La Habana, (PL).- La modernidad y globalización impactaron la sociedad de hoy de tal manera que las familias están también afectadas por estos fenómenos, afirmó la doctora Patricia Arés, psicóloga y profesora titular de la Universidad de la Habana.

Esos procesos desarticularon el equilibrio entre las esferas más importantes de la vida, como la familia, el trabajo y el tiempo libre haciendo difícil su conciliación, manifestó.

Recientes investigaciones apuntan hacia consecuencias negativas de los conflictos familia-trabajo, entre ellas mayores riesgos de salud para padres que trabajan, un mal desempeño en la función parental, tensión psicológica, ansiedad, irritación frecuente, depresión, estrés laboral y diversos problemas psicosomáticos.

En un artículo entregado a Prensa Latina, Arés explica además que la globalización provocó una estructura laboral deslizante y precaria, acelerando las migraciones, el desempleo y las franjas marginales.

Por su parte, el desarrollo tecnológico y la gran influencia mediática de los medios de comunicación, hicieron surgir valores emergentes que deconstruyen las visiones y valores familiares tradicionales.

En ese contexto, expresó, se ensarta la familia cubana, que enmarcada en procesos de cambio y transición interacciona con los fenómenos sociales y de actualidad, diseñando estrategias nuevas de vida como formas de acomodación y afrontamiento a los mismos.

La transitoriedad de las uniones, variablidad de las parejas, relación estrecha entre vecinos y la convivencia, que convierte en familia lazos culturales y no biológicos, contituyen rasgos distintivos de la realidad social y familiar cubana, señaló la experta.

Desde un punto de vista evolutivo, transitan por crisis frecuentes, desmembramientos tempranos, principalmente por divorcio o emigración; crisis de inclusión de nuevos miembros (parejas), hijos adultos que retornan al hogar de origen luego de un divorcio, y el fenómeno de los nietos instantáneos.

Este un fenómeno cada vez más frecuente en la actualidad, son los hijos de la nueva pareja que comienzan a ser convivientes, explicó la experta.

Tambien hay crisis por emancipación tardía o frustrada, hijos adultos que nunca se van por falta de nueva vivienda, creando una subfamilia dentro de la de sus padres.

La transitoriedad de las uniones, variablidad de las parejas, familismo cultural, relación estrecha entre vecinos y la convivencia -que convierte en familia lazos culturales y no biológicos- contituyen rasgos distintivos de la realidad social y familiar cubana, resaltó Arés.

Sin embargo, exhibimos una realidad social sui géneris, que contrasta con el aislamiento y privatización de la vida que existe actualmente en otros países, aseveró.