La Habana, (Prensa Latina).- La declaración del carácter socialista de la Revolución, a solo horas del desembarco mercenario en 1961, representa uno de los factores políticos decisivos de la batalla de Playa Girón, cuya trascendencia rebasa su momento histórico.

La víspera del 17 de abril de 1961 -día del inicio de la invasión por Bahía de Cochinos, Ciénaga de Zapata- ocurrió este momento definitorio, vitoreado por miles de personas, en su mayoría soldados y milicianos con sus fusiles en alto, cerca del capitalino Cementerio de Colón.

No hubo sorpresa cuando el máximo líder Fidel Castro advirtió la inminente amenaza de invasión y proclamó el carácter socialista de la Revolución, en el entierro de las víctimas de los bombardeos contra los aeropuertos de Ciudad Libertad, base aérea de San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba.

“Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas -dijo Fidel el 16 de abril de 1961-, es la dignidad, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba. “Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de los Estados Unidos!”, afirmó.

Las fuerzas revolucionarias lucharon, al mismo tiempo, por la Patria y el Socialismo, por su confianza sin límites en los objetivos de independencia, soberanía y justicia social de la Revolución Cubana.

El derroche de heroísmo de los combatientes constituyó también un factor importante en la Victoria de Girón alcanzada el 19 de abril de 1961 a un alto costo en muertos y heridos a causa de la agresión contrarrevolucionaria. Hubo centenares de heridos entre los combatientes y pobladores civiles y 50 quedaron incapacitados para el desempeño de sus funciones.

De los 176 muertos de la parte cubana (entre civiles y militares), más de 150 perecieron en acción o fallecieron por las heridas recibidas; su promedio de edad era 24,7 años.

Una fuerte motivación patriótica y revolucionaria impulsó a los centenares de combatientes cubanos, en su mayoría jóvenes, a pelear sin tregua en condiciones adversas y vencer en tres días y dos noches a un enemigo bien armado, incluso con aviación.

De no haber sido así era prácticamente imposible desalojar a los mercenarios de la denominada brigada 2506 que ocuparon Playa Larga, al fondo de la Bahía de Cochinos, y Playa Girón, al este de misma.

Los paracaidistas lanzados en puntos de acceso a las únicas vías existentes, se proponían impedir la llegada de tropas del Ejército Rebelde y batallones de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) y dar tiempo a consolidar una “cabeza de playa” donde instalar un “gobierno fantoche” que pediría la intervención de Washington.

Antes del triunfo de la Revolución allí existían peculiares condiciones de atraso económico e incomunicación que el Gobierno Revolucionario trató de transformar de inmediato, con la apertura de planes de desarrollo, carreteras y mejoría en la vida de sus pobladores, leñadores y carboneros.

La Ciénaga de Zapata, una de las regiones más aisladas de Cuba, fue el punto seleccionado para ejecutar la Operación Pluto por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

A lo largo y centro de la Península de Zapata (actual sur de la provincia de Matanzas) se halla la Ciénaga de Zapata, una superficie de 195 mil hectáreas desde la costanera norte a la costanera sur, con una franja rocosa a la orilla del mar.

Se trata del mayor humedal del Caribe Insular y el escenario de la hoy cincuentenaria Victoria de Girón que los cubanos recuerdan como la primera derrota de Estados Unidos en América.

Entre los lugares previstos para el desembarco estuvieron también la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud) y la ciudad de Trinidad; la primera resultó desechada luego de ser fortificada militarmente y la segunda, al aniquilar las fuerzas cubanas a grupos de contrarrevolucionarios alzados en las montañas vecinas.

No obstante su ubicación geográfica actual en Matanzas, la Península de Zapata pertenecía entonces a la Provincia de Las Villas como barrio del municipio Aguada de Pasajeros y había sido explotada por compañías madereras y latifundistas.

Poco después del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959 quedaron construidos dos poblados (Cayo Ramona y Caletón de Buenaventura), tres centros turísticos (Playa Larga, Playa Girón y Aldea Taína en la laguna del Tesoro) y un aeropuerto en Girón.

A pesar de los pantanos fueron tendidas carreteras que comunicaban la zona hacia el exterior e internamente. Una iba desde el Central Australia -no lejano de la ciudad matancera de Jagüey Grande- al poblado de Pálpite y Playa Larga (de 31 kilómetros).

Otra salía del Central Covadonga, pasando por el poblado y cruce de caminos de San Blas, a Playa Girón, en la costa sur (de 36 kilómetros).

Del poblado de Yaguaramas, sobre el Circuito Sur, al cruce de caminos de San Blas, se extendía otra vía con un recorrido de 30 Kilómetros. También se edificó una cuarta carretera, por suelos firmes (rocosos), desde Playa Larga a Playa Girón, por la línea de la costa, con un recorrido de unos 36 kilómetros.

En 1961 se encontraba en proceso de edificación otro pedraplén de este a oeste. Esas mismas vías tuvieron que tomar a sangre y fuego los soldados rebeldes, artilleros, policías y milicianos.

Al transitar por las estrechas carreteras, rodeados de pantanos, muchos de esos combatientes sirvieron de blancos perfectos cuando enfrentaban a la fuerza invasora, reclutada, entrenada, armada y pagada por Estados Unidos.

