra el pueblo fantasma ucraniano de Pripiat siente la soledad dejada allí por la catástrofe de Chernobil, ocurrida 25 años atrás. Sin embargo, lo más preocupante es que esa conmemoración tuviera lugar cuando otra vez se hable de fallos en la seguridad nuclear tras el reciente desastre en la planta japonesa de Fukushima-1.

Pripiat, un poblado situado a dos kilómetros de la central de Chernobil, fue estrenado poco antes del peor desastre nuclear de la historia. Ese sitio se paró en el tiempo, tal y como ocurrió con los relojes del cuarto reactor averiado a la 1:23 de la madrugada del 26 de abril de 1986.

Este corresponsal visitó la zona del desastre en vísperas del 15 aniversario del suceso, cuando en diciembre del año 2000 el gobierno del entonces presidente Leonid Kuchma, bajo perceptibles reclamos de la población, realizó la ceremonia de cierre oficial de la citada planta.

Desde Pripiat, Viktor Briujanov, a la sazón director de la central de Chernobil, recibió un aviso de que algo había sucedido, pero nadie respondió a sus llamadas en la sala de máquina, así que decidió presentarse allí personalmente.

Algunos testigos afirman que al aproximarse en un ómnibus de servicio a la central y ver el techo del reactor completamente destruido, Briujanov exclamó: “Esto será mi prisión” y así fue.

La entonces dirección soviética lo condenó a 10 años de cárcel, de los cuales sólo cumplió cinco, pues en 1991 quedó libre. Luego llegó a trabajar de ayudante del ministro ucraniano de Energía. En realidad, existen muchas leyendas en torno a lo ocurrido en la madrugada de aquel 26 de abril en la sala de máquinas de la central, donde se realizaba una prueba planificada de situación de emergencia, antes de someter a reparación al cuarto reactor.

Un año antes del desastre, de los dos con que contaba en explotación la nueva planta atómica, se efectuó un ejercicio parecido en el tercer reactor, sin mayores consecuencias.

Un detalle: el reactor soviético RBMK-1000, de grafito, aún se mantiene como uno de los mayores en el orbe y nunca se empleó fuera de este país.

Los reactores de ese tipo aún generan el 50 por ciento de la energía nuclear de Rusia, según afirma el diario digital News.ru. En la maniobra de prueba, se desconectó de forma temporal el sistema de emergencia para el enfriamiento del reactor.

Todo se planificó para el día 25, pero por solicitud de los energéticos de Kiev se aplazó la maniobra más de medio día. Así, el cuarto reactor trabajó por 12 horas seguidas con el sistema de emergencia apagado. Su funcionamiento en el momento del desastre hubiera atenuado un poco los daños, consideran especialistas.

Un experto citado por el diario Novaya Gazeta, Nikolai Checherov, quien trabajó en las investigaciones del cuarto reactor desde 1986 hasta 2005, descartó la versión de que hubo dos explosiones en el reactor de la central, situada a 110 kilómetros al norte de Kiev.

Según Checherov, quien recibió fuertes dosis de radiactividad al realizar sus estudios, el silo donde se encuentra el reactor carecía de signos de incendio, pues ni siquiera la pintura estaba dañada y confirmó que todo el combustible fue despedido a la atmósfera.

Del reactor salieron unas ocho toneladas de combustible radiactivo, incluido el yodo I131 y el cesio, los cuales tardan unos 30 años para descomponerse en condiciones naturales.

Tras la explosión, se organizó la evacuación de 47 mil personas de Pripiat. La población lo dejó todo como si fuera a regresar al otro día: los periódicos, las camas tendidas, los escaparates llenos, los juguetes, los utensilios de cocina, todo quedó allí.

Luego se decidió alejar a 300 mil personas de la zona de Chernobil, para lo cual se emplearon mil 200 ómnibus (muchos de ellos medianos, de los utilizados para el transporte escolar).

Checherov considera que la operación para taponar el silo donde se encuentra el reactor nuclear con el empleo de helicópteros en realidad tuvo poco efecto y llegaba tarde, pues el reactor quedó vació, todo el combustible se dispersó en la zona y subió a la troposfera.

