La Red Ecuménica “Fe y Política” Cochabamba, con la intención de aportar al necesario debate y profundización sobre temas enunciados en la nueva Ley Educativa “Abelino Siñani-Elizardo Pérez”, ofrece una serie de textos referidos a conceptos o temas que aparecen en dicha ley. Ello, por dos motivos. Primero, porque pensamos que en no pocos sectores eclesiales (clérigos, laicos, obispos, pastores, religiosos, religiosas, profesoras/es de religión) se despiertan algunas susceptibilidades y temores ante la nueva ley. y sobre todo en lo que se refiere a la asignatura de religión en las escuelas públicas y privadas. Segundo, porque en la ley estos temas importantes aparecen como enunciados generales en la primera parte de principios, bases y fines, pero luego su aplicación práctica no es tan evidente en el resto de la ley.

I. ¿Qué significa que una educación sea “espiritual”? *

Sobre el Capítulo II, Artículo 3 (Bases de la educación), de la nueva ley de educación. Comenzaremos leyendo el párrafo 6 del Artículo 3: “La Educación en Bolivia es laica, pluralista y espiritual, reconoce y garantiza la libertad de conciencia y de fe y de la enseñanza de religión, así como la espiritualidad de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, fomenta el respeto y la convivencia mutua entre las personas con diversas opciones religiosas, sin imposición dogmática, y propiciando el diálogo interreligioso”.

La educación es laica y pluralista, porque sólo así dará cabida en igualdad de condiciones a esa gama plural y diversa que somos, de culturas y de espiritualidades, sean religiosas o no, secularizadas, agnósticas o ateas, siempre que sean constructivas para las personas, para la sociedad y para la naturaleza o para la madre tierra. Y sólo en un Estado laico y en una educación laica se pueden dar estas condiciones. Y éste, además, es el espacio apto para un diálogo interreligioso sincero y de búsqueda del único Dios de todos.

La educación en Bolivia es espiritual, porque lo espiritual es algo propio de la experiencia humana (vivido de muchas distintas formas) tan real como lo material, muchas veces inconsciente. En la cultura occidental-capitalista que predomina en el mundo, lo espiritual en alguna forma se halla no sólo dormido, sino incluso reprimido o secuestrado por el materialismo práctico del sistema capitalista, que penetra hasta en lo cotidiano de nuestras vidas y en la manera de comprender globalmente la realidad. Este materialismo de la sociedad de consumo, fomentado por los intereses económicos de unos pocos, causa la pobreza en la mayoría, porque deforma las capacidades y potencialidades de creación y acción comunitaria, en una perspectiva crítica y liberadora.

¿Qué es pues la espiritualidad?

La espiritualidad es la expresión personal, de nuestro espíritu. La espiritualidad es la expresión personal, libre y sincera de nuestra misma profundidad. “El espíritu es la dimensión profunda de la materia. El espíritu no es algo que está fuera de la materia, fuera del cuerpo o fuera de la realidad, sino algo que está dentro de la materia, del cuerpo, de la realidad, y da la vida, nos hace ser lo que somos, si somos coherentes con nuestro espíritu; nos llena de fuerza, nos mueve, nos impulsa; nos lanza al crecimiento y a la creatividad en un ímpetu de libertad”. (José María Vigil “Otra espiritualidad es posible”).

Para el sicólogo Jung: “La espiritualidad es uno de los pocos caminos que puede sacarnos de la crisis actual y que puede inaugurar un nuevo ensayo civilizatorio, más integrado con el todo, más individualizado y más espiritual.” (Leonardo Bolf. “Jung y el mundo espiritual”).

Siempre hemos pensado que la espiritualidad era propia de las religiones, de los creyentes y por ello los no religiosos pensaban que debían ser “materialistas”, y en efecto muchos al dejar de creer se han hecho materialistas. Y muchos hemos separado la vida material de la vida espiritual, como la fe de la vida.

En la nueva Ley de educación, en lo que se refiere al Área de espiritualidades y religiones, se parte de “la riqueza espiritual que ofrecen los distintos pueblos indígenas-originarios y las tradiciones religiosas que se profesan en el medio boliviano” (Del Documento oficial, en el capítulo “Área: Espiritualidades y religiones”).

¿Cómo aplicar este artículo en el aula?

En los espacios educativos, espacios eminentemente públicos, sean escuelas fiscales o privadas, no podemos reducir las clases de religión a la enseñanza de doctrinas o de códigos morales fijos, sean de la religión que sea, dando por supuesta la fe madura de los estudiantes o la conciencia ya asumida de su propia espiritualidad.

Los estudiantes llegan a la escuela con una riqueza espiritual quizás aún dormida, quizá apenas expresada en un conjunto de creencias y costumbres heredadas de su familia. En la escuela, que es un espacio de sociabilización, se les abre la oportunidad de tener un encuentro enriquecedor con otras espiritualidades diversas de sus compañeros y compañeras, encuentro que –no sin interpelaciones ni conflictos- puede servir de base para madurar la conciencia de su propia tradición espiritual, en un proceso que involucre cada vez más sus propias opciones personales.

