En un caliente verano casi todas las personas desean un refresco gaseado y bien frío. De esa forma tratan de saciar la sed, pero quizás no sepan que es el dióxido de carbono (CO2) el propiciador de la efervescencia que gusta a todos los que lo consumen y contradictoriamente, ese mismo gas, es uno de los principales acusados y contribuyentes al calentamiento global del Planeta Tierra, incrementando el efecto invernadero que tanto se habla y preocupa a casi toda la Humanidad.

Se debe aclarar que la vida existe gracias a ese efecto invernadero de carácter natural, porque es el que regula la temperatura de la Tierra, de otra forma ésta se cubriría de hielo y morirían los seres vivientes. Si todo se hubiera mantenido según lo descrito, no existiría la situación de alta contaminación del Medio Ambiente que actualmente se presenta en el Planeta.

Desde el inicio de la Revolución Industrial en 1850, los procesos en las fábricas creados por los humanos, han estado provocando grandes emisiones de gases tales como los cloro-fluoro-carbonos, los óxidos de nitrógeno y el metano, generalmente despedidos por los grandes consumidores de petróleo y en especial por el escape de los automóviles y de otras industrias afines, lo que ha causado el actual problema del aumento anti-natural del mencionado efecto, llamado Calentamiento Global.

Ese fenómeno está provocando un incremento de la actividad de tormentas, derretimiento de las placas de hielo en los Polos y de no controlarse a tiempo, aumentará el nivel de los mares, con consecuencias imprevisibles.

Pero lo curioso es que los humanos también tienen su responsabilidad en ello ya que producen, tanto en sus casas como en los lugares de trabajo, una importante cuota personal del ya mencionado CO2 que el Protocolo de Kyoto, firmado por numerosos países en 1997 (excepto por Estados Unidos) y otros acuerdos de reuniones similares celebradas posteriormente, pretenden aminorar en su escape a la atmósfera.

Un reportero del periódico inglés The Guardian comprobó que cada día aporta a la atmósfera unos 14 kilos de dióxido de carbono sólo por usar calefacción central en su casa y el gas de la cocina, según una prueba a la que se sometió con el apoyo de especialistas. Por otra parte, la luz de las seis bombillas de 100 watts con que alumbra su vivienda liberan 1 kilo más.

Aún no convencido, el reportero fue más allá y continúo la sumatoria, llegando al interesante resultado que por concepto de poseer una computadora personal, la radio, el refrigerador, la plancha y otros equipos, obtuvo que su cuota anual de aporte de dióxido al medio ambiente, llega a ser entre 5,5 y 8 toneladas.

Ello es preocupante en volumen de gas, si consideráramos que todos los pobladores del planeta tuvieran las mismas posibilidades materiales que el mencionado periodista.

Un poco de historia

Hurgando en la historia del dióxido de carbono, se encuentra que fue descubierto por un físico y químico escocés, Joseph Black, por 1750. A temperatura ambiente es un gas inodoro, ligeramente ácido y no inflamable. Aunque su principal estado es gaseoso, también se puede encontrar en forma sólida y líquida. Se halla principalmente en el aire y en el agua formando parte del ciclo del carbono.

Ahora, no todo es malo para el CO2, ya que por ejemplo, liberado por la levadura en la fabricación del pan hace que la masa se hinche. También se utiliza en los extintores porque es más denso que el aire y debido a su pesadez impide que el oxígeno tenga acceso al fuego, dando como resultado que el material en combustión sea privado del mismo y por tanto no puede seguir ardiendo. En su forma sólida, conocida como hielo seco, se usa en los teatros para crear, por solo citar otra aplicación, nieblas en el escenario.

En la respiración humana es esencial para el cuerpo del hombre o la mujer, recordar que la respiración interna es un proceso por el cual el oxígeno es transportado a los tejidos corporales y el dióxido de carbono tomado de ellos y expulsado al exterior, también es un guardián del pH de la sangre para sobrevivir.

El tema está entonces en lo indiscriminado de su producción y de las incontrolables emisiones del mismo por la industria y en otros procesos provocados por el hombre durante decenas de años.

Junto con el hidrógeno, el dióxido de carbono es el principal gas que aumenta el efecto invernadero; sin embargo en el caso del primero, los humanos no contribuyen sustancial ni directamente a la cantidad existente en el aire.

Como colofón se puede dar como dato que la actual emisión, indiscriminada del CO2, provoca alrededor del 50-60 por ciento del calentamiento global y ha aumentado apreciablemente a partir de 1850, con la Revolución Industrial.

Otro dato curioso: se puede decir que la primera persona que predijo las emisiones del dióxido procedente de la quema de los combustibles fósiles y de otros muchos procesos de combustión que provocan un Calentamiento Global fue el químico sueco Svante Arrhenius, quien publicó el estudio Sobre la Influencia en la Temperatura del Suelo del Acido Carbónico en el Aire en 1896.

Al dióxido de carbono se le achacan todas las culpas del mundo como gas contaminante y no es incierto ese planteamiento en el Calentamiento Global, pero la culpa real la tienen sus inconscientes productores.

* Colaborador de Prensa Latina.

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Novedades científicas

Los compuestos químicos pesados contribuyen más que los livianos a la contaminación del aire porque dan mayor facilidad a la formación de aerosoles, descubrieron investigadores de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), a partir del análisis del petróleo derramado en el Golfo de México tras el hundimiento de la plataforma Deep Water.

Hasta el momento, no existía seguridad sobre si los compuestos pesados, cuya evaporación demora más tiempo, contribuían a la contaminación del aire. La medición de la calidad del aire sobre la mancha de petróleo permitió comprobar que los compuestos orgánicos pesados causan una mayor contaminación atmosférica. Según la investigación, entre 70 y 80 por ciento de las partículas sobre la mancha de petróleo en el Golfo de México eran pesadas, mientras que solo 20 o 30 por ciento no lo eran.

“Pudimos confirmar la teoría de que una gran parte de las partículas que contaminan el aire se forman a partir de sustancias químicas que con poca frecuencia se miden y que en el pasado eran consideradas demasiado raras como para ser peligrosas”, señaló Joost De Gouw, autor principal del estudio difundido por la revista Science.

Por otro lado, la revista Nature informó que las estelas de condensación que dejan los aviones son más nocivas para la atmósfera que el dióxido de carbono (CO2) emitido desde los inicios de la aviación. Investigadores del Centro Aeroespacial de Alemania descubrieron que en determinadas condiciones meteorológicas ese vapor se convierte en nubes de hielo en las capas superiores de la atmósfera, lo que dificulta la formación de las nubes naturales o las reemplazan completamente.

Al igual que el dióxido de carbono estos cirros (nubes) artificiales poseen una alta fuerza de radiación, lo que causa incremento de la temperatura atmosférica, escribieron los científicos alemanes en la última edición del suplemento Cambio Climático de Nature.

Aún no ha sido posible determinar los efectos de la aviación en el cambio climático porque no se ha podido calcular los efectos de lo que en inglés se llama radiactive forcing. Los científicos señalan que los resultados de este estudio podrían ayudar a trazar estrategias que minimicen la formación de nubes compuestas por cristales de hielo.

De acuerdo con los investigadores, los aviones deberían evitar rutas que tengan en ese momento condiciones propicias para la formación de ese tipo de nubes y reducir el vapor que emiten.