(Hora 25).- Durante la primera gestión de Evo Morales (2006-2009) las mineras exportaron por un valor de $us 5139 millones y dejaron al país 170 millones de dólares por regalías. En la gestión 2010 se exportó $us 2300 y las regalías totalizaron $us. 120 millones. Se proyecta para el 2011 $us 4 mil millones de exportación de los cuales sólo 200 millones de dólares se quedarán por este concepto en los municipios y departamentos productores. Esto es saquear a un país empobrecido. Marcelo Quiroga Santa Cruz, señalaba insistentemente que el reconocimiento del enemigo principal, las transnacionales, propicia la unidad para recuperar y retener el excedente económico, base de la liberación nacional. 

El poder transnacional minero en Bolivia, personifi­cado por Gonzalo Sánchez de Lozada, mantiene inalterable el irracional e inmisericorde saqueo de nuestros recursos mineralógicos cuya exportación como materia prima, sin industrializar, significará en la gestión 2011 $us 4 mil mi­llones de los cuáles sólo el 5 por ciento por concepto de regalías, 200 millones como máximo, se quedarán en Bolivia, mientras el país enfrenta una profunda crisis económica, energética y alimentaria, cuya solución planea ser cargada por el gobierno de Evo Morales a los estómagos y espaldas de la empobrecida na­ción boliviana, ya sea vía “gasolinazos” e “impuestazos”.

La aritmética del gobierno suma 500 millones de dólares para la gestión 2011 entre regalías ($us. 200) e impuestos ($us. 300), pero la cifra no logra ocultar el saqueo inmisericorde de los recursos naturales de Bolivia por las multinacionales mineras.

¿Hasta cuando la explotación y saqueo de nuestros minerales?

En el caso de la minería, las transnacionales lograron invisibilizarse y conseguir la protección de un hábil cerco mediático, intelectual y social, que le impide ver a la nación boliviana la magnitud del saqueo minero.

Cabe decir que la minería ha superado las exportacio­nes de hidrocarburos y concentró su pode­río económico en San Cristóbal, la mina de plata más grande del mundo de propie­dad de la japonesa Sumimoto.

En esta dirección, una de las tareas pendientes de la “Guerra del gas” de octubre de 2003 es visibilizar al otro pilar de nuestro empo­brecimiento: la minería.

Marcelo Quiroga Santa Cruz, señalaba insistentemente que el reconocimiento del enemigo principal (las transnacionales) propicia la unidad de gobernantes y gobernados para recuperar y retener el excedente económico de las empresas transnacionales.

Para el caso, el país exige mínima­mente la creación del Impuesto Directo a la Minería (IDM) de un 50 por ciento, como en hidrocarburos, o pasar di­rectamente a la nacionalización e industria­lización de los minerales como exige la “agenda de octubre” de 2003, cuya validez y pertinencia histórica, apuntó en pri­mer término a los hidrocarburos y se extiende naturalmente a la minería y todos nuestros recursos naturales.

Datos escalofriantes del saqueo

Durante la primera gestión de Evo Morales (2006-2009) las mineras exportaron por un valor de $us 5139 millones y dejaron al país 170 millones de dólares por regalías. En la gestión 2010 se exportó $us 2300 y las regalías totalizaron $us. 120 millones. Se proyecta para el 2011 $us 4 mil millones de exportación de los cuales sólo 200 millones de dólares se quedarán en los municipios y departamentos productores. Esto es saquear a un país empobrecido.

Esta situación colonial no le preocupa al gobierno “del cambio”.

Ante los pedidos de aumento salarial, el viceministro de Coordinación con Movimientos Sociales, César Nava­rro, argumentó que cada aumento adicional del cinco por ciento al salario, que exigía la COB, demandaría 150 millo­nes de dólares.

Si comparamos ambos datos, sólo doblando las rega­lías mineras de 5 al 10%, habría la cantidad suficiente de recursos para satisfacer la exigencia de los asalariados. Más aún, con la aplicación de un IDM de alrededor del 45% se ten­dría el excedente básico para transformar el país con proce­sos de industrialización de las materias primas.

Sin embargo, la propuesta gubernamental de modifi­cación de la Ley de Minería apunta a incrementar las re­galías a un siete por ciento como máximo que no llegará a recaudar ni siquiera 100 millones de dólares adicionales, consolidando las extraordinarias ganancias a las mineras.

Surca un sudor helado en la cabeza de nuestros go­bernantes cuando San Cristóbal pierde $us 3 millones por cada día de paro, como ocurrió recientemente, pero no se les mueve ni un pelo cuando la empobrecida nación boliviana en justicia exige cambiar su destino y mejores condiciones de vida. Nos preguntamos: ¿los accionistas de la Sumito­mo propietario de mina San Cristóbal sufren lo que el boliviano de a pie? La respuesta es por supuesto que no. Los primeros son multimillonarios que pecan de avaricia y no son como el pueblo boliviano que vive el día a día y sólo sueña con un futuro diferente para sus hijos.

Chile ambiciona más que el gobierno de Bolivia, pues busca subir del 4 al 9 por ciento las regalías a las empre­sas transnacionales para recaudar $us 1000 millones en un trienio para financiar la reconstrucción de las poblaciones afectadas con el terremoto y tsunami del año pasado. Noso­tros fuimos azotados por los efectos del cambio climático y desde el poder se ciega a la población para no afectar los intereses transnacionales.

Fiscalización e industrialización

A pesar de los exorbitantes excedentes declarados ofi­cialmente en la minería de exportación, se añade otro ele­mento increíble, ninguna autoridad ni institución realiza la fiscalización sobre el contenido y cantidad de concentrados de mineral que se exportan anualmente.

La norma establece que debemos confiar en la buena fe de las empresas que firman una declaración jurada sobre el volumen y calidad de sus exportaciones.

Publicaciones especializadas en el exte­rior e incluso revelaciones de algunas ex-au­toridades del sector, señalan que las transna­cionales sólo reportan el 50 por ciento de sus ventas en el exterior. Es decir, si el gobierno informó, en su reciente pasado periodo, expor­taciones por $us 5 mil millones, debemos con­tabilizar los mismos como 10 mil millones.

Mientras el pueblo se debate en la pobreza y la desesperanza, el poder multinacional en­frenta y confunde al país con el discurso político del plurinacionalis­mo que no es más que el fundamento ideológi­co del neocolonialismo.

Concentrados, otro engaño descomunal

Aún más, si la cantidad de la exportación de minerales es un engaño descomunal, el con­tenido de los concentrados es otro gigantesco misterio que expertos de la Unión Nacional de Defensores de los Recursos Naturales de Bo­livia (UNADERENA), están revelando. Por ejemplo, es el caso del zinc, producto estrella de la actividad minera.

Actualmente, las empresas pagan entre 300 y 400 dólares por tone­lada, pero si cobráramos por el indio, estaño, plomo y cobre entre otros que contienen los concentrados de zinc, podría­mos percibir unos 2000 dólares adicionales por tonelada. Es decir, de $us 1800 millones que recibimos hoy por el zinc, nuestros ingresos se multiplicarían a 10.000 millo­nes.

En otras palabras tenemos dos opciones: mejorar la fiscalización a cada molécula de mineral que exportan las mineras o comenzar con la industrialización de los mismos en el país para generar fuentes adicionales de recursos, empleos, co­nocimiento, tecnología y valor agregado.

En este contexto, al pueblo y a su dirigencia esclare­cida no le queda otro camino que luchar por su liberación y felicidad, nacionalizando e industrializando sus recursos naturales, o mantenerse en la desesperanza y tristeza.