La nómina mercenaria en Bahía de Cochinos

Para invadir a Cuba en 1961, Washington reclutó una tropa mercenaria entre antiguos propietarios y funcionarios de la tiranía derrocada en 1959, junto a ex presidiarios y ex militares batistianos, algunos con crímenes pendientes de castigo.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) mezcló en un mismo saco a torturadores y criminales prófugos con aquellos que se proponían recuperar cargos en la vida pública y propiedades nacionalizadas por el Gobierno Revolucionario Cubano, cuya compensación económica rechazaron.

Unos mil 500 hombres componían la denominada Brigada 2506, de los cuales resultaron capturados las dos terceras partes al fracasar el 19 de abril de 1961 la invasión lanzada tres días antes en Playa Larga y Playa Girón, Bahía de Cochinos, sur de la provincia de Matanzas.

Alimentación y alojamiento y un salario mensual (libre de impuestos) de 175 dólares recibió cada participante soltero, y 225 dólares, si estaba casado, con un suplemento de 50 dólares por el primer hijo y 25 por cada una de las demás personas bajo su abrigo.

Los entrenamientos tuvieron lugar en Retalhuleu, Guatemala, y sus integrantes partieron de Puerto Cabezas, Nicaragua. La fuerza aérea mercenaria utilizó la base estadounidense de Oppalocka, en la Florida. Entre los 194 ex militares apresados, se encontraba el jefe de la brigada mercenaria, José Alfredo Pérez San Román (ex capitán del ejército batistiano). Además, los ex comandantes José Martínez Suárez y Jaime Varela Canosa; los ex capitanes Salvador Zeigenhirt Menéndez, Carlos Jorge Nasser, José Manuel Vives Spíndola, Harry Pérez Hernández y Juan Antonio Santamarina Bermúdez.

Zeigenhirt Menéndez era cuñado de Santiago Rey Pernas, ex primer ministro del dictador Fulgencio Batista (1901-1973).

En la lista estaban también siete primeros tenientes, 11 segundos tenientes, 19 sargentos, 14 cabos y 59 antiguos soldados y policías.

Muchos magnates contrarrevolucionarios vinieron personalmente o enviaron a sus hijos, a otros familiares y allegados, pues tal era la confianza en el éxito de los planes de la Casa Blanca, la CIA y el Pentágono para destruir la Revolución Cubana.

La nómina comprendía a 100 latifundistas, 24 grandes propietarios, 67 casatenientes, 112 grandes comerciantes, 35 magnates industriales, 89 altos funcionarios de empresas, 415 de las capas medias y 112 lumpens, parte de ellos con antecedentes penales.

Entre los geófagos estaban por encima de mil caballerías Alberto Fowler Perilliat (mil 900), Carlos López Oña (mil 697), Fabio Freire Aguilera (mil 436), Oscar Oslé Guibert (mil 286) y Humberto Cortina López (mil).

En conjunto los mercenarios de origen cubano se proponían recuperar 27 mil 556 caballerías de tierra (13.42 hectáreas por caballería), nueve mil 666 edificios de apartamentos y casas, 70 industrias, 10 centrales azucareros, tres bancos comerciales, cinco minas, 12 cabarets y bares, y otras propiedades.

Esto sin contar que los latifundios de estadounidenses abarcaban un millón 200 mil hectáreas de tierra (90 mil caballerías), comprendidas en la reforma agraria en proceso en Cuba. Algunos eran políticos enriquecidos en la república neocolonial o descendientes de otros, como los mercenarios citados a continuación:

Segundo Borges Enrique, enriquecido en el negocio de la carne, fue gobernador de Las Villas, alcalde de Cabaiguán y miembro del Partido Acción Unitaria (PAU) de Fulgencio Batista.

José A. Miró Torra, hijo de José Miró Cardona el jefe del equipo de gobierno creado por Washington que debía pedir la intervención militar si se consolidaba la cabeza de playa.

Manuel de Varona Segura Bustamante, hijo de Manuel Antonio (Tony) de Varona (ex presidente del senado, ex ministro de trabajo y ex primer ministro del Gobierno de Carlos Prío e integrante del equipo de gobierno fantoche que no pudo trasladarse a Playa Girón).

Jorge Alonso Pujol Bermúdez (157 caballerías de tierra), hijo de Guillermo Alonso Bermúdez ex senador y Vicepresidente de la República en el Gobierno de Prío.

José Andreu Santos (365 caballerías), hijo del ex senador José Raimundo Andreu.

José Manuel Gutiérrez Areces (234 caballerías), hijo del ex senador José Manuel Gutiérrez. Gustavo García Montes, sobrino de Jorge García Montes (Yoyo) ex ministro de educación y primer ministro de Batista.

Carlos Emilio Ochoa Núñez, hijo de Emilio Ochoa Ochoa, Millo, político de los partidos auténtico y ortodoxo.

Según se esclareció en el proceso judicial por la invasión mercenaria, hubo varios autores de torturas y horribles crímenes -prófugos de la justicia-, que fueron juzgados por separado en juicios públicos transmitidos por la televisión.

Fueron condenados a muerte cinco de ellos: Ramón Calviño Insúa, Jorge King Yung (alias el chino King), Emilio Soler Puig (alias el muerto), Roberto Pérez Cruzada y Antonio Valentín Padrón Cárdenas. Otros nueve criminales recibieron sentencias de 30 años de prisión.

El resto de los invasores, luego de probada su participaron y responsabilidad, tuvieron penas de pago de indemnización económica, con prisión subsidiaria hasta un máximo de 30 años hasta tanto no fueron aceptadas finalmente por Estados Unidos, en diciembre de 1962, y satisfechas principalmente en alimentos.

* Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina.