Las posibilidades de las clases sociales en sus luchas reivindicativas y políticas dependen de las condiciones materiales en que trabajan y viven, condiciones que en última instancia reflejan el grado de desarrollo del país. Al analizar las particularidades del proletariado minero, encontramos que, desde sus inicios, como consecuencia de la penetración del capital financiero imperialista en la segunda mitad del siglo XIX, se ha constituido en la vanguardia de las luchas sociales de este país.

Entre esas particularidades que van a definir sus rasgos peculiares y su naturaleza como clase, las más importantes, son las siguientes:

1. El hecho de trabajar en grandes concentraciones, sobre todo en las minas organizadas al modo capitalista, antes de la nacionalización en manos de los barones del estaño y después de la COMIBOL.

2. También tiene mucha importancia el hecho de que viven colectivamente organizados en campamentos donde las necesidades vitales y la satisfacción a las mismas son comunes.

3. Finalmente, el hecho de que se encuentran lejos de la influencia y la presión de la clase media, sobre todo del artesanado, canal por donde suele penetrar la influencia del reformismo y del anarquismo.

En el movimiento fabril están ausentes las anteriores características y, por el contrario, como consecuencia de que el capital financiero no tuvo interés de invertir en la producción industrial, las pequeñas fábricas eran apenas la prolongación de la producción manufacturera, con poquísimas excepciones como la FORNO a partir de la primera mitad del siglo pasado, la MANACO en Cochabamba y otras.

En la mayoría de las pequeñas fábricas se establecían relaciones casi patriarcales entre el patrón y sus trabajadores, era común el encontrar que el patrón se convertía en padrino de bautizo o de matrimonio de sus trabajadores. Recién en la última época llamada neoliberal se da el fenómeno de que las transnacionales penetran en la industria fabril; una gran parte de ellas, grandes y medianas, como la PIL – Andina, ACEITES FINO, las cervecerías, etc, se encuentran en manos del capital financiero.

Por todo lo dicho, actualmente, encontramos en este sector importantes resabios de la vieja actividad fabril casi artesanal y, al mismo tiempo, la gran industria maquinizada y organizada como empresa capitalista.

En las pequeñas producciones manufactureras, la fuerza de trabajo es una especie de semi proletariado que trabaja por un salario miserable la jornada de 8 horas y el tiempo restante, fuera de la fábrica, hace las veces de artesano, comerciante minorista o desarrolla cualquier otra actividad productiva.

Otro factor que impide la afirmación del sector como clase es que vive diseminado en la clase media de las ciudades recibiendo la presión del medio social. Es común encontrar en los hábitos de los fabriles las virtudes y los defectos del entorno social donde vive.

En los últimos tiempos, sobre todo en las grandes empresas capitalistas, se percibe el surgimiento de un movimiento proletario joven pero sin ninguna tradición; no encuentran un nexo con las experiencias del movimiento minero y su tradición revolucionaria. Pero, por la manera cómo producen socialmente frente a la máquina, percibiendo salarios siempre miserables, adquieren cada vez más rasgos definidos del proletariado industrial que – sin embargo- tiene que arrastrar la pesada cargo del viejo movimiento casi manufacturero. De este modo, también encontramos en la evolución de este sector la convivencia del atraso y del desarrollo; el primero, casi siempre, se convierte en obstáculo para las luchas sociales de la clase.

Todos estos criterios nos llevan a la conclusión de que, en el presente conflicto por lograr el sueldo mínimo vital con escala móvil, termine orientándose a las negociaciones sectoriales en torno a porcentajes miserables. En este proceso, la campaña del Estado y del patrón en sentido de la imposibilidad de satisfacer la exigencia obrera porque provocaría la quiebra de las empresas, la posibilidad de quedarse sin fuentes de trabajo, etc., obliga al sector a retroceder y a ceder a la presión del enemigo de clase. Probablemente, en la presente coyuntura, sea el proletariado fabril quien más rápidamente capitule frente a la patronal y el Estado burgués. Pero esa capitulación tendrá corta duración porque, inmediatamente después, empujados por la creciente miseria, volverán a plantear el problema salarial desde la perspectiva realmente proletaria.

Las perspectivas de la movilización en La Paz

Las masas radicalizadas imponen su voluntad en la calles reduciendo cada vez más el margen de maniobra de la burocracia sindical y del oficialismo, los dirigentes de la COB y de las diferentes confederaciones y federaciones controlados por el oficialismo se ven obligados a hablar un lenguaje radical y, prácticamente, actúan como prisioneros de la movilización; todo intento de frenar la lucha es neutralizado por los explotados e invariablemente los ampliados cupulares de la organización matriz se ven obligados a adoptar medidas de presión.

Eso es lo que ha ocurrido con el último ampliado de la COB que se ha visto obligado a concentrar a miles de trabajadores del interior en la ciudad de La Paz para exigirle al gobierno la derogatoria de su decreto que impone el miserable incremento de sueldos del 10 % y la urgencia de lograr sueldos y salarios que cubran las necesidades más vitales del trabajador y su familia.

Esta movilización nacional en la sede del gobierno se realiza en un marco de profundo malestar social debido a que la crisis está golpeando más fuerte a todos los sectores empobrecidos del país; la subida de precios y el inicio de una inflación descontrolada reducen a nada la capacidad de compra de los sueldos y salarios, la desocupación se acentúa y la inestabilidad de las fuentes de trabajo es cada vez más dramática. Los sectores independientes son los más desprotegidos por el Estado y tienen que agonizar sufriendo las consecuencias de la miseria cada vez más creciente. Todo este conjunto de factores se convierte en reactivos que impulsan a los explotados a la lucha.

La presencia de miles de explotados en las calles de La Paz puede incorporar a todos los sectores que ahora no encuentran un canal de movilización para poner en pie de combate a la mayoría nacional. No olvidar que ya existe experiencia en este tipo de movilizaciónes en la historia social reciente del país.

Los sectores movilizados deben dotarse de direcciones que emerjan desde sus mismas entrañas para controlar los movimientos de sus direcciones traidoras y planificar sus acciones diarias en las calles. El propósito es poner en jaque al gobierno que no dudará en recurrir a las fuerzas de represión con la finalidad de neutralizar los movimientos de los explotados. Sin embargo no se debe olvidar que el aparato represivo del gobierno se neutraliza frente a las acciones decisivas y radicales de los explotados.

Los objetivos de lucha ya no están en discusión y deben ser categóricamente enarbolados por la movilización:

Luchar por el salario mínimo vital y rechazar todo intento de pretender reducir la discusión en torno a miserables porcentajes. Que los sueldos y salarios se reajusten automáticamente en la misma proporción que suben los precios de los artículos de consumo. Exigir al gobierno políticas claras para mejorar los ingresos de los sectores independientes, de tal modo que les permita un nivel de vida humano para sus familias. Liquidar definitivamente el latifundio para entregar toda la tierra labrantía, como propiedad social, a los campesinos y originarios. Libre cultivo, comercialización e industrialización de la hoja de coca. Desenmascarar la política pro imperialista que desarrolla el gobierno en esta materia al pretender convertirse en campeón de la lucha contra el narcotráfico. Trabajo seguro y permanente para la gran masa de desocupados que habitan en este país. Servicio de salud gratuito para todos los bolivianos, sin poner en riesgo a las cajas de salud existentes, íntegramente financiado por el Estado., etc.

* Dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros Urbanos (URMA).