En los últimos días el gerente nacional de recursos evaporíticos ha intentado desmentir una reciente información sobre el estado actual de la planta piloto publicada en el periódico la Patria de Oruro, sosteniendo que “el proyecto del litio avanza, no se ahoga ni se vende”, mientras espera afanosamente el desembolso de los primeros 40 millones de Bolivianos que el Banco Central de Bolivia entregará muy pronto al proyecto piloto, como parte de los 836 millones de Bolivianos programados en el Presupuesto General de la Nación para este año. Veamos lo que dijo, entre otras cosas, el citado funcionario:

1. Las piscinas de evaporación no están inundadas. Nada más absurdo. Claro que están inundadas porque lo contrario querría decir que el proyecto piloto se dio mañas para cubrir – quién sabe con qué – las 6 Has. de extensión de las mismas; algo muy improbable, por cierto. Habrá que ver ahora qué efecto tendrá este exceso de agua en las piscinas en el proceso de evaporación solar como tal. Por tanto, la cuestión de fondo aquí no es si algunos diques resistieron el embate de las lluvias, sino si todo lo que pasó no será más bien una indicación de que el “proceso boliviano descubierto” (el cual está basado en la evaporación solar) podría atravesar muchas dificultades en el futuro porque el Salar de Uyuni se encuentra ubicado geográficamente en un lugar donde las tasas de evaporación no son precisamente las más altas del mundo.

2. El proceso de concentración continúa en marcha con la precipitación de la Silvinita. Lo correcto hubiera sido que el gerente de Evaporíticos diga que el proceso concentración se reanudará una vez que la temporada de lluvias concluya. ¿O es que, esta vez, el gerente de evaporíticos también tratará de convencernos de que la evaporación solar continúa con la misma intensidad aun en medio de la lluvia?

3. Todas las obras y trabajos realizados hasta ahora son inversiones correctamente ejecutadas en beneficio del país. Tal como he indicado en anteriores artículos, el avance real del proyecto no se puede medir en términos “de metros cuadrados construidos de infraestructura en la planta piloto”. En efecto, lo que tendría que haberse hecho es “llevar adelante la cantidad de pruebas necesarias y suficientes para determinar el proceso de explotación más adecuado y competitivo para Bolivia para que en función de este hallazgo se procediera a construir una planta piloto que luego permitiera el escalamiento correspondiente a nivel industrial”. Desafortunadamente, en Llipi Llipi, se hizo todo al revés; “se decidió avanzar de manera paralela en la fase de experimentación y la construcción de la llamada planta piloto que nadie sabe para qué servirá pues su diseño no está respaldado en la identificación de las necesidades concretas y reales emergentes del proceso de experimentación”. En consecuencia, resulta realmente irrelevante si los edificios construidos no fueron afectados por las lluvias, aun cuando el acceso a los mismos sea posible sólo usando lanchas.

4. La GNRE ratifica el inicio de producción piloto de carbonato de litio y semi-industrial de cloruro de potasio para esta gestión. El plantear promesas irrealizables se ha vuelto una práctica habitual en el proyecto piloto. Basta recordar una promesa (incumplida) similar efectuada por el actual gerente de evaporíticos hace poco más de diez meses. Aparentemente, ni el mencionado señor ni el secretario general del mal llamado comité científico del proyecto terminan de entender que no podrán seguir burlándose de todo un pueblo. Según su diseño original, la planta piloto debía producir 40 TM de carbonato de litio, 80 TM de sulfato de potasio y 70 TM de cloruro de potasio, mientras que ahora el proyecto pretende producir las mismas 40TM de carbonato de litio, pero 1.000 TM de cloruro de potasio.

En mi réplica a un inflamado artículo por un ingeniero de la planta piloto publicado en el periódico Cambio en enero de este año que intentó infructuosamente defenestrarme, ya revelé la razón por la cual el proyecto decidió “a la hora nona” incrementar la capacidad de producción de cloruro de potasio, la misma que tiene que ver “con la proporcionalidad de los recursos de potasio en relación con los recursos de litio existentes en el Salar de Uyuni” y no con el hecho de que ahora “el proyecto piloto y semiindustrial se emplama ya con el proyecto industrial”, que se ha usado como justificativo para conseguir muchísimos más recursos financieros – próximos a desembolsarse – del Banco Central de Bolivia.