En total, unos cinco millones de personas se encontraban en las zonas afectadas, incluido un 23 por ciento del territorio belaruso, gran parte de Ucrania y Rusia, así como en Polonia, República Checa y Alemania.

Los muertos directos por la explosión y los incendios llegaron a 30, pero se calcula que otras 20 mil perecieron o poseen pronósticos fatales, mientras unos 300 mil presentan afectaciones de cáncer.

Cuba, en medio de sus dificultades económicas, puso en práctica un efectivo programa humanitario de tratamiento gratuito para los afectados por la catástrofe, que ya benefició a más de 25 mil personas, entre ellas 21 mil 340 niños, según se informó en Naciones Unidas.

Unas 600 mil personas, entre militares, bomberos, especialistas y constructores, los llamados “likvidatori”, participaron en la construcción de un sarcófago de hormigón, por cuya sustitución aboga ahora Kiev, aunque para ello necesita unos 740 millones de euros.

Ucrania buscó por años un consenso europeo y mundial para ayudarla a construir un nuevo casco protector. Sólo al calor del desastre en la central nuclear japonesa de Fukushima-1 se habló con fuerza de la seguridad atómica y aparecen las promesas de financiamiento.

Seguridad atómica

Según la prensa rusa, en el mundo han sido construidos hasta ahora un total de 571 reactores nucleares de explotación industrial, de los cuales 127 fueron sacados de circulación. De los 444 existentes, 135 ya llegaron a su tiempo reglamentado de 30 años de uso.

Los seis reactores de Fukushima-1 están dentro de la extensa lista de tres décadas de explotación. Al igual que en la instalación japonesa, en casi todos los mencionados casos se tomó la decisión de extenderle el tiempo de utilización.

Para 2015, tres de cada cuatro reactores en funcionamiento, después de una modernización o adaptación tecnológica, trabajarán por encima del tiempo previsto para su empleo.

En el caso específico de Rusia, de los 32 reactores en activo para 2013 estarán más allá de su tiempo de utilización 19 de ellos, advierte la prensa local.

Durante medio siglo de existencia de la energía nuclear en su forma industrial, nunca se dio el caso de que un reactor fuera cerrado a tiempo, acorde con su plazo de explotación. En parte eso posee explicaciones económicas muy específicas.

La construcción de un reactor nuclear de unos mil megavatios cuesta unos tres mil millones de dólares, pero el mantenimiento de un reactor de esa potencia clausurado ronda los mil 500 millones de dólares, señala la publicación Saversheno Sekretna (Ultra secreto).

Por otro lado, con el trasfondo del 25 aniversario de la catástrofe de Chernobil, se realizó una conferencia internacional sobre la seguridad del uso de la energía nuclear con fines pacíficos en Kiev, donde también se efectuó una reunión de naciones donantes.

El presidente ucraniano, Viktor Yanukovich, anunció que su país logró recaudar (o al menos hubo el compromiso) unos 570 millones de euros para los trabajos tecnológicos en torno a la referida central atómica, donde será construida una cúpula o cubierta protectora. Los gastos totales, incluidos los relacionados con la creación de una infraestructura adecuada en la zona de la planta nuclear, podrían alcanzar los mil 200 millones de euros en pocos años.

Por otro lado, la conferencia sobre seguridad atómica convocó a defensores y fabricantes de las centrales nucleares y a quienes se pronuncian por reducir drásticamente su explotación y explican las consecuencias del empleo de la referida energía. Algunos estados, Rusia incluida, consideran que a la humanidad le será difícil hallar un sustituto decoroso de producción de energía a gran escala en un futuro cercano.

Moscú se pronuncia por reforzar las medidas de seguridad en las plantas nucleares, las exigencias a su personal, los estándares exigidos por el Organismo Internacional de la Energía Atómica y la responsabilidad de los estados que realizan la explotación.

A 25 años del desastre de la central de Chernobil, saltan a la luz preocupaciones como las pocas garantías de un proceso de cierre seguro de un reactor nuclear, como para crear en su lugar una “zona verde”.

Chernobil y la paradoja nuclear

El accidente nuclear de Chernobil abre hoy un paréntesis en las paradojas del uso de una fuente de energía limpia, pero con capacidad de dañar al hombre y el medio ambiente en caso de accidente. La energía atómica mantiene su dilema ecológico: una producción limpia y en grandes volúmenes de electricidad sin emisiones contaminantes, por un lado, y las nefastas consecuencias para el propio medioambiente y el hombre, en caso de producirse una avería.

