(El Trabajador).- El proceso inflacionario es culpa de los socios –no patrones del MAS y su actual gobierno.La inflación se entiende como un incremento sostenido del nivel general de precios de todos los productos y servicios o, de manera equivalente, disminución del poder de compra del dinero. Por ejemplo, si el nivel general de precios se duplica en un año, el poder de compra del dinero disminuye a la mitad: si en enero 2010 con 10 bolivianos se compraba dos kilos de azúcar, ahora con los mismos 10 bolivianos posiblemente compre apenas un kilo.

Pero además de comprender la inflación como la reducción radical del consumo en las familias, los trabajadores debemos realizar un análisis clasista del problema y preguntarnos: ¿Son causadas las inflaciones por el incremento de salarios o por el incremento de beneficios?

Adam Smith señaló en su obra “La riqueza de las naciones”: Nuestros comerciantes y nuestros fabricantes se quejan de los efectos perniciosos de los salarios elevados. En tanto que se reflejan alzas de precios y, por lo tanto, disminuyen las ventas de sus bienes tanto en el país como en el extranjero. No dicen ni una palabra en cuanto a los perniciosos efectos de los beneficios elevados. Guardan silencio en lo que se refiere a los malignos efectos de sus propias ganancias. Se quejan solo de las ganancias de los demás.

Toda la historia del capitalismo mundial está plagada de datos de mediano y largo plazo, donde los beneficios empresariales siempre han crecido mucho más que los salarios nominales, jalonando de esta manera al incremento desproporcionado e inflacionario de los precios. Mucho más cuando el capitalismo entra en su fase terminal donde el complejo militar industrial juega un rol determinante en el rumbo general de la economía mundial.

Bolivia no escapa de esta misma tendencia porque es parte del sistema capitalista, y el Gobierno masista “del cambio” no ha hecho nada más que acentuarla. Según palabras del mismo Vicepresidente Lic. Álvaro García Linera, el 22 de enero de 2001 declaró al periódico El Deber, de Santa Cruz: “Se quejan del Gobierno, pero a ningún empresario de este país le está yendo mal, están ganando el doble o el triple y hacen negocios con el Gobierno.” Solo para citar algunos ejemplos, la empresa minera San Cristóbal, obtuvo utilidades de 100 millones de dólares en 2010. Los Bancos Privados el mismo año lograron 132 millones de dólares en utilidades y 144 millones el año 2009. Los trabajadores somos testigos del incremento de beneficios de las empresas privadas del aceite, azúcar y cemento, por la vía del crecimiento inflacionario de precios, gracias al control casi monopólico que tienen del mercado nacional.

Y decimos que el Gobierno del MAS ha mantenido esta tendencia de una mayor acumulación a favor del capitalismo, cuando según datos del INE, se establece que la participación de los salarios de los trabajadores en el Producto Interno Bruto (PIB) se redujo desde el 35 % en el año 1999, a 31 % el año 2005; esto es, a razón de un 1,9 % promedio anual negativo durante 6 años. El Gobierno del MAS lo hizo mucho más rápido y eficiente desde el punto de vista capitalista neoliberal, y en solo tres años (2006-2008) redujo la participación del salario en el PIB a un ritmo promedio anual negativo de 6,45 %, hasta llegar al 25 % (dato último al 2008). Es decir, que a pesar del crecimiento del PIB real (4.61 % promedio anual 2006-2009) jalonado principalmente por la explotación irracional e insostenible de nuestras materias primas (hidrocarburos y minerales) principalmente por empresas transnacionales, la torta generada por el trabajo humano se distribuye cada vez peor y en contra de los trabajadores (de un 35 % en 1999 a un 25 % en 2008) y por tanto, a favor de los socios – no patrones del gobierno masista. El momento paranoico de esta política pro empresarial capitalista constituyó el “gasolinerazo” de diciembre, justificado por la “necesidad” de hacer aún más rentable la explotación petrolera por las transnacionales en nuestro país.

Este es justamente uno de los aspectos que los trabajadores debemos tomar en cuenta cuando definimos el carácter de clase del Gobierno del MAS: pro capitalista y por tanto, anti obrero, por que encubre una inflación de beneficios capitalistas con el fantasma neoliberal de una supuesta “inflación por incremento salarial”.

La demagogia de la aritmética masista, y la pérdida del salario real

Y la demagogia masista llega a superar momentos de los anteriores gobiernos cuando se trata de combatir al movimiento obrero en referencia a la lucha por el incremento salarial 2011. Lo hace por medio de un panfleto lamentable elaborado por el flamante Ministerio de Comunicación (El diálogo es el mejor camino para avanzar, domingo 10 de abril, 2011), donde presenta un cuadro de “Relación salarial e inflación 2006-2011”, pretendiendo hacernos creer y sentir que en dicho periodo de gobierno “del cambio”, el incremento “neto” del salario es igual al 16 %, por efecto de una simple operación aritmética que consistiría en restar, del incremento salarial acumulado 2006-2011 del 55 %, la inflación acumulada del 39 %. Este procedimiento inaceptable desde el punto de vista técnico, es utilizado por el MAS para acusar que los trabajadores no tenemos “razones de ningún tipo” para pedir un incremento salarial acorde al incremento del precio de la canasta básica familiar.

Con estos mismos datos y aplicando el procedimiento correcto que define la inflación como la pérdida porcentual del poder adquisitivo del dinero, resulta que la gestión salarial del MAS en el Gobierno ha generado una pérdida de la capacidad de compra del salario – en términos reales – del 5,45 % entre 2006 a 2011 ¡¡¡. Gracias a esta política y fuera de cualquier cálculo matemático adicional, la realidad concreta es que los trabajadores ahora y como siempre, tenemos que reproducir nuestra fuerza laboral con cada vez menos alimentos, mientras al mismo tiempo se incrementa a tasas de crecimiento “chinas” los beneficios de los empresarios, socios del MAS.

Por todo ello, es totalmente justa la demanda salarial de un incremento por lo menos del 25 a 30 %, para que – por algún momento – el crecimiento del valor real del salario se equipare al crecimiento de la torta del PIB a favor de los empresarios. Y por eso también, afirmamos que un incremento de un 10 a 15 % es miserable.

La lucha salarial es una parte del proceso de acumulación de fuerzas de los trabajadores

Sin embargo, debe quedar claramente entendido que los trabajadores somos conscientes de las limitaciones de lucha salarial para lograr la liberación nacional y la explotación de los trabajadores por el capitalismo y sus aliados en el Gobierno masista, y por eso, no vamos a rebajar nuestros objetivos de la toma del poder por los trabajadores obreros y campesinos al regateo miserable de unos porcentajes de más o menos de un salario que alivie nuestra actual condición de explotación. Está en la esencia del capitalismo que a mayor productividad y explotación del trabajo, más miserables serán las condiciones de remuneración salarial y las condiciones de vida de todos los trabajadores formales e informales, urbanos y rurales, a expensas de las mayores utilidades y el enriquecimiento de las empresas transnacionales y nacionales.

Debe continuar la lucha por la construcción de un sindicalismo de clase, independiente de los dirigentes corruptos y cooptados por el MAS; y por un partido revolucionario de la clase obrera que encause las luchas de los trabajadores hacia la toma del poder por ellos mismos.

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