No debiera parecer irracional exigir a los amigos argentinos del “proceso político boliviano” (que no se reduce al MAS ni a la ideología populista del evismo) un mínimo de seriedad con lo que se dice y escribe sobre la historia y lucha de los trabajadores en Bolivia, de manera que René Zavaleta no sea un cliché ni Hernández Arreghi un desconocido, cuando se trata sobre lo nacional-popular y la izquierda.

No es la primera vez que ocurre: los llamados regímenes populistas vuelven loca a alguna gente. Cada vez que hay un ciclo ‘populista‘ –que creo que es mejor llamar nacional-popular dada la carga prejuiciosa del término populista- mucha gente conservadora pero también de izquierda reacciona con una virulencia que le hace perder la razón y las diatribas reemplazan cualquier análisis de la realidad”. (“¿El ‘populismo‘ enloquece a alguna gente?”, de Pablo Stefanoni, en Página 7 y www.rebelion.org del 28.04.11. cursivas mías).Sí, en ocasiones anteriores como durante el ciclo populista del general Perón en la Argentina, un conservador conocido como Jorge Luis Borges, razonó en 1957 contra los fieles del Padre de los Pobres, que “la ética no era una rama de la estadística” y que “una cosa no deja de ser atroz porque millares de hombres la hayan aclamado”, en un lenguaje que lo volvía “un loco” ante los peronistas. Y hubo también al menos un ciclo de populismo clásico en Bolivia (1952), en que desde la izquierda socialista se criticara el programa democrático-burgués de la nacional-populista UDP por un “despistadito” -como llamó Jaime Paz Zamora a Marcelo Quiroga Santa Cruz; “izquierda marginal, testimonial”, añadió Antonio Aranibar, otro dirigente del MIR, del que también era parte el actual jefe del MSM, Juan del Granado, quien ahora reivindica esa memoria socialista.El periodista Stefanoni ignora o quiere ignorar, no sólo estos ejemplos que invalidan su desengañada defensa del populismo, también nos ofrece un lenguaje irrecusablemente situado en un lugar que -todo lector lo habrá comprendido- no corresponde al del análisis de la realidad, sino a la cada vez más débil ideología del evismo. Entre “la gente” que parece haberse “vuelto loca” por sus críticas al gobierno del MAS, están en primera fila los trabajadores que reúne la Central Obrera Boliviana, quienes, menos ilustrados que Stefanoni pero situados no en el rol del reportero sino en la incontrastablemente dura realidad económico-social, en efecto han coreado por las calles en las últimas semanas una diatriba insoportablemente real para los oídos evistas: “Si esto es el cambio, el cambio es una mierda”.

