(PL y Bolpress).- ¿Por qué el Congreso de Estados Unidos no quiere que los ricos y las empresas paguen más impuestos? ¿Por qué los “representantes del pueblo” descargan sobre las espaldas de los ancianos y de los ciudadanos más pobres el descomunal déficit y la deuda de 14,2 billones de dólares? ¿Será porque los legisladores que acaparan las bancas del Senado y de la Cámara baja son millonarios?

La deuda de Estados Unidos con acreedores externos subió a 10.701 billones de dólares a finales de junio de 2010, y llegó a unos 14,2 billones de dólares el 18 de abril de 2011, informó el Departamento del Tesoro. A la vanguardia de los acreedores se encuentra China con 1.160 billones, 30% más de lo estimado hace un mes (892 mil millones de dólares), seguido de Japón que es acreedor de 882 mil millones de dólares.

En 1981 la deuda de Estados Unidos era de casi un billón de dólares, pero en los últimos 30 años aumentó rápidamente hasta la estratosférica cifra de 14,2 billones de dólares. Muchos se preguntan qué pasó y dónde están los billones. Cada hombre, mujer y niño norteamericano adeudaría cerca de 47 mil dólares en la actualidad.

Los expertos consideran que las causas del endeudamiento público deben buscarse en la recesión de 2007-2009, que obligó a la Casa Blanca a inyectar cientos de miles de millones de dólares para salvar la economía. Esto se agravó por las guerras de George W. Bush y por la baja recaudación fiscal.

Algunos críticos afirman que la ruina fiscal es herencia del ex presidente Bush, que durante dos mandatos favoreció a los más ricos con grandes recortes tributarios; promovió dos guerras (Afganistán e Irak) que desangraron la cartera de los contribuyentes; e ideó un programa de suministro de medicamentos para los ancianos sin contar con fondos suficientes.

Según el presidente Barack Obama, su país perdió la brújula en la primera década de este siglo: “Aumentamos el gasto de manera dramática por dos guerras y programas caros de prescripción de medicinas”.

A mediano y corto plazo habrá un boom de jubilaciones, lo que complicará aún más la situación en Estados Unidos al presentarse muchas obligaciones en el sistema de seguridad social y de salud para millones de personas.

El Departamento del Tesoro pronostica que el creciente endeudamiento público estadounidense alcanzará los 14,3 billones -el tope fijado por el Congreso- a más tardar el 16 de mayo. El límite del astronómico débito fue ampliado no menos de 10 veces en la última década, la más reciente en febrero del año anterior.

El secretario del Tesoro Timothy Geithner manifestó su esperanza de que el Congreso eleve el límite de la deuda; caso contrario, la administración no podrá tomar prestamos y cesaría los pagos de sus deudas.

La moratoria de la deuda norteamericana, algo que nunca pasó en Estados Unidos, tendría efectos devastadores para un país cuyos bonos son considerados entre las inversiones más seguras del mundo. Millones de estadounidenses, gobiernos e inversionistas extranjeros tienen grandes inversiones en valores del Tesoro.

Republicanos y demócratas reconocen que si no se aumenta el tope de la deuda, el gobierno podría verse obligado a incumplir algunas de sus obligaciones como el pago de intereses sobre bonos y certificados del Tesoro.

El presupuesto, litigio permanente

Los debates legislativos sobre el presupuesto fiscal son una fuente de litigio permanente entre demócratas y republicanos. La controversia puede causar un problema poco frecuente en el país: la paralización de la Administración.

Para reducir el descomunal déficit norteamericano, los republicanos proponían reducir el presupuesto del año fiscal 2011 en 100 mil millones de dólares, mientras que los demócratas estaban dispuestos a recortar 73 mil millones.

Los republicanos quieren cobrar más impuestos a la mayoría de los estadounidenses con ingresos medios y recortar los tributos para los más ricos. El 13 de marzo, la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, votó contra un programa de préstamos de emergencia a propietarios y desempleados. El corte del financiamiento haría que muchos pierdan sus viviendas, comentó la agencia Bloomberg.

La medida es mezquina y va contra los trabajadores que tenían un empleo y lo perdieron en momentos de crisis, dijo el representante demócrata Melvin Watt. La propuesta del Partido Demócrata era conceder una prórroga de 12 meses hasta que los necesitados encontraran un nuevo trabajo.

Los republicanos reprobaron la Administración Federal de Vivienda dirigida a proteger a las personas de las hipotecas al enfrentar deudas superiores al valor de sus casas. Proyectos similares serán sancionados por esa Cámara en el afán de reducir el déficit presupuestario.