Lo ocurrido a las 1:23 de la madrugada (hora local) del 26 de abril de 1986 marcó la era en que se hablaría con mucho cuidado y por mucho tiempo del empleo con fines industriales pacíficos de la energía generada a partir de la reacción nuclear de fisión.

Un cuarto de siglo después, cuando la industria atómica parecía resurgir como fuerte alternativa ecológica, en especial luego de la catástrofe ocurrida con una plataforma de British Petroleum en el Golfo de México, la parábola de la desconfianza sube nuevamente.

Lo ocurrido en la central nuclear japonesa de Fukushima-1, en una nación donde todo se construye a prueba de terremoto, nuevamente reforzó el debate sobre la paradoja a la que ya nos referimos. En su momento, un conocido estadista latinoamericano de paso por Moscú consideró que la construcción de una central nuclear para su país era poco deseable, pues era un proceso demasiado largo como para suplir necesidades muy inmediatas de energía.

De acuerdo con cálculos manejados por la prensa capitalina, como promedio la construcción de un reactor nuclear de mil megavatios puede costar unos tres mil millones de dólares, con todos los parámetros de seguridad que rigen en estos momentos.

En medio siglo de explotación industrial de la energía atómica se construyeron en el mundo 571 reactores de todo tipo, de los cuales 127 fueron sacados de circulación, mientras que de los 444 restantes, 135 están casi en el límite de sus 30 años de explotación reglamentada.

Los casos de los seis reactores de Fukushima-1, tres de los cuales resultaron averiados por el efecto del terremoto primero y luego de un tsunami, de cierta forma muestran hasta donde podría ser efectivo el procedimiento para alargar su vida útil.

Pero el presidente ruso, Dmitri Medvedev, aunque reconoció la víspera que era necesario elevar las demandas de seguridad para la construcción o mantenimiento de las centrales nucleares, estimó imposible poner freno al desarrollo tecnológico.

Medvedev defendió que la energía atómica era el futuro y se sitúa como verdadera alternativa al empleo de hidrocarburos que tanto daño causan a la ecología en estos momentos.

Sin embargo, lo ocurrido en Fukushima-1, con el trasfondo de la conmemoración de la catástrofe de Chernobil, aumentó el movimiento de protesta y denuncia de ecologistas en todas las latitudes del orbe.

En Chernobil, una planta nuclear estrenada apenas dos años antes de la catástrofe y en la cual estaban instalados los reactores más potentes para su tiempo, pero desconocidos en el extranjero, trabajaron unas 600 mil personas para liquidar el desastre.

La Unión Soviética construyó allí en unos pocos meses, a ritmo del famoso minero Stajanov, un enorme sarcófago destinado para 15 años y que ahora funciona por más de una década por encima de sus posibilidades.

El nuevo proyecto de casco protector, la llamada Cobertura, demandará inversiones por unos 740 millones de euros en su parte fundamental, aunque los gastos de infraestructura pueden elevar la cifra a unos mil 200 millones de euros.

Por años Ucrania, más inmersa en sus batallas políticas internas y lucha por el poder, tuvo poco éxito en recaudar el referido financiamiento. El gobierno del presidente Viktor Yanukovich, coyuntural o no, logró una eficaz conferencia de donantes en Kiev.

Con el trasfondo de lo vivido en Fukushima-1, grandes potencias y centros financieros prometieron aportar unos 570 millones de euros para las obras del proyecto Cobertura, una cúpula que será montada a unos kilómetros del reactor y luego será llevada allí en rieles.

La obra ingeniera tratará de disminuir los actuales niveles de radiación que todavía obliga a mantener una zona de 30 kilómetros de exclusión, donde no se puede tocar, extraer, sembrar o comer nada por más de un siglo del efecto nocivo que causa la radiación.

Cerca de una treintena de personas pereció en los primeros días del accidente, mientras hay quienes consideran que otras 20 mil murieron o se encuentran gravemente afectadas y unas 300 mil registran padecimientos cancerígenos.