El lenguaje del periodismo evista

La frivolidad del lenguaje de Stefanoni y su ideología reaccionaria, se transparentan en el lenguaje periodístico que exhibe, no menos que en su reciente texto sobre la historia contemporánea boliviana titulado: “Qué hacer con los indios…” y otros traumas irresueltos de la colonialidad, La Paz, Plural, 2010. Desmerece así su pretensión públicamente expresada semanas atrás (diario Página 7), en el sentido de aportar a la decaída “narrativa” del evismo, es decir, el discurso nacional-populista que hace del Presidente Evo Morales un caudillo. Hace unos días, un artículo mío titulado “Mandar, amenazando al pueblo” y que, con base en el epígrafe sería uno de aquellos que desde la izquierda serían “irracionalmente virulentos” contra el populismo y “faltos de todo análisis de la realidad”, mereció el comentario de un tal “Pablo”, que por el contenido defiende la postura de Stefanoni. Lo transcribo aclarando que la K mayúscula se refiere a la corriente dominante del actual peronismo argentino, el kirchnerismo: “Hay gente que no puede diferenciar afirmaciones de ironías… me hizo mucha gracias la acusación de ser K. Pablo“. Si dicho “Pablo” no fue Stefanoni, hay que decir que su estilo es idéntico; si lo fue, queda evidencia de su nula autocrítica. La ironía referida alude al “peronismo infinito” que yo cuestiono; la dudosa filiación de Stefanoni como kirchnerista, en cambio, me llevó a citarlo un poco más, siempre en referencia al artículo suyo y es útil reproducirlo en tanto identificación del kirchnerismo con lo nacional-popular argentino: «La pelea con Clarín, el matrimonio gay o las políticas sociales están en el haber K, y en la columna del debe, la oposición no ofrece mucho para superar al Gobierno en términos de transparencia, mejor gestión económica, y otras virtudes republicanas. (…) Hoy el voto por la continuidad [del kirchnerismo] en medio de otro boom económico es sin culpa, y hasta setentista y nacional popular. Pablo Stefanoni».Está claro que hablar de “gente” con imprecisión, es uno de los recursos retóricos del ninguneo, que por lo visto Stefanoni está dispuesto a multiplicar, lo que importa un nuevo error de apreciación del contexto en el que sitúa su discurso. Stefanoni -periodista e investigador de CLACSO y ex director de Le Monde Diplomatique- que se autodefine como “izquierdista” (op. cit.p. 174), ignora códigos éticos que le han sido disculpados por camaradas suyos del MAS (Raúl Prada se ha referido tangencialmente a la representación que ostenta quien escribe) en la habitual forma, casi inaudible, de la cortesía boliviana, desatendiendo lo cual intenta -como haría un asiático globalizado, aleccionando a Stefanoni sobre el significado del barrio de Palermo- señalar al pueblo trabajador de Bolivia lo que realmente quieren y deben hacer sus organizaciones sindicales y políticas. Lo que, me permito constatar, evidentemente no hacen ni tienen por qué hacer si atienden a sus propios intereses.

Adhiriendo a una historia reaccionaria de la UDP

Si hay algo que pretende revisar Stefanoni, con un ojo en el evismo y otro en la derecha boliviana, es la historia política durante el periodo de la UDP, que ha resurgido artificiosamente en el discurso atemorizante de la derecha empresarial, ante la protesta obrera postgasolinazo. Es que el desprestigio bien merecido del régimen de la UDP (1982-1984), que es calificado ahora erróneamente de izquierda y por supuesto no fue estimado así por los trabajadores ni los campesinos de entonces, significó una suma heteróclita en un frente político de más de una decena de organizaciones (ni toda la izquierda, ni todos los indianistas e indigenistas) cuyos saldos perviven en el evismo, con la tozuda incomprensión de su fracaso histórico. Marcos Domich Ruiz del PCB, que declarara antológicamente durante el gobierno de Paz Zamora (1992) que “volvería a hacer lo mismo si naciera de nuevo” (revista Época, núm. 46, p. 57), ilustra la falta de imaginación burocrática de la izquierda que secunda al MAS.En lo esencial fue la socialdemocracia del MIR de Paz Zamora -al que Stefanoni elogia y libra de todo “narcovínculo” falseando las razones del retiro de visas estadunidenses a los altos dirigentes de ese partido (op. cit., p. 144, n. 240), cada vez mejor acogido en el Palacio Quemado- y su programa democrático-burgués (que el PCB acompañara enmascarándolo de izquierda) el que hegemonizó a la UDP.Por eso el desprestigio histórico de la UDP no se debe a que cediera a las demandas de los trabajadores, no lo hizo, sino a que por su política populista favoreció el enriquecimiento especulativo de la banca, deprimiendo el salario de los obreros y el precio depauperado de los productos de agro, si bien no reprimió la presión movilizada de los trabajadores como hace el MAS cada vez con mayor virulencia real y discursiva. Fue la falta de consecuencia con el pueblo lo que hizo que la UDP sirviera a la derecha para extender hasta hoy injustamente aquella incapacidad a toda la izquierda, en particular a la que lo era en teoría y práctica, es decir, al programa revolucionario socialista, alejado de los apetitos burocráticos con que suele obnulibar el poder estatal. Entre esa izquierda consecuente estaba el socialismo proveniente del Partido Socialista Uno (PS-1) de Quiroga Santa Cruz, que fue eliminado físicamente sin que la UDP ni el MAS investigaran, juzgaran y sancionaran dicho crimen de lesa humanidad. Tan delicado con quienes hoy esgrimen argumentos de derecha recordando haber sido perseguidos políticos (el señor Gabriel Tamayo), Stefanoni calla la impunidad que el evismo al que admira reparte entre militares y policías de manera cada vez más alarmante.