El 5 de abril fracasaron las negociaciones para encontrar un arreglo común al presupuesto de 2011. La reunión se desarrolló en la Casa Blanca entre Obama, el líder de la mayoría demócrata en el Senado Harry Reid, y dos presidentes de comisiones legislativas.

A falta de acuerdo, la Casa Blanca corría el riesgo de no contar con recursos para sufragar sus operaciones y se vería obligada a cerrar la mayor parte de las oficinas. La detención de la actividad administrativa afectaría a unos 800 mil empleados federales, obligaría a cerrar los parques nacionales y detendría el proceso de devolución de impuestos.

El 14 de abril, la Cámara de Representantes aprobó el presupuesto para el año fiscal en curso, que termina el 30 de septiembre 2011, acordado una semana antes entre la Casa Blanca y líderes legislativos de la oposición republicana. El pacto contempla recortes por casi 40 mil millones de dólares.

Congresistas al servicio de los ricos

Según un informe divulgado por el Centro para Políticas Responsables, los legisladores ricos acaparan las bancas del Congreso de Estados Unidos. El 60 por ciento de los que arribaron por primera vez al Senado y más del 40 por ciento en igual condición en la Cámara de Representantes son millonarios.

La fortuna promedio de los que están en su primer año en el Senado es de 3,9 millones de dólares; mientras que la riqueza promedio estimada para los que arribaron por primera vez a la Cámara es 570.418 dólares.

El senador demócrata por Connecticut Richard Blumenthal encabeza la lista de los ricos del Senado con una fortuna de 94,8 millones de dólares. Blumenthal gastó varios millones de dólares para derrotar a la republicana Linda McMahon, también multimillonaria, en la campaña de 2010 por un asiento en el Congreso.

Tras Blumenthal, siguen siete republicanos de la Cámara de Representantes, entre ellos Diane Lynn Black, de Tennessee (49,4 millones de dólares), Rick Berg, de North Dakota (39,2 millones), Blake Farenthold, de Texas (35,8) y Scott Rigell, de Virginia.

Pese a que millones de estadounidenses luchan por mejorar su situación, la mayoría de sus representantes en el Congreso vive en un mundo financiero muy distante, opinó la directora ejecutiva del Centro Sheila Krumholz. En ese contexto, es lógico que el Legislativo norteamericano defienda a los millonarios.

El Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes debate un proyecto republicano para el año fiscal 2012 que afectará sobre todo a la clase media. El 5 de abril, el presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, presentó el plan de recortes de 6,2 millones de millones de dólares para la próxima década.

La iniciativa republicana reduce inversiones en educación y recorta el financiamiento de los programas de asistencia médica Medicare para personas mayores y jubilados y Medicaid para familias de bajos recursos. Según Ryan, la reducción de ambas partidas contribuirá a sanear las deudas y el presupuesto.

La propuesta republicana desestima las recomendaciones de la Comisión Fiscal Bipartidista que solicitó reponer los impuestos para dos por ciento de los más ricos a los mismos niveles de 1990. El demócrata Chris Van Hollen calificó el plan de Ryan de “rígida agenda ideológica”, al extender recortes tributarios a los ricos, empresas petroleras y otras entidades poderosas a costa del resto de los estadounidenses.

Los republicanos proponen reducir el déficit en cinco billones de dólares en 10 años reduciendo gastos médicos de los sectores más pobres. Quieren privatizar el programa de asistencia médica para ancianos y jubilados; eliminar fondos futuros para centros de salud reproductiva y planificación familiar, y también suprimir los fondos para la aplicación de partes de la reforma de salud promulgada en marzo de 2010.

Los demócratas están dispuestos a reducir el déficit en cuatro billones de dólares en 12 años, sin recortar el presupuesto de salud y educación.

El 13 de abril, el presidente Barack Obama anunció que eliminará los recortes de impuestos a los más ricos aprobados en el gobierno Bush, con lo que espera ahorrar cerca de dos billones de dólares. El plan es recortar los intereses del pago de la deuda en un billón de dólares, y ejecutar una reforma del Código Fiscal.

“No podemos darnos el lujo de tener un billón de dólares en reducciones impositivas para todos los millonarios y multimillonarios de nuestra sociedad; me niego a renovarlos nuevamente”, enfatizó Obama.

El 19 de abril, Obama pidió a los ricos que hagan un sacrificio para resolver el problema de la deuda y el déficit fiscal del país, y reiteró que será necesario cesar las rebajas impositivas a los que más tienen.

“Si le pedimos sacrificios a los centros de formación profesional, si le pedimos a la gente que haga sacrificios que podrían significar menos servicios públicos en sus barrios, entonces podemos pedirle a los millonarios hacer pequeños sacrificios”, insistió Obama, que aspira a eliminar las excepciones impositivas para los que ganan más de 250 mil dólares anuales.

