Más allá de las opiniones que se pueda tener de Muammar Kadaffi, que pasó de la “revolución verde” a hacer el trabajo sucio de las potencias europeas para detener el flujo de inmigrantes, poco a poco comienzan a surgir informes que revelan que el ataque aliado “para defender la población civil” es un engaño para ocultar un plan más viejo de ocupación de las riquezas petroleras.

El pasado 17 de marzo el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución que “autoriza a los estados miembros a tomar todas las medidas necesarias” para impedir el vuelo de los aviones del gobierno libio para proteger a la población civil.

Ahora, el diario The New York Times reveló que mucho antes de esta resolución el presidente Barack Obama había autorizado a la Central de Inteligencia Americana (CIA) a desplegar agentes en Libia para ayudar a los rebeldes y definir blancos para los bombardeos que, aún no habían sido aprobados. El mismo diario develó que además de agentes de la CIA, los James Bonds británicos (M-16) también están desplegados en territorio libio desde hace mucho tiempo. A su vez, la cadena norteamericana ABC reveló un memorando del presidente Barack Obama autorizando operaciones clandestinas para ayudar a los rebeldes en ese país.

Está claro entonces que los agentes secretos de las potencias están operando para derrocar a Kadaffi desde hace mucho tiempo, cuando Libia no estaba todavía en la agenda de las rebeliones árabes. Este tipo de campañas ya han sido realizadas antes. Infiltrar agentes, promover rebeliones o incidentes, y convocar después a la comunidad internacional a intervenir.

Por otra parte también ha quedado claro que la protección a la población civil es sólo un cuento. Diez después de iniciado los bombardeos a varias ciudades libias, que no estaban en poder de los rebeldes, comienzan a surgir noticias de víctimas civiles de los bombardeos aliados. Durante días los informes de los bombardeos solo registraban ataques a baterías antiaéreas, puestos militares, pero nunca se mencionaban víctimas, ni civiles ni militares. Cuando el régimen denunciaba la muerte de civiles, los medios de comunicación de las potencias decían que no se podían probar, aunque si daban por cierto los informes del otro bando.

Ahora, la OTAN reconoció que están estudiando la denuncia del representante del Vaticano en Trípoli, Giovanni Innocenzo Martinelli, que aseguró tener pruebas de la muerte de 40 civiles al derrumbarse un edificio bombardeado por los aliados en la capital libia. Martinelli denunció que “los llamados bombardeos humanitarios han matado a decenas de civiles en algunos barrios de Trípoli. He reunido el testimonio de gente de confianza. En particular en el barrio de Buslim, donde a causa de los bombardeos, un edificio se derrumbó matando a 40 personas”, dijo a la agencia católica Fides.

La noticia apenas ocupa espacio en algunos medios que, por otra parte, presentan encuestas de apoyo de la población a los ataques que “protegen civiles”. Una población civil que está obligada a tomar partido si no quiere ser bombardeada. El lunes, un periodista le preguntó al ministro de Defensa de Gran Bretaña sobre cuál sería la reacción de los aliados si las tropas rebeldes volvían a disparar cohetes contra las ciudades controladas por el gobierno, causando daños entre los civiles. El ministro demoró en responder y eludió la pregunta sosteniendo “esperemos que no pase”. El problema es que ya estaba pasando, y los bombardeos destinados a impedir esas cosas, estaban causando víctimas civiles.

Ahora, la nueva ofensiva de las tropas gubernamentales, que hasta hace una semana parecían derrotadas, está comprobando que los rebeldes no tienen poder de fuego suficiente para derrocar por si mismos a Kadaffi. La interrogante ahora, una vez que Europa y Estados Unidos aseguraron que el gobernante libio no puede continuar, es que medidas adoptaran para concretar sus deseos.

La OTAN asumió finalmente el mando de las operaciones, lo más seguro es que los libios se preparen a sufrir como los afganos.

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