La televisión abierta en nuestro país está muy próxima al grado cero en calidad de información al público. Vivimos la situación paradojal en la que los noticieros centrales que ofrecen a los chilenos las diversas estaciones coinciden en una pauta que, en estricto rigor, excluye las noticias. Todo parece resolverse en un conjunto de imágenes misceláneas sobre “mapuches emprendedores”, “la llegada al país de los automóviles eléctricos” y la figura sonriente del presidente inaugurando la primera “electrolinera”.


En nuestro país se ha llevado al extremo una tendencia mundial señalada por los estudiosos en comunicación, se ha instalado con fuerza la noción de “info-entertainment”, esto es, los noticieros como parte de la distracción de masas. Así, bajo la rúbrica de “noticia”, desfilan los ejecutivos de grandes tiendas, anunciando la llegada del último teléfono celular inteligente o cualquier otra novedad para el consumo. Llegada la hora de poner en pantalla alguna información contingente, invariablemente es de corte policial o deportiva. En suma, los noticieros someten a sus audiencias a una tensión continua entre el placer del consumo suntuario y la amenaza sangrienta de la delincuencia.

La imagen de nuestra sociedad que se puede deducir de estos “noticieros televisivos” es la de un país ideal donde no existe un 20% de pobres; un país donde el gobierno hace bien las cosas y de manera transparente y no la de un país donde el índice de desigualdad es de los peores en el ranking de la OCDE. En fin, se transmite la imagen de un país exento de conflictos políticos y sociales, pues todos ellos aparecen asociados a conductas delictuales controladas por las fuerzas del orden.

Nuestra televisión construye día a día un imaginario profundamente conservador que afirma las figuras arquetípicas de nuestros orígenes, curas, militares y mercaderes y exalta, al mismo tiempo, la sociedad de consumo como consumación del deseo y la libertad. Nuestra televisión no sólo es conservadora sino, además, autorreferente, pues se nos informa poco de lo que acontece en otras latitudes y ni hablar de otras realidades latinoamericanas. Una simple comparación con noticieros internacionales nos muestra la mala calidad periodística en que se encuentra sumida nuestra televisión.

En estos tiempos del “chilean way” han desaparecido los pobres, los trabajadores, los campesinos, los mapuches (salvo los emprendedores), todos los chilenos se han convertido en consumidores o “hinchas”. El fútbol – espectáculo escenifica hoy cualquier conflicto posible, en cada clásico irrumpe, simbólicamente, aquello que la sociedad excluye por definición. Nuestra televisión se aproxima, de este modo, al grado cero en que las imágenes seducen sin apelar a contenidos que las trasciendan.

* Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS.