Cada jornada se vive una fuerte protesta en las calles y las carreteras del país, protagonizada por los maestros, salubristas, jubilados, fabriles, mineros y otros sectores sindicalizados que han decidido exigir un mejor incremento salarial. Este viernes los maestros del área rural toleraron torturas, vejámenes, humillaciones y malos tratos de los policías cuando bloquearon la carretera que une a Oruro y La Paz, pero también mostraron su fuerza al quemar una motocicleta de los represores y asestar heridas a los uniformados.

Los policías, enviados por el ministro de Gobierno y ex activista derechos humanos, Sacha Llorenti, se fueron con todo contra los profesores que amanecieron este viernes bloqueando la carretera de alto tráfico nacional e internacional. La televisión mostró el recurrente modus operandi de los uniformados de Llorenti: agruparse entre diez o más, aislar a un maestro solitario y molerlo a patadas y culatazos hasta dejarlo inconsciente.

Los policías bien dotados de cascos, escudos y municiones Made in USA, como comprobaron los profesores al levantar casquillos de gases y balines disparados, fueron más tarde alabados por el ministro Llorenti por su “actuar de acuerdo a ley” y su labor “sacrificada”. Lo cierto es que los policías incurrieron en torturas a profesores y vejámenes contra maestras, además de atropellos directos a periodistas que lograron captar esa violencia.

Los maestros también dieron lucha. Muchos de ellos hijos de campesinos, agarraron sus largas hondas para asestar golpes certeros a los policías y quemaron una motocicleta.

Lo cierto es que los sectores sindicalizados tienen varios frentes de lucha, desde el de abierta violencia en las calles, pasando por amenazas de sectores gobiernistas organizados a última hora, hasta la propaganda de organizaciones rastreras amparadas en máscaras de imparcialidad. La Asamblea de Derechos Humanos de La Paz, dirigida por Sonia Brito, ha jugado este último papel esta semana. Pasando por alto las torturas a los maestros, la Brito ha sacado la lengua para decir que dentro de los sectores sindicalizados existen infiltrados que quieren hacer caer al gobierno de Evo Morales.

Por cierto que Evo Morales ni siquiera pudo participar en los actos de homenaje del departamento de Tarija, a dónde escapó los últimos tres días, porque allí estaban los asalariados para exigir mejores condiciones de vida y mejores salarios. Pero no importó que no estuviera en Palacio de Gobierno de la ciudad de La Paz los últimos días, igual envió a los militares a resguardar ese su despacho por temor a las fuertes manifestaciones.

Los sueldos en Bolivia son miserables, y el gasolinazo lanzado por el gobierno a fines de 2010 (luego retirado debido a la protesta social) tiene repercusiones hasta ahora en el bolsillo sin dinero de los trabajadores. Los sueldos son tan pequeños que un maestro con 30 años de servicio, con carga horaria completa y en la más alta categoría percibe un promedio de 3.300 Bolivianos (más o menos 470 dólares), pero ese grupo apenas representa el 7% del total de maestros. La mayoría de los profesores no cuentan con 30 años de servicio, ni están en la más alta categoría del escalafón ni tienen una carga horaria completa, entonces buscan mejorar sus ingresos básicos de 1.472 Bolivianos de distintas formas.

Por eso los trabajadores exigen un incremento salarial superior al 10%, Evo Morales envió a dos de sus ministros a reunirse en Estados Unidos con representantes del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en lo que es, asegura el gobierno, un encuentro anual no vinculado a las protestas.

La administración de Evo Morales ha perdido credibilidad ante la población. La ciudad de La Paz, sede de gobierno, se ha visto paralizada estos días debido a las manifestaciones en las calles. No es la excepción. En todas las ciudades capitales e intermedias marchan los sectores sindicalizados, presionando al mismo tiempo a la dirigencia de la Central Obrera Boliviana cuyos líderes habían sido cooptados y comprados por el gobierno de Evo Morales.

Las negociaciones se retomarán este sábado, presididas por el propio Evo a quien sus allegados suelen buscarle salidas convenientes para hacerle ver como “magnánimo”. Morales y sus ministros gustan de jugar al policía bueno y el policía malo por puros cálculos electorales y políticos. Sólo un 5% (el gobierno ofrece 10%, los trabajadores piden 15%) es la diferencia en la negociación, aunque los ministros insisten en que ese 5% haría desestabilizar toda la economía. El otro factor es que el gobierno había anunciado el 10% solo para maestros, salubristas, policías y militares. Las protestas son, sin embargo, para que el incremento alcance también a mineros, rentistas, fabriles, municipales, trabajadores universitarios y empleados de otros sectores del Estado.

Lo importante es que ya nadie se cree lo del “proceso de cambio”, una muletilla que servía al gobierno para desmovilizar a los sectores sindicales y tacharlos de “derechistas”. Ahora todos los días los trabajadores gritan a los burócratas de MAS: “¡Si este es el cambio, el cambio es una mierda!”.