La Semana Santa para el cristianismo es el tiempo religioso más importante y significativo de su calendario. Alfombras multicolores, procesiones multitudinarias, vigilias emotivas, aromáticos inciensos, penitentes acongojados, templos ornamentados. Todo nos habla de dolor, arrepentimiento, espera y alegría.No es para menos. Cerca dos mil millones de personas en el mundo recuerdan en esa fecha el sufrimiento, muerte y resurrección de su Dios Redentor. 

Hasta hace unas décadas atrás, en estas fechas también se expresaba la repulsa contra los judíos por haber mandado a matar a Jesús.Pero, ¿sabe ese gentío en las calles e iglesias atiborradas los motivos por los que colgaron de un madero a su Dios? ¿Alguien se pregunta qué fue verdaderamente lo había hecho el tal Jesús para activar tanta brutalidad en sus asesinos?

El tal Jesús, a quien en Semana Santa le paseamos en andas, ataúdes, cruces, etc., fue asesinado por dos motivos que casi nadie de las y los cristianos quiere recordar. Primero, por desafiar al poder político militar del Imperio, que en ese tiempo usurpaba la Provincia de Jerusalén, saqueando sus recursos y sometiendo a su gente. A este poder abusivo fustigó duramente Jesús. Llamó zorro a Herodes. Invitó y agitó a sus seguidores/as a la desobediencia civil contra el Imperio de la muerte. Por eso acusaron a Jesús de subversivo y revolucionario.

Segundo, por desafiar las doctrinas religiosas judías que eran y son altamente denigrantes con el ser humano, en especial con la mujer. Desafió dichos dogmas religiosos, a tal grado de llamarse a sí mismo Dios. “Yo soy Hijo de Dios” y vengo a liberarles de esos dogmas (leyes esclavisantes), les dijo. Con esto estaba desafiando nada menos que a los amos religiosos que mantenían en una actitud servil a la feligresía, para ellos disfrutar de sus privilegios a costa del pueblo en “nombre de Dios”. Jesús estaba destrozando la doctrina religiosa que mantenía y justificaba toda la estructura social, política y religiosa injustas e inhumanas de su tiempo.

Por eso lo acusaron de apóstata y blasfemo.Desde aquel tiempo, el poder político-militar y el aparato religioso ya estaban aliados para someter y adormecer al pueblo. Jesús se rebeló, se insubordinó contra ese sistema de dominación. No sólo atacó las bases de la dominación política, sino acató sobre todo el instrumento más eficiente de una dominación: la doctrina religiosa que dice “soportemos el sufrimiento aquí, que en el cielo está la liberación”. ¿No le suena conocido esta doctrina hoy?

Jesús fue asesinado por desafiar al poder imperial y religioso. Él fue un subversivo rebelde. Un revolucionario que sacudió con su mensaje las estructuras más dogmáticas de la dominación. Por eso lo asesinaron. Por ser político (constructor del bien común) en resistencia y revolucionario. Un antiimperialista.

Más de dos mil años después del asesinato y resurrección del Jesús Revolucionario, el mundo cristiano continúa en las mismas o peores condiciones de vida. En la parte occidental del mundo todas y todos confesamos ser cristianos, pero en las iglesias no se fustiga las injusticias, las dictaduras, los saqueos. Más por el contrario se siguen asesinando a las y los nuevos Jesús de Nazaret que proclaman liberación y llaman a la resistencia. Así, no hay Dios que resucite en el mundo cristiano.

América Latina es cristiana, decimos. Pero, somos la región más saqueada y dominada por el Imperio, mediante transnacional y regímenes dictatoriales. ¡En nombre de Jesús legitimaron y legitiman estas atrocidades! Somos la región más desigual social, económica y políticamente. Sin embargo, en Semana Santa, patrones y peones, verdugos y víctimas, amos y esclavos, ricos y empobrecidos, asesinos y dolientes vamos detrás del mismo crucificado olvidando las razones del por qué le crucificaron. ¿Hipocresía, o traición al sueño del Nazareno? ¿Cómo se sentirá Jesús de Nazaret con esta traición por parte de quienes decimos ser sus seguidores? ¿Se callará Jesús en el día el Juicio esta verdad amarga? ¿Guardará silencio por lo que premiamos a los verdugos del pueblo y castigamos a la resistencia revolucionaria?