(Erbol).- “Constatamos la existencia de una tendencia evidente, de parte de una determinada corriente del poder político, a imponer alguna de las culturas indígenas con sus expresiones correspondientes sobre las restantes culturas autóctonas de Bolivia”, dice la última Carta Pastoral de los Obispos en alusión a la reiterada preeminencia de la denominada cosmovisión aymara en actos públicos del gobierno del MAS.

Sin mencionar claramente las ch‘allas, q‘oachadas y wilanchas realizadas en espacios públicos como Palacio de Gobierno, la Carta Pastoral titulada “Los católicos en la Bolivia de hoy: presencia de esperanza y compromiso” advierte que hay una “instrumentalización política de expresiones religiosas que no son propias de un estado laico, en la cual no se debe instrumentalizar políticamente ningún signo religioso”.

En criterio de la cúpula de la Iglesia, la intención de imponer una cultura sobre otras significa desatender de hecho el reconocimiento, la coexistencia y la valoración de la pluriculturalidad tan proclamada y consignada en nuestras leyes. En ese sentido, los obispos bolivianos se preguntan: ¿hay una cultura boliviana más allá de las diferencias regionales, étnicas y culturales?

“Con la preocupación de reafirmar la propia identidad se cae en la tentación de resaltar las diferencias y se pierde de vista que hay también lazos muy fuertes que nos unen e identifican a todos como bolivianos”, manifiestan y agregan que hay un rico mestizaje, cultural y étnico en Bolivia.

Los representantes de la Iglesia Católica aseguran que constataron la “utilización de la riqueza cultural del pueblo para fines ideológicos e intereses particulares y partidistas”. También señalan que “hay una tendencia a utilizar la experiencia religiosa de nuestros pueblos para crear ritos en paralelo con los sacramentos cristianos católicos o con otras expresiones populares de la fe de nuestra Iglesia”.

En este contexto, solicitan al Estado no promover las celebraciones ecuménicas, sino dejar esa organización, en efemérides cívicas, a las diversas iglesias o credos. “Por evidencias irrefutables nadie puede negar que una gran parte de la población boliviana es cristiana católica, lo cual no puede ser ignorado por el Estado laico en virtud del pluralismo religioso”, agrega la Carta Pastoral titulada.

Ven “Insuficiencia” y “relajamiento” en lucha antidroga

La Iglesia Católica, en otra parte de la Carta Pastoral, calificó como “insuficiente” la acción del gobierno en la lucha contra el narcotráfico y señaló con “preocupación” el “relajamiento” del control social por parte de las organizaciones sociales (cocaleros) instaladas en los lugares donde se produce coca excedentaria (el Chapare).

Además, planteó al Estado a encarar una verdadera lucha contra este mal atacándolo “también en sus movimientos financieros”. Para los obispos, “el fenómeno relativamente nuevo de la difusión de sofisticados centros de producción de drogas en pueblos y aldeas a lo largo de todo el territorio nacional, incluso en regiones donde no se produce coca, muestra con claridad y honda preocupación la insuficiente acción del gobierno en una efectiva lucha contra el narcotráfico, además del relajamiento del control social y de la referencia ética de nuestra sociedad”.

“Las organizaciones sociales, particularmente las instaladas en los lugares donde se produce la hoja de coca excedentaria, tienen el desafío de ejercer un verdadero control social”, indica la Carta que tiene ocho capítulos, en los que se expresa el pensamiento de la Iglesia respecto a temas sociales, políticos y económicos.

Según los obispos, “los grupos locales que manejaban el narcotráfico, paso a paso, se han puesto al servicio de los clanes internacionales que han asentado su presencia en varias regiones, ejerciendo una actividad delictiva marcada por una creciente violencia”. “No menos impactantes son las consecuencias sociales y morales del narcotráfico, en especial entre los adolescentes y jóvenes inmiscuidos en el mismo o dependientes de las drogas, sus familias”, señala el documento de la Iglesia, meses después que el arzobispo de Cochabamba Tito Solari denunciara el uso de niños por parte del narcotráfico en la región del Chapare, lo que le costó una andanada de críticas por parte de dirigentes cocaleros y autoridades del gobierno.

En este sentido, los obispos también alertan que el narcotráfico impacta negativamente entre miembros de la Policía y agrega que “son cada día más las víctimas de la cocaína de otras drogas en nuestra sociedad”. En opinión de la Iglesia, la economía de la coca, por su rendimiento económico elevado, actúa como catalizador para varios pequeños y medianos productores que hacen de ella casi su único cultivo.

“La plantación excedentaria de la hoja de coca sigue siendo una tentación que incentiva la migración de pobladores movidos por la falta de alternativas concretas de ingresos. La ganancia aumenta significativamente si se entra en la cadena productiva del narcotráfico que se alimenta de las necesidades económicas de las personas o de sus aspiraciones pero que desconoce los valores éticos. El narcotráfico sigue siendo el destino de dicho cultivo excedentario”, señala la Carta Pastoral.

Tras alertar la vulnerabilidad ecológica en los lugares donde se siembra la coca, la Iglesia subraya que la lucha antidroga constituye una prioridad del Estado y requiere la corresponsabilidad de los sectores sociales y de la sociedad civil.