El camino sin bordes del oportunismo político

Pero lo que resulta inaceptable desde cualquier punto de vista de izquierda, es la retórica de Stefanoni, en el libro citado, acerca de la conveniencia de un nuevo “entronque histórico” con el 52, a cuenta del MAS, legitimando el papel del MIR de Paz Zamora en la elección de Evo Morales como diputado, antecedente institucional de su posterior liderazgo y actual gobierno.Es algo que los dirigentes del MAS aludidos de participar de ese acuerdo secreto para el pueblo -como Rafael Puente y Filemón Escóbar- aclararán, si es que no subestiman su significado político, mismo que Stefanoni desestima concluyendo que “el actual proceso de cambio (habría) reactivado los principales significantes del Estado del 52”, lo que en su opinión era deseable frente a “la idea de un proceso refundacional sin entronque histórico (y) funcional a las lecturas binarias [se refiere, entre otras, a la distinción entre izquierda y derecha], incapaces de reconocer anteriores procesos de cambio político y social” (op. cit., pp. 168-171. Cursivas mías). De modo que no debiera parecer irracional exigir a los amigos argentinos del “proceso político boliviano” (que no se reduce al MAS ni a la ideología populista del evismo) un mínimo de seriedad con lo que se dice y escribe sobre la historia y lucha de los trabajadores en Bolivia, de manera que René Zavaleta no sea un cliché ni Hernández Arreghi un desconocido, cuando se trata sobre lo nacional-popular y la izquierda. Con más razón respecto al socialismo, en vez de silenciarlo, así como para no repetir adjetivos vacíos tales como izquierda “libertaria” o socialismo “comunitario”, mismos que Stefanoni publicita, simultáneamente a la devoción patriótica que afecta al Vicepresidente, ahora aferrado a besar la bandera y portando el estandarte del agravio contra los trabajadores, al que me referiré por los ecos cívicos correspondientemente infantiles que provoca en algunos otros periodistas del diario oficialista Cambio, que también parecen creer que escriben con tinta invisible.

El ninguneo de la crítica de izquierda

Es comprensible el irritado lenguaje del evismo, que escribe la historia con cada vez más amigos a la derecha (Jaime Paz, Carlos Mesa, Fernando Molina, Carlos Toranzo…). La retórica de Stefanoni puede exorcizar a la derecha pero ya no simular que es de izquierda; si puede escribir en el artículo que da epígrafe a este comentario, que “pese a quien le pese, Bolivia está cambiando”, debe admitir que a quienes pesa no es solamente a la COB sino a sectores campesinos del occidente (mayoría de electorado antes proclive al MAS, como la CONAMAQ) y a los mismos cocaleros, que sobrepasando a sus dirigentes oficialistas obligaron a torcer el brazo al presidente Evo Morales en diciembre pasado. A fines de abril del 2011 hay que decir, que no existe sector social cuyas demandas no vayan en contra de la nueva e impopular elite evista. En cuanto al aporte al “pensamiento crítico” que Stefanoni se arroga como contribución al “proceso de cambio”, sencillamente falta a la verdad, pues su propia práctica es reactiva a la crítica, y no de la derecha sino de la izquierda. No es distinta la política del diario Cambio como lo he argumentado en varias oportunidades, sin que hubiera desmentido o refutación alguna.Curioso método evista…Cuán bien sirve el embajador de Bolivia en México a su oficio periodístico y como, recíprocamente, el diario oficialista Cambio, honra las funciones diplomáticas del gobierno que defiende encargando dichas notas, queda registrado en los artículos que Cambio publica regularmente bajo el seudónimo de Coco Manto. De manera semejante, en el caso que cabe comentar respecto a la inopinada y reciente devoción cívica del Vicepresidente, el nombre del autor y el título del artículo no importan tanto como el contenido del mismo, baste señalar que Cambio lo publicó las últimas semanas de abril.El periodista a cargo de la nota en cuestión, narra una secreta escena nocturna de la que habría sido casual testigo, reclamando al lector una irrestricta credulidad (el Vicepresidente en gestos de devoción anónimos, ofrendados a la bandera nacional) y con base en ello censura a los trabajadores de la COB, por no saber de aquella devoción que relata y que en su opinión explicaría la exagerada molestia vicepresidencial y su patética exigencia de “desagravio” a la enseña patria y la wiphala, por las protestas callejeras que mancharan de rojo ambas en el Ministerio del Trabajo.

