Cuando estuve en 2005 en el Congreso de Estados Unidos, mostrando las lesiones que el TLC traería a Colombia, representantes demócratas a la Cámara manifestaron temor de que este tratado aumentara el desplazamiento de empleos norteamericanos. En carta reciente al presidente Obama, sintetizan su posición: “Durante demasiado tiempo, los trabajadores estadounidenses vieron que los acuerdos comerciales estilo TLCAN envían sus trabajos al extranjero. Hay que asegurarse de que todos los estadounidenses verán y sentirán los beneficios del comercio, no sólo una clase de intereses especiales”. (http://lindasanchez.house.gov/index.php?option=com_content&task=view&id=600&Itemid=45).

Este sentimiento incluye al 60% de los votantes republicanos, quienes creen que el libre comercio ha dañado a su país. Grupos ciudadanos -como Public Citizen- dicen que, por la globalización, Estados Unidos “ha visto el estancamiento económico, pérdida neta de empleos y salarios apenas a la par con la inflación”. Otros congresistas, insisten en agendas comerciales que reflejen “valores americanos”, “abrir mercados extranjeros para los exportadores estadounidenses, fortalecer nuestras medidas de defensa comercial contra las importaciones desleales”, para ello promueven un proyecto, 496 HR de 2009, Trade Enforcement Act, que no es ley pero que lo sería como addenda al Acuerdo con Colombia. La salvaguardia al trabajo, exigida en el Plan de Acción, con sindicatos, convenciones colectivas, ministerio, inspectores, seguridad es, ante todo, preocupación proteccionista norteamericana para impedir “dumping laboral”; que ni las exportaciones desde Colombia sean en condiciones viles ni a las importaciones yanquis se les compita con contratos laborales “basura”.

Algunos pensarán en beneficios para la clase trabajadora nacional. No obstante, al mirar la realidad del mundo laboral de Colombia, las ilusiones se derrumban. Los estudios enseñan que en el TLC las importaciones crecerán más que las exportaciones y esto causará desempleo. Por esta vía no bajará la desocupación de dos dígitos, que llegó en febrero de 2011 a 2,8 millones de personas, al 12,8%; ni menos cesará la informalidad, principal forma de enganche, que en los cálculos del DANE cerró en 2010 en el 55,33%; ni tampoco el subempleo puesto que, de 229 mil puestos creados entre 2010 y 2011, 210 mil fueron para subempleados, el 92%; con la segunda más alta tasa total desde 2001.

Obama hará creer a la AFL-CIO y demás uniones que sus puestos de trabajo no correrán riesgo con el TLC con Colombia y Santos se mostrará como adalid del empleo digno; una iniciativa conjunta para embaucar aquí y allá. El libre comercio no puede salirse del axioma enunciado por Francisco Mosquera: “Superdesempleo en el Norte, superpillaje en el Sur”. Curar los males del libre comercio con libre comercio es tratar la enfermedad con el virus que la ocasiona, un contrasentido y, al final, un engaño.