Sin embargo, cuando no pasa esto, es decir, sin un cultivo y fortalecimiento de esta riqueza espiritual de su tradición familiar, al llegar a la adolescencia quizá muchos la abandonan, por la falta de fortalecimiento de estas raíces y de desarrollo de las convicciones personales.

No se puede confundir la fe con la creencia. No podemos descuidar la experiencia espiritual o religiosa y la opción personal que parte de esta experiencia. De lo contrario lo que se hace es sembrar en el desierto. O, en el peor de los casos, se generan bloqueos psicológicos o traumas ante lo religioso y lo espiritual, debido a imposiciones dogmáticas que no favorecen la maduración personal de la fe y la espiritualidad. Tristemente, hasta ahora, a eso se parecen muchas veces nuestras clases de religión, reducidas a “enseñar doctrina” y con frecuencia desde situaciones de poder.

En el aula comenzaremos descubriendo de los mismos estudiantes sus experiencias humanas, positivas o negativas, alegres o tristes, sus experiencias espirituales,… en las cuales se verá profundidad, al mismo tiempo que la necesidad de alimentarlas y profundizarlas. Y en este compartir irá creciendo y desarrollándose esa experiencia del espíritu, si no en todos sí en algunos, para ir creciendo en esa dimensión. De ahí se podrá pasar a la conceptualización de la espiritualidad y al conocimiento de algunas de las espiritualidades más importantes en Bolivia, e incluso de otros pueblos en nuestra época de globalización de las culturas. Como las espiritualidades islámicas y orientales.

Es decir, la práctica educativa en la escuela referida al cultivo de las espiritualidades, debería seguir un camino más paciente y acompañante de las vivencias de los chicos y chicas, y no reducirse solamente a la enseñanza mecánica de doctrinas, por más valiosas y profundas que éstas sean según la tradición de una u otra Iglesia.

Hacia una educación integral

Al no separar la espiritualidad de la materialidad, en esta educación humana, la fe confesional, que pueda nacer en cada religión o cultura, podrá integrar la fe con la vida, la fe con la relación con los demás, por lo tanto fe y la solidaridad, fe y la comprensión de uno mismo, del otro y de la naturaleza o como dice el documento citado más arriba:

“Permitiéndoles, de manera crítica, hacer una síntesis entre fe y cultura, fe y vida y fe y justicia. Así, el concepto de fe trascendiendo el campo meramente religioso irrumpe en el ámbito de la ética – pedagógica, que es también lo que aquí interesa.”

Y sigue diciendo el documento: “Mediante el estudio de la espiritualidad y las religiones se busca que los educandos valoren en el marco de la tolerancia religiosa: su origen, historia, presencia y arraigo en la vida social, y a partir del respeto a la libertad de conciencia y de religión y de un enfoque ecuménico abiertos al conocimiento de las diversas expresiones religiosas existentes en la realidad sociocultural boliviana, latinoamericana y mundial.”

Es por ello una gran oportunidad para dar la importancia que tiene la espiritualidad, que es parte indiscutible de la “formación humano integral de todos los estudiantes, de las culturas originarias, creyentes y no creyentes y de aquellos que se encuentran en situación de búsqueda.”

No desperdiciemos esta oportunidad

Los cristianos y cristianas, incluidos los católicos y católicas, tenemos la gran oportunidad de participar en igualdad de trato y condiciones con todas las religiones, no desde una posición de superioridad o de poder, sino de la igualdad y así alcanzar la humildad, para poder seguir al maestro Jesús de Nazaret.

Es la oportunidad para hacer surgir la espiritualidad y la fe, que en nuestro mundo occidental se halla atrapada en las estructuras del poder, de la connivencia con los poderes públicos y descuidada por las mismas iglesias, y volver a recuperar el sabor del Evangelio, sal que se está tornando sin sabor, pero siempre Buena Noticia para los pobres y los que buscan algo profundo y pleno en la vida.

Es por ello, además, que en esta coyuntura se nos ofrece una gran oportunidad a los cristianos y cristianas para una verdadera conversión al Evangelio de Jesús, cuando la crisis espiritual y religiosa afecta sobre todo a la cultura occidental “cristiana”, ya que la nueva Ley educativa, si bien nos desestabiliza como Iglesia todavía atrapada por estructuras coloniales y neocoloniales, nos ofrece sin embargo el espíritu de búsqueda para nacer de nuevo como personas íntegras, honestas, libres y productivas en la construcción de un nuevo mundo posible, más acorde con el reino predicado por Jesús.

Una oportunidad no desechable, porque una vez despertado el interés por la espiritualidad dormida y aún reprimida, el ser humano, aún en la edad escolar, es muy posible que le nazca la necesidad, ayudado en su comunidad cultural o religiosa, de buscar y expresar una postura personal ante este Ser que algunas culturas llamamos Dios o simplemente El Misterio, fundamento de esta espiritualidad y -por qué no- de su corporeidad, y de ahí la fe personal creativa, fuente de valores humanos y transformadora de personas y estructuras.

