La Habana (PL).- En 1940, el realizador Robert Z. Leonard rescató a Búster Keaton de las comedias baratas que hacía en la Columbia, para integrar, en la Metro Goldwyn Mayer, el reparto de Luna nueva, que protagonizaban los muy famosos cantantes Nelson Eddy y Jeannette MacDonald. Terminado el rodaje, todas las escenas importantes en las que intervenía el genial cómico fueron cortadas, sólo quedaron unos pocos planos de conjunto donde apenas se le veía.

Años más tarde, en una entrevista, Eddy explicó que la decisión fue tomada por el propio Louis B. Mayer, ejecutivo principal y jefe encargado de la producción, después de una proyección privada en la que comprobó que Keaton destacaba muy por encima de la pareja protagónica y hubiera perjudicado la reputación de esta.

El preestreno más prolongado que se recuerda tuvo lugar en Munich, Alemania, entre los días 5 y 9 de septiembre de 1992, cuando se proyectó el filme germano La segunda patria, de Edgar Reitz. Los asistentes debieron concurrir a varias sesiones para poder verlo completo: duraba 25 horas, 32 minutos y 27 segundos. Su rodaje se extendió 525 días y en el intervinieron 381 intérpretes (71 principales y 310 secundarios), un gran equipo técnico y varios cientos de extras.

El filme era el segundo de un empeño colosal llevado a cabo por el realizador para recorrer la historia de Alemania, su gente y su cultura, desde 1919 hasta los años 80. El primero, titulado Patria, tenía una duración de 15 horas y media, y su filmación tomó cinco años. En el se narra lo ocurrido a la gente que se quedaba en una pequeña ciudad, mientras en el otro la crónica se amplía a diversidad de lugares y gentes. Cada película es independiente. Reitz empezó la primera a los 46 años. Y terminó la segunda cuando tenía 60.

Filme de culto

A principios de 1948, el director Abraham Polonsky rueda La fuerza del mal, con John Garfield en el papel central. Basado en una novela de Ira Wolfert, es un thriller que se asoma al mundo del hampa, producido por unos desconocidos estudios Enterprise. Cuando se estrena, la crítica apenas se fija en el y, si lo hace, lo mira con indiferencia.

Hoy, sin embargo, es un filme de culto. Una rareza. Entre otras cosas, por un guión atípico, escrito en verso blanco o suelto (el que no rima con otro) por Wolfert y el propio Polonsky, famoso años después por ser uno de los tantos blacklisted (lista negra) de Hollywood durante la cacería de brujas macarthista.

El mayor grupo femenino reunido en una película corresponde a Mujeres, de George Cukor, donde además de las protagonistas Norma Shearer, Joan Crawford, Rosalind Russell y Paulette Godard, aparecen otras 135 mujeres y todas ellas con alguna línea de díalogo según su importancia en la trama. Partiendo de la obra de teatro original de Clare Boothe, Anita Loos y Jane Murfin, estrenada en Broadway en 1936, y llevada al cine tres años más tarde, no es de extrañar la fama de Cukor como director de actrices (indudable) después de este filme.

Como para demostrar que con las curvas le bastaba, Raquel Welch alcanzó la fama y se convirtió en símbolo sexual en un filme en el que no pronuncia una sola palabra. El trampolín que la lanzó a la celebridad fue Hace un millón de años, de Don Chaffey, versión del memorable éxito dirigido 25 años atrás por Hal Roach y su hijo. La obra trata de los esfuerzos que realiza una tribu prehistórica en aras de la supervivencia, y en el Welch emite un par de gruñidos ni siquiera suyos, pues fue doblaba por una especialista en voces.

Set minúsculo

El set más pequeño usado jamás para cubrir toda la acción de un filme es el de Náugrafos, de Alfred Hitchcock. La trama discurre en un bote salvavidas en el que viajan una periodista, un ingeniero, una enfermera, un industrial, un marino gravemente herido, un camarero y una mujer que lleva en brazos el cadáver de su pequeño hijo. Sin olvidar al comandante alemán de un submarino, que más adelante se incorpora al grupo.

El filme es un microcosmos de la guerra. Constituye un conflicto psicológico y, al mismo tiempo, cierta fábula moral. Se complica la intriga con la llegada del marino nazi, único capaz de dirigir el bote. El alemán asume el mando, pero luego, sorprendido en plena traición, es linchado por los náufragos, a quienes recoge un barco aliado.

Pruebas fallidas

La primera prueba de cámara hecha a Bette Davis fue tan espantosa, que la actriz salió llorando luego de haberla visto y oído exclamar al productor Samuel Goldwyn: “¿Quién diablos me ha hecho perder el tiempo de esta manera? ” … Clark Gable, el llamado rey de Hollywood, falló también de manera estrepitosa y tuvo que soportar que Jack Warner gritara, para que él pudiera oírlo muy claramente, algo que nunca olvidó: “ÂíPero si este tipo lo que parece es un mono. Un gran mono!”… A Maurice Chevalier no le fue bien en el primer intento con la Metro. Sin embargo, tiempo después, fue contratado por la Paramount, al agradar a sus ejecutivos la misma prueba de cámara realizada antes.

Shirley Temple, la niña prodigio del cine, no dio la talla cuando fue probada para la serie de aventuras infantiles La pandilla… Brigitte Bardot tenía 16 años cuando fue rechazada por el realizador Marc Allegret, después de hacerle unas pruebas, pues, según dijo, “no le veía condiciones a la jovencita”…

Los inicios de Jane Russell, famosa estrella después por sus atributos físicos, no pudieron ser peores. La Fox decretó que “no era fotogénica”. Y más tarde la Warner dijo que “no tenía espíritu ni chispa”. Algo similar ocurrió al gran bailarín Fred Astaire, figura que llenó toda una época, cuando leyó el resultado de su primer test: “No sabe actuar. No sabe cantar. Baila un poco”.

* Historiador y crítico cubano de cine. Autor del primer diccionario de cine de América Latina. Colaborador de Prensa Latina. (Fragmento de Cinefilia, libro en preparación).