Desde Cuba llegó a Ucrania la ayuda solidaria con el llamado programa de Chernobil, por el cual 26 mil niños recibieron tratamiento gratuito en el centro de rehabilitación de Tarará, donde especialistas cubanos acumularon una valiosa experiencia en esa esfera.

Sin dudas, es difícil negar el efecto de lo ocurrido en Chernobil, cuando a la atmósfera fueron arrojadas ocho toneladas de combustible radiactivo, cuyos efectos llegaron a Finlandia y Suecia por un lado y al norte de Italia, por el otro, con cinco millones de damnificados.

Los que abogan por mantener el empleo de la energía nuclear deberán ofrecer fuertes argumentos por estos días sobre la seguridad de las plantas atómicas, sobre todo, cuando se trata del proceso del cierre permanente tras caducar su tiempo de explotación.

* El autor es corresponsal de Prensa Latina en Rusia.

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La ONU pide apoyo internacional para víctimas de Chernobil

El 25 de abril, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon reclamó el apoyo de la comunidad internacional para la plena recuperación de todas las poblaciones afectadas por el desastre nuclear de Chernobil.

En un mensaje con motivo de cumplirse el 25 aniversario de aquella catástrofe, el titular de la ONU indicó que, según los científicos, la vida normal es completamente posible para muchas de las personas en las áreas dañadas. “Pero las inversiones y los empleos son cruciales” en ese empeño, apuntó al llamar a “disipar la última nube de Chernobil y ofrecer un futuro mejor a quienes llevan mucho tiempo bajo su sombra”.

Ban Ki-moon reiteró el compromiso de la ONU para enfrentar el asunto en todos sus aspectos y ejecutar el Plan de Acción sobre Chernobil dentro de la Década para la Recuperación y el Desarrollo Sostenible (2006-2016) proclamada por la Asamblea General.

En su mensaje, el secretario general resaltó la importancia de fortalecer el régimen global de seguridad nuclear, cuestión colocada en el primer plano a raíz de los recientes acontecimientos en la planta japonesa de Fukushima. El debate sobre cómo garantizar el uso pacífico de la energía nuclear y la seguridad máxima en esa materia, adquiere gran significación en momentos en que aumentan los efectos adversos del cambio climático y se espera un crecimiento de la demanda de ese tipo de energía, concluyó.

El 20 de abril abrió puertas en Ucrania la conferencia científico-práctica “25 años de la catástrofe de Chernobil, seguridad futura” con la participación de jefes de Estado y organizaciones internacionales. El foro ocurre después de una reunión de naciones donantes para el Fondo de Chernobil, tras el cual se anunció la recogida de 550 millones de euros, de los 740 millones que Kiev considera necesarios para un nuevo sarcófago.

Ucrania logró recaudar 550 millones de euros para construir un nuevo sarcófago en el cuarto bloque de la central nuclear de Chernobil, durante una conferencia internacional de donantes en esta capital. Este foro para tratar los “proyectos de Chernobil” se convirtió en un paso importante en relación con reuniones anteriores, declaró el presidente ucraniano Viktor Yanukovich, al intervenir en el evento.

El evento se desarrolló en el marco de la jornada de recordación del aniversario 25 del desastre de Chernobil que dañó con la radiación a unos 50 kilómetros cuadrados en este país, 40 en Belarús y unos 20 en Rusia, con afectaciones para millones de personas. Las autoridades ucranianas consideran que serán necesarios unos 740 millones de euros para los referidos trabajos ingenieros en Chernobil.

La construcción del llamado proyecto “Cobertura” puede llegar a costar unos 1.200 millones de euros si se incluyen los gastos de infraestructura donde hace medio siglo estalló el cuarto bloque de la referida central nuclear con afectaciones en parte de Europa del este.

El director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) Yukiya Amano declaró que era necesario el estudio de las causas y consecuencias de la catástrofe en la planta atómica de Fukushima-1, luego del terremoto y el tsunami en Japón del pasado 11 de marzo.

Amano reconoció que se trata de un incidente muy serio, pero llamó a analizar el asunto atómico con una perspectiva más amplia. Por su lado, el viceprimer ministro ruso Igor Sechin consideró que sin la energía nuclear será difícil enfrentar los retos de garantía energética de la humanidad, pues el referido elemento constituye la locomotora de las nuevas tecnologías.