II. Respeto y diálogo entre diversas tradiciones religiosas **

¿Qué significa una educación religiosa que fomenta el respeto y diálogo entre diversas tradiciones religiosas, “sin imposición dogmática”? Comenzaremos leyendo el párrafo 6 del Artículo 3 (Bases de la educación) del Capítulo II de la nueva Ley de Educación. Dice así: “La Educación en Bolivia es laica, pluralista y espiritual, reconoce y garantiza la libertad de conciencia y de fe y de la enseñanza de religión, así como la espiritualidad de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, fomenta el respeto y la convivencia mutua entre las personas con diversas opciones religiosas, sin imposición dogmática, y propiciando el diálogo interreligioso.”

Las dos últimas líneas del anterior párrafo se constituyen en un desafío para quien siempre ha tenido, por formación y/o designación, “la sartén por el mango” en la enseñanza escolar de la religión. Si son objetivos facilitarían un corte a fin de no hacer más de lo mismo. ¿Qué tal si los convertimos en verbos? Fomentar el respeto…. No imponer dogmas… propiciar el diálogo…

La Ley obliga a ampliar la mirada, a investigar, o, por lo menos, a no dar por sentado las verdades recibidas y sabidas, y, en su lugar, escuchar y dialogar, admitir y valorar espiritualidades que, a veces por ignorancia, y otras por reticencia, no se las ha admitido como tales en otros que no somos nosotros, en creencias que no son las nuestras. Eso molesta e inquieta porque se sale de las manos y no se le encuentra una respuesta fácil. Y, desubica.

¿Cómo fomentar el respeto y convivencia mutua entre personas con diversas opciones religiosas? ¿Cómo enseñar valores espirituales sin imposición dogmática si así han sido enseñados y admitir la posibilidad de discutirlos? ¿Por qué razón propiciar un diálogo si los educadores saben y ellos, los estudiantes, no saben y por eso tienen que aprender? ¿Qué tipo de diálogo podría ser factible y, además, enriquecedor, en el aula?

Nos han cambiado y rediseñado los currícula tan conocidos y cómodos. Nos piden mucho más que aquello que queremos, sabemos hacer y que por eso nos es tan querido. ¿Para qué y con qué fin buscar nuevos conocimientos o permitir en la clase una propuesta distinta a la nuestra, tan bíblica, y tan tradicional, tan evidente, tan…tan…?

Pero reflexionemos: ¿Alguien, alguna vez se atrevió a hacer una pregunta, o una sugerencia? ¿Hicimos que se sienta el preguntón “fuera de lugar” y/o solo encontró oídos sordos, o una risa de complacencia, pero nada más…? ¿No es que nos encontramos cómodos en un silencio que dominamos aunque tengamos que admitir por la fuerza que los valores que pretendemos enseñar no se traslucen en la conducta de nuestros estudiantes? ¿Consideras al silencio como algo positivo?

La ley, en estas dos líneas nos lanza una instrucción que puede constituirse para nosotros, educadores cristianos y de formación humana, en una auténtica aventura. Y como aventureros deberíamos compartir con los compañeros de ruta la incertidumbre del camino a recorrer, escuchar sugerencias, otear horizontes, preguntar más y admitir de buen agrado, repasar y puntualizar lo escuchado, considerarlo y a partir de ello, propiciar un intercambio a partir de la idea de que todos estamos al mismo paso en la trayectoria, como en una misma fila en uno de esos desfiles cívicos…

¿Cómo es que vamos a poner en ejecución estas dos líneas que son, en esencia, lo que debemos hacer?

Rediseñemos nuestro libreto, acortémoslo, tengamos páginas en blanco para lo que se insertará en él, y dispongámonos a recibir, cambiar y admitir que en eso consiste el fomentar el respeto, la convivencia mutua, la enseñanza sin imposición dogmática y el propiciar el diálogo interreligioso. Aprendamos a aprender, aprendamos a ser, aprendamos…

Creemos que hace falta:

Dotar o, mejor, reconocer la calidad de persona al niño, o niña, adolescente o joven, y tener en cuenta todas las prerrogativas que la ley le concede;

Facilitar su participación y enseñarle a escuchar la de otros;

Luego, leer y escuchar más, volver a los orígenes de nuestras certezas y considerar los orígenes de las otras; y finalmente…

Comenzar a soltar amarras… ¡dejar de monopolizar la palabra! Que emerjan ideas, dudas e inquietudes. Así sea simbólicamente, dejar el púlpito, la cátedra, la posición adelantada, para ser uno más entre todos, y lograr recibir humildemente nuestra parte en la permanente distribución de gracia que hace Dios a todos sus hijos, en todo el mundo, todos los días…

* Miguel Esquirol Vives, Corina Varela, Luis Ramírez, Miguel Miranda, Julia Zamora, Gladys Reina Vargas, Patricio Roundeau, Nelsy Peña, Juana Villca, Gloria Yucra.

** Nohemi Medrano, Dermot Cregan, Miguel Miranda, Miguel Esquirol, Luis Ramírez, Corina Varela, Gladys Reina Vargas.