La movilización ha llegado a niveles insospechados. Catapultados por el hambre, los explotados han salido a las calles y a los caminos a chocar frontalmente con las fuerzas represivas del Estado. Las capitales de los nueve departamentos del país han sido escenario de multitudinarias movilizaciones y el epicentro de esta descomunal eclosión social ha sido La Paz. Los choques entre policías y manifestantes se tornaron más brutales y los maestros rurales fueron reprimidos en La Apacheta como en las dictaduras militares más duras.

La novedad de la presente movilizaciónes es que los sectores mantuvieron una lucha unitaria. A pesar de todos los esfuerzos del oficialismo por desembocar en negociaciones sectoriales, los combatientes se mantienen unidos en torno al pliego de la COB y prometen continuar así hasta la conclusión del conflicto. Las multitudinarias movilizaciones opacan las debilidades de la huelga general indefinida que sólo es acatada por los sectores de servicio (maestros, trabajadores en salud, trabajadores de la CNS, trabajadores universitarios, etc.) y los sectores productivos más importantes como los mineros y fabriles no han podido superar sus dificultades internas para sumarse a la huelga. Esta medida pasa a segundo plano porque el escenario es ocupado por las monumentales manifestaciones de protesta.

Se percibe la tendencia cada vez más clara a la generalización del movimiento incorporando a sectores mayoritarios de las ciudades como los gremialistas, artesanos, estudiantes universitarios, campesinos originarios (CONAMAQ) y otros. En contrapartida, también se percibe el aislamiento cada vez más dramático del aparato gubernamental que, a diferencia de la actitud dilatoria asumida al principio, en los últimos días de la lucha busca desesperadamente encontrar una salida al conflicto.

El gobierno no ha descartado la posibilidad de ahogar la movilización con la represión apoyada por las llamadas organizaciones sociales; Morales, quien tercamente insistió en no presentarse en la mesa de negociaciones, a pesar de la exigencia de los dirigentes sindicales, ha desaparecido del escenario, primero con la excusa de atender múltiples compromisos en Tarija donde ha sido violentamente rechazado por maestros y trabajadores movilizados; y, después, casi clandestinamente se ha desplazado en busca del apoyo cocalero con la intensión de sofocar la movilización en el Valle.

La miserable concesión del 11% de incremento a los sueldos y salarios sólo para los sectores de educación y salud, con la posibilidad de que llegue al 12% si es que una comisión conformada por gobernantes y trabajadores encuentran un financiamiento en otras partidas del presupuesto general, es una señal de que el gobierno se siente totalmente débil e inseguro para buscar otra salida por la vía del estado de sitio y la acentuación de la represión. Además, es perceptible el malestar en el seno de los carabineros, cuyas esposas han decidido sumarse a las movilizaciones de la COB exigiendo un aumento mayor al 10% para el sector.

Observando con cuidado las acciones de los combatientes se puede concluir que la movilización no ha llegado a su punto culminante; si bien hay cansancio, no hay desaliento ni miedo en las capas plenamente incorporadas a las movilizaciones. Las masas desafían todos los peligros que encuentran en su camino y la bronca acumulada explosiona cada vez con más fuerza.

Para los trabajadores el incremento del 12, 15 o 20% no soluciona su difícil situación económica; sin embargo –si no se avanza más, dadas las condiciones de la presente lucha– consideran una victoria el haber desenmascarado la verdadera naturaleza burguesa del gobierno que no se diferencia de los anteriores llamados neoliberales. Además, consideran una victoria el haberle torcido el codo con su acción directa, rompiendo su esquema de no dar un centavo más allá del miserable 10%. En los últimos días se ha generalizado la consigna: “si esto es el cambio, el cambio es una mierda”. Se trata, pues, de un gran salto político en la conciencia de la gente que se traduce en el abandono definitivo de los explotados a las ilusiones en el “gobierno indígena del MAS”.

La persistencia de las causas del malestar social, la crisis económica que se traduce en hambre, desocupación y depauperación de los sueldos, obligará a que los explotados insatisfechos vuelvan a arremeter en un futuro próximo. La ventaja es que salen intactos de la contienda y sin haber sido derrotados, con una sensación de victoria por haber acumulado gran potencial de presión por la lucha unitaria de los diferentes sectores. Los explotados y oprimidos, después de un largo período de ilusiones democráticas, vuelven a su cauce natural, haciendo uso de la acción directa para solucionar sus problemas vitales.

* Dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA) del Partido Obrero Revolucionario (POR).