El jefe de la bancada republicana en la Cámara baja Eric Cantor de Virginia adelantó que su partido no aceptará ninguna abolición de recortes de impuestos.

El fascismo de nuestros días

Los regímenes fascistas de los años 20 y 30 del siglo pasado fueron corporativistas, totalitarios y militaristas. Los capitalistas se aliaron con sus respectivos Estados para llevar adelante una guerra de clases sin cuartel contra los trabajadores, sus partidos y sus sindicatos. En las últimas tres décadas, hemos vivido bajo una suerte de equivalente funcional, más amable y gentil, del fascismo clásico en Estados Unidos, en el Reino Unido y, en menor medida, en Europa, lamenta Andrew Levine. (1)

La ideología del “libre mercado” desempeña un papel clave a la hora de apuntalar la alianza estado-capital en esta etapa del “fascismo amable”, dice Levine. El nuevo orden limó algunos de los aspectos más chocantes del “fascismo” tradicional, pero la guerra fascista contra la clase trabajadora perdura, así como su ataque frontal a los valores e instituciones que el movimiento obrero ha reivindicado siempre.

Es común que este tipo de regímenes sea calificado como “Reaganiano”, si bien Ronald Reagan fue solo una de las figuras que participaron en su gestación y ejecución. Si se tiene en cuenta que Margaret Thatcher llegó antes al poder y fue ideológicamente más lúcida, quizás sería más pertinente utilizar la expresión “Thatcheriano”. Pero dada la posición predominante de Estados Unidos en el mundo y el papel subordinado del Reino Unido, es el nombre de Reagan el que ha quedado, explica Levine.

En Estados Unidos, el Reaganismo no es un producto exclusivo del Partido Republicano. Se podría decir que comenzó en los últimos años de la administración Carter, y sus más efectivos ejecutores han sido miembros del partido Demócrata: Bill Clinton y ahora Barack Obama. Obama, de hecho, es el último de una larga lista de Reaganianos, afirma Levine.

Por 30 años, Presidentes liberales y Congresistas Demócratas han hecho tratos con una creciente facción Pro-Plutocrática bipartita (mayoritariamente Republicana), afirma Chuck Collins. (2) “Hemos ganado victorias para familias trabajadoras –permiso familiar, incremento del salario mínimo, cuidado de salud más amplio, recortes de impuestos para la clase media– pero el precio siempre ha sido recortes de impuestos para los ricos y las corporaciones. Bajo Clinton y Bush II no se podía lograr nada ligeramente progresista sin un gran hueso para la clase rica o corporativa — algún recorte al impuesto sobre la renta o algún resquicio corporativo”, recuerda Collins.

En su criterio, solo hay unas pocas formas de intervenir para prevenir la “Espiral Letal Hacia la Plutocracia”, y revertir el curso. Todas requieren de una ciudadanía comprometida que diga de forma clara: “Queremos una economía que sirva a todos, no solo a los ricos”.

La primera intervención es mediante impuestos progresivos sobre la riqueza, los ingresos y la propiedad. Necesitamos de manera urgente restaurar un impuesto sobre la propiedad progresivo. La segunda es mediante una robusta campaña de reforma financiera que cierre el vinculo entre riqueza y poder político. Cualquier cosa que coloque obstáculos entre la influencia política y la riqueza ayuda a alentar la Espiral Letal.

La tercera es movilizar la facción silenciosa de elites ricas que ven su interés en el bien común. No todos en la clase adinerada están cabildeando activamente para proteger su poder y su riqueza. El Wealth for a Common Good Network es un inicio inspirador, con muchos miles de líderes de negocios e individuos adinerados, avocando políticas que tengan como resultado prosperidad y oportunidades más amplias. Ellos pueden deshacer la mitología que rodea la creación y el merecimiento de la riqueza que frecuentemente justifica recortes de impuestos para los ricos y apoyar las posiciones de los ciudadanos comprometidos.

Notas:

1. Andrew Levine es Senior Scholar en el Institute for Policy Studies y fue profesor en la University of Wisconsin-Madison. Es autor de The Americna Ideolgy (Routledge) y Political Key Words (Blackwell). Sinpermiso.info, Counterpunch.

2. Chuck Collins es un estudioso del Institute for Policy Studies donde dirige el Program on Inequality and the Common Good (www.ips-dc.org/inequality). Es co-autor de The Moral Measure of the Economy (Orbis Books) y con Bill Gates, Sr. de Wealth and Our Commonwealth: Why America Should Tax Accumulated Fortunes (Beacon). sinpermiso.info Counterpunch.org.