Para que la opinión pública conozca, según los datos proporcionados por Francois Risacher y Bertrand Fritz en 1991 (de su artículo considerado como uno de los trabajos científicos sobre recursos evaporíticos en Bolivia más reconocidos en el mundo entero), el Salar de Uyuni contendría en promedio 25 veces más potasio que litio, cifra que coincide perfectamente con la división de 1.000 TM (de cloruro de potasio) entre 40 TM (de carbonato de litio). Ahora bien, aun asumiendo que las 6 Has. de piscinas de evaporación no hayan sido dañadas de manera importante por las recientes lluvias y que sean suficientes para producir las primeras 1.000 TM mensuales de cloruro de potasio hasta fin de año, resulta bastante improbable que en los siguientes 8 meses la planta piloto aumente más de 14 veces su diseño original y mucho más improbable todavía que se empiecen a producir las primeras 40 TM mensuales de carbonato de litio, teniendo en cuenta que el proceso de evaporación utilizado para lograr cloruro de potasio dura entre 6 y 8 meses y el dirigido a obtener cloruro de litio (que debe ser procesado más adelante en una planta química para producir carbonato de litio) requiere entre 12 y 18 meses, es decir entre 6 y 10 meses adicionales. En estas circunstancias, me pregunto: ¿De qué avance en el proyecto piloto del litio nos habla el gerente nacional de recursos evaporíticos?

5. Los detractores de siempre, aquellos opuestos a la industrialización de la minería a cargo del Estado. Para el ex ministro ahora responsable del proyecto piloto, el decir la verdad es suficiente motivo para ser calificado como detractor o como alguien que se opone a la industrialización de la minería a cargo del Estado. Lo que pretende el citado señor no es otra cosa que lanzar a los leones de su circo romano a quien ose hablar sobre el tema con el único propósito de seguir distrayendo a la opinión pública que día que pasa sabe menos sobre lo que está haciendo el proyecto piloto. Por cierto, este analista nunca se opuso a la industrialización de los minerales a cargo del Estado. Sin embargo, esto no debería significar que el país espere hasta las calendas griegas para introducirse en la carrera del litio.

Como he mencionado en repetidas oportunidades, Bolivia no cuenta ni con los recursos humanos ni con la tecnología apropiada para avanzar con paso firme en ninguno de los eslabones de la cadena de valor del litio, por lo que el proyecto piloto se ha dado a la tarea de emular procesos de extracción del litio y otros recursos evaporíticos ajenos a su realidad que hasta ahora sólo han permitido “reinventar una rueda con llantas pinchadas” y a confundir a la ciudadanía con un discurso de industrialización que no tiene ni pies ni cabeza. En efecto, mientras el presidente del Estado manifiesta que avanzará con Venezuela en la industrialización del litio por ser el primer país “en (ofrecer) trabajar científicamente para llegar hasta pilas y baterías”, luego de haberse equivocado al señalar que desea que se fabriquen vehículos eléctricos japoneses Toyota en Bolivia sin percatarse de que al presente esta firma aún no produce (ni está totalmente interesada en producir) vehículos eléctricos en serie con baterías de iones de litio, el gerente de evaporíticos declara que Corea del Sur ha presentado una “propuesta en serio en toda la cadena”, aunque “hay dificultades, porque (los coreanos) quieren entrar a la producción de carbonato, algo que se les ha dicho con mucha amabilidad de que no es posible” y “los chinos nos han anunciado que van a hacer la misma propuesta”, y el ministro de minería y metalurgia señala que la propuesta de Corea del Sur es técnica, incluye “un proceso que evita la evaporación” que debe ser evaluado no sólo desde una perspectiva técnica sino también económica.

Ante esta gran confusión entre las tres autoridades más relacionadas con esta temática, necesitamos preguntarnos: ¿de qué estrategia de industrialización del litio está hablando el gerente nacional de recursos evaporíticos? Por tanto, hoy más que nunca, urge repensar tal documento con el concurso de expertos bolivianos y la participación de las comunidades, así como los movimientos sociales, cívicos y ciudadanos. En este sentido, no se debería descartar la posibilidad de convocar a un grupo de inversionistas extranjeros y bolivianos que aporten con recursos financieros, recursos humanos y, sobre todo, tecnología, para resolver a la brevedad posible el problema que implica producir al menos 100.000 (no 480) TM anuales de carbonato de litio en el próximo lustro para ingresar con buen pie en el mercado global del litio, a tiempo de establecer en el país cuantas plantas de baterías y vehículos eléctricos requiera el mercado de estos bienes intermedios y finales en el mundo. Todo esto en el marco constitucional vigente y precautelando los altos intereses del Estado.

Me pregunto: ¿por qué para el gobierno actual inversión extranjera es mala palabra cuando se habla de litio y muy buena palabra en relación con el resto de los minerales y los hidrocarburos? Al menos en este momento histórico de la vida del país, sería bueno dejar de lado tanta demogogia y empezar a trabajar en serio por la verdadera industrialización del país que la Central Obrera Boliviana (COB) ha empezado a reclamar con toda justicia.

* Analista de la economía del litio.