… de morderse la cola

Pero además, el mismo periodista reclama de todos una fe a prueba de toda realidad, cuando pide advertir la grandeza del Vicepresidente por esos gestos no registrados, dice y al escribirlo lo registra, en los medios de prensa oficialistas (sic). Tan abrumadora emocionalidad del cronista, turbada por la búsqueda de justificaciones a las que el evismo acrítico conduce, parece en buena lógica casi insuperable. Salvo por la propia realidad, aquella que Stefanoni tiende a ocultar y sólo atiende retóricamente, que acaba de proveer otro ejemplo más reciente. Ante las diatribas que el Vicepresidente lanzara contra los trabajadores movilizados (“casi delincuentes” los llamó), un ampliado de la COB consideró en estos días, en atención a la legislación vigente, proponer la revocatoria de su mandato por acusaciones infundadas contra la matriz obrera. El vicepresidente ha respondido, actualizando esas razones: “Si éste grupo de dirigentes conservadores quieren pedir la revocatoria del Vicepresidente porque defendí la bandera boliviana, defendí la wiphala de la agresión de algunos dirigentes, no tengo ningún problema” (Los Tiempos, 29.04.11. Cursivas mías).

La brújula de la izquierda son los trabajadores movilizados

Algunos periodistas lo han advertido con mejor instinto, aunque su postura “con los de abajo” es todavía intermitente (véase de Raúl Zibechi, en www.kaosenlared: “Cinco lecciones del gasolinazo boliviano y una alerta roja nacional”, 01.02.11): la única brújula de orientación acerca del rumbo de la realidad social es siguiendo el sentido de la movilización obrera y popular, y ésta va contra la postura nacional-populista del evismo y sus continuadores del MSM (ex aliado del gonismo y del evismo) que muestra la misma orfandad política clasista. La “movilización” que Juan del Granado anuncia por el tema de los jueces, es y no puede ser de otro modo, una mera simulación, semejante a los más recientes círculos verbales de Stefanoni: “En su ceguera, los antipopulistas, a menudo antipopulares, no pueden ver” (sic).

Nacionalismo moderado o izquierda consecuente

Stefanoni haría bien en abandonar lo que parece un sentimiento de ironía incomprendida y comenzar con la ineludible reflexión autocrítica que declara pero no ejerce, acerca de su propio papel contrario a la real y objetiva protesta obrera boliviana, frente a la ideología nacional-populista que él como periodista y escritor se esmera en defender, pues, a la inversa de las masas trabajadoras peronistas de los 70 que, “lastradas por no pocas adherencias ideológicas del nacional-populismo” (según analizaba Quiroga Santa Cruz en 1975) tardarían en comprender la rebeldía de la juventud de entonces enfrentadas al viejo Perón, los obreros bolivianos han estado histórica y tradicionalmente a la izquierda de los dirigentes y por eso es también errónea la socialdemócrata acusación de haber desestabilizado al gral. Juan José Torres cuando constituía su incipiente institucionalidad propia, la Asamblea Popular (1970-1971). Todo para denostar la movilización contra la política económica del evismo, única manera de resistir al capitalismo desarrollista “con conciencia ecológica” que Stefanoni y el gobierno del MAS postulan, entregándose al juego populista que más tarde la derecha empresarial y las instituciones represivas del Estado defenderán, cuando la presión de los trabajadores se articule mejor, como indudablemente, por fuerza de las circunstancias del deterioro evista, sucederá.

* Profesor universitario de Ciencia Política y Administración, reside en México (hugorodasmorales@gmail.com). Fuente: www.hora25.org