La revolución cubana tuvo un enemigo venenoso y con el tiempo intolerable, que se afincó en una supuesta defensa de las libertades democráticas para denostar a los líderes de ese proceso. Hablamos de Carlos Alberto Montaner, quien justificadamente se ganó el mote de gusano. Al margen de su gusanidad, en Bolivia tenemos un ejemplar que deberíamos depurar con un buen vermífugo: se llama Humberto Vacaflor Ganam, un mercenario del periodismo autor de una cartilla confidencial, costeada por el favor político de la derecha, un tiempo desde el gobierno y ahora desde la oposición.

Humberto Vacaflor no tiene otro mérito periodístico que el de la manipulación de la opinión pública basada en el chisme o la confidencia interesada de los grupos de poder. En su juventud se aprovechó sin mérito alguno del autoexilio y se acomodó en Suecia. Vino la democracia y no dejó un momento de recibir dinero de grupos empresariales que usaron su cartilla confidencial para conseguir sus fines corruptos, unas veces sembrando la duda y el pánico, y otras la confianza en corporaciones transnacionales de las cuales siempre deberíamos desconfiar.

El último de sus artículos, titulado “Salidas previsibles”, lo muestra tal cual es, como un conspirador que no tiene pelos en la lengua para desestabilizar el proceso democrático.

Él vive cómodamente afincado en Tarija, porque su veneno digital puede ser vertido desde allí a todo el país, prohijado por algunos medios de comunicación que publican sus provocaciones. Como alguna gente de la derecha, Humberto Vacaflor creyó que el enfrentamiento último por el aumento de salarios iba a ser el fin de la Presidencia de Evo Morales, y por eso habló de “salidas previsibles” de Evo al exilio por Yunguyo o por Pocitos.

Para este provocador, nadie en Bolivia quiere a su Presidente, y hay unanimidad en la búsqueda de su salida, mejor si con los pies por delante. A tal grado lleva su desconocimiento de la historia boliviana, que compara a Evo con Melgarejo, quien sí huyó al Perú perseguido por los indígenas originarios, a quienes despojó de sus tierras comunitarias. ¡Qué diferencia con Evo Morales, que restituyó el orgullo y la dignidad a los indígenas expoliados por los llunkus de Melgarejo!

Del mismo modo cree que la actitud de unos cuantos conspiradores urbanos es la opinión mayoritaria de Tarija, el Chaco y el Oriente boliviano, donde más bien hay extensos núcleos del movimiento popular que respaldan a Evo. Cuando Humberto Vacaflor dice: “Yo había propuesto como el mejor desenlace de la crisis creada por el gobierno del presidente Evo Morales, la salida de Yunguyo. Que el presidente siga la huella de Melgarejo, el dictador iletrado que huyó perseguido por furiosos paceños, hasta alcanzar el territorio peruano”, ¿no es verdad que está llamando a la sedición? ¿No es verdad que está deshonrando el oficio de periodista al mentir y confundir a la opinión pública? ¿No es verdad que nos hace quedar mal a todos los periodistas que sí somos asalariados y que no recibimos, como él, dinero de los grupos de poder durante décadas?

Vacaflor dice que en Yacuiba, “los bolivianos que no lo quieren más como presidente (a Evo) le cerraron el paso de regreso a Yacuiba” y que en ese momento, “el presidente tuvo como única salida pedir refugio en Argentina. Pero algún descuido cometieron los bloqueadores, que el presidente pudo llegar a su avión.” Vacaflor está lamentando ese descuido, y que esa “multitud” no haya cumplido sus deseos inconfesables de linchar al presidente. Pero ¿cuántos suman esa “multitud” y cómo se pueden comparar con los movimientos sociales que respaldan el actual proceso?

Uno lo lee y supone que el Presidente Evo Morales es un líder solitario y aislado por la gran mayoría boliviana; pero ¿cómo se puede respaldar esta mentira con cifras? ¿Vamos a pensar como Vacaflor nosotros que no recibimos el dinero que él sí recibe de la oposición como antes recibió de sucesivos gobiernos? Los periodistas no lo queremos en nuestras filas; por eso reaccionamos airadamente cuando la Asociación Nacional de la Prensa le quiso dar, entre gallos y medianoche, el premio nacional de periodismo. ¿Para qué? ¿Para recompensar su venalidad? ¿Para poner de ejemplo el soborno y los dineros ocultos provenientes de grupos de interés?

Hablando de salidas, Vacaflor supone que de quienes lo sobornaron en el pasado saldrá un Presidente interino que sustituya a Evo Morales; pero ¿acaso esto no es una sedición?

Vacaflor nos hace quedar mal, nos deshonra en el ejercicio de nuestra profesión. Por eso no nos explicamos por qué la justicia no cae sobre él e investiga su fortuna y sus vínculos con organizaciones terroristas de derecha que lo respaldan.