La centenaria demanda boliviana de una salida “soberana” al mar Pacifico, a través de su territorio ocupado hoy por Chile, perdido primero con una invasión pacifica y luego con una guerra financiada por el Reino Unido, ha sido sólo una larga secuencia de negociaciones aparentes, con la respuesta implícita de una negativa centenaria, que por las declaraciones de las diferentes autoridades gubernamentales chilenas, suenan a “puras leseras”.



La demanda boliviana, ha sido tan insistente como las olas, se han escrito un mar de cartas y tratados, han dialogado presidentes y dictadores, la respuesta siempre ha sido la misma negativa, y en las actuales intenciones de diálogo condicionado por la diplomacia chilena, sólo se ve la repetición de la historia de una negativa anunciada.
La falta de respeto de los legisladores chilenos, de calificar de ridícula la demanda de una salida soberana al mar por parte de Bolivia, no muestra una intención de dialogo franco y respetuoso, de una negociación que pretenda dar solución al problema centenario, mas bien entra en un terreno de beligerancia y soberbia.

Cuando Bolivia inicia negociaciones con Chile, resulta que por alguna cláusula alegre del tratado, debe intervenir la republica del Perú, cuando se intenta un acuerdo tripartito, Chile plantea buscar un acuerdo solamente con Bolivia.

Chile juega sus cartas diplomáticas con la habilidad de un tahúr, y cuando las cartas comienzan a no darle los resultados previstos, saca sus ases debajo de la manga, en caso de emergencia, como en el lejano oeste, sabe que está muy bien armado, que cuenta con uno de los ejércitos mas equipado bélicamente de la región.
Las riquezas que Bolivia ha perdido en la contienda de la guerra del Pacífico, rebasa la pérdida de una salida soberana al mar, hay que añadirle la pérdida del comercio de guano, del salitre, las minas de cobre que hoy hacen de Chile una de las naciones lideres en la exportación de este mineral.

Chile después de usurpar la salida al mar a Bolivia, también desvió las aguas del río Lauca, y como si esto no fuera suficiente, se niega a pagar las aguas que consume del Silala. El agua en el planeta se ha convertido en un recurso tan demandado, que muchos analistas lo ven como el próximo detonador de guerras, al igual que hoy es el petróleo, sólo el 2% del agua del globo es potable, con el calentamiento global y la explosión demográfica este problema se agudizará de forma alarmante, en muchos mercados el litro de agua es mas caro que el litro de gasolina, habría que preguntarnos quién es el ridículo.

Frente a la imposibilidad de mantener un dialogo roto, y para no ser vistos como ridículos, al demandar con razones y por medios legales y diplomáticos, de acuerdo a las ultimas aseveraciones de las autoridades chilenas, ¿Bolivia debe iniciar una carrera armamentista?, ¿La única forma de recuperar su salida al mar es por la misma vía por la que la ha perdido? ¿Esta última ridiculez es la que plantean las autoridades chilenas? ¿No hay otra solución?