La Habana, (PL).- La invasión de los mercados del planeta por dólares de Estados Unidos desborda los límites de la guerra cambiaria y amenaza con desestabilizar las economías del orbe a través de sus sistemas financiero y comercial. En un intento desesperado por tratar de prolongar la hegemonía del dólar como moneda de referencia y reservas de divisas mundiales, así como para intentar logar la recuperación económica de la peor crisis financiera de su historia, Estados Unidos recurre a lo que parece ser su último recurso como arma de guerra: el efecto dólar.

La intervención verbal del presidente de la Reserva Federal (FED) estadounidense a mediados del pasado año y la puesta en práctica en noviembre de la llamada flexibilización cuantitativa o QE2, mediante la emisión de la divisa estadounidense, para la compra de bonos del Tesoro por valor de 600 mil millones de dólares, incentiva la invasión mundial de capitales.

Ello ocasiona inflación en los países receptores y se suma a los otros componentes de la misma, como el aumento de los precios de la energía y los alimentos, burbujas de activos y revalorización de sus monedas.

En el reciente encuentro anual de funcionarios de Economía del Hemisferio Occidental en Calgary, Canadá, el gobernador del Banco de ese país, Mark Carney, dijo a sus colegas de América del Norte y Sur que el actual auge de la elevación de los precios de las materias primas podría durar décadas y advirtió a los países en vías de desarrollo que deberían ser agresivos en las alzas de tasas de interés

“Es un error atribuir todo esto a (factores) cíclicos”, dijo Carney, refiriéndose al argumento de que los precios de los bienes como el cobre y los granos han subido sólo debido a un repunte temporal del ciclo económico global.

Ante el argumento de algunos funcionarios de América Latina de que el auge de los precios de los alimentos pasará y que se debería centrar la atención en el tema de si el impacto temporal de precios alteraría las expectativas inflacionarias, Carney sostuvo que el panorama para la demanda subyacente es fuerte debido al rápido desarrollo de los mercados emergentes.

Agregó que las políticas mal orientadas en los mercados emergentes para responder a la alta inflación y a una oleada de ingresos de capitales podrían conducir a la inestabilidad financiera y un débil crecimiento económico global.

“Allí es donde uno puede cometer errores bastante grandes y tardar demasiado, tanto por el lado monetario como por las reformas estructurales que son bastante fundamentales”, dijo. Agregó que el crecimiento de los mercados financieros de la región aumenta el riesgo de burbujas especulativas crediticias.

Refiriéndose a lo que el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, calificó como “guerras cambiarias”, dijo Carney que cuando las economías grandes impiden la apreciación de sus monedas, se contagia y conduce a una reacción en cadena de otras políticas distorsionadoras.

“El impacto colectivo de esta conducta arriesga la inflación y burbujas de activos en las economías emergentes y, con el paso del tiempo, un crecimiento global inferior a lo normal”, señaló Carney.

En tanto el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) definió: “Estamos en un ambiente que probablemente permanecerá con nosotros por varias décadas”.

Por su parte, Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), planteo que gran parte de la economía de Latinoamérica está recalentándose y la inflación se acelera tanto por la fuerte demanda de los consumidores como por la escalada de los mercados de materias primas, que ha causado una subida de los precios de los alimentos.

Anteriormente Kahn, en una reunión en Washington, aceptó los errores del organismo para prevenir la crisis actual y ahora considera necesario reformar el sistema monetario internacional para evitar otra crisis, así como en la existencia de largos y volátiles flujos de capitales, en las presiones en los tipos de cambio y en la “rápida” acumulación de reservas.

“Parte del problema puede ser atribuido a la flexibilización cuantitativa en Estados Unidos, pero desde otro punto de vista que puede ser necesario porque todos dependemos del crecimiento de la economía estadounidense”, dijo, lineándose a la postura del canadiense Mark Carney.

O sea, para Strauss-Kahn el mundo debe soportar los efectos nocivos de la invasión de los mercados con emisiones de dólares cada vez más devaluados o efecto dólar porque -según él- “todos dependemos” de EE.UU.”

Sin embargo, la realidad muestra que no solo Estados Unidos, sino todos los desarrollados, están dependiendo cada vez de los emergentes, especialmente de China.

Resulta que esos flujos de capitales especulativos que se están sumando a los otros componentes de la inflación, sobre todo en los mercados emergentes, comienzan a regresar a EE.UU. a través del alza de los costos de las materias primas.

Por ello, los precios siguen con tendencia a mantenerse en niveles más altos, por lo que en la FED ya se está considerando elevar los tipos de interés, como ya lo anunció el Banco Central Europeo (BCE) y el de Gran Bretaña, entre otros.

Pero lejos de ofrecer expectativas de victorias, está guerra está provocando una férrea oposición de las victimas y sus efectos tienden a convertirse en un boomerang, que regresa a EE.UU. en forma de inflación importada, agregada a las inflaciones estructural y fundamental en los precios de las materias primas básicas y medidas proteccionistas.

La inflación estructural es originada por los grandes cambios en la economía global, como el traslado de plantas productivas y manufactureras de los países desarrollados a los emergentes, en el desarrollo de estos, en las infraestructuras principales; los cambios demográficos, educativos y científicos, entre otros.

La inflación fundamental está determinada por las bases económicas de cada país o región, como sus reservas en recursos naturales, posición geográfica, nivel de desarrollo financiero y económico y en la calidad de vida y consumo.

Estos cambios en marcha son permanentes, irreversibles, se suman a la inflación cumulada anualmente, tanto a la general como a la subyacente o básica, y excluye los volátiles precios de la energía y los alimentos.

Parte de esa volatilidad en los precios de estas matearías primas básicas se está convirtiendo en permanente e incorporando, a las inflaciones estructural y fundamental, al margen de los factores transitorios que provocan fluctuaciones como la especulación, fenómenos naturales y acontecimientos geopolíticos.

Esta alza de los precios, reflejada de forma inmediata en la energía y los alimentos, se ha visto acelerada últimamente por acontecimientos extraordinarios cismáticos, los desastres en Japón y la situación en el Medio Oriente y el Magreb.

De esta forma la inflación se comporta como un reflejo de las contradicciones del sistema socio-económico y un freno a su desarrollo, contribuyendo a su colapso, debido a la extrema concentración de la riqueza en las esferas no productivas del sistema, rompiendo el vínculo necesario y efectivo con la economía real, anulando la acción de ley del valor.

El resultado final es la contracción que ocurre en las economías desarrolladas, que combinada con la inflación importada, provoca un nuevo fenómeno de la economía capitalista, denominado contracflación. Esta difiere de la estanflación, en que además de ir más allá del estancamiento temporal de la economía, provoca una regresión negativa del crecimiento en sus estructuras y fundamentos de carácter irreversible, en el que las herramientas del sistema son disfuncionales, inefectivas o inaplicables.

Al desempleo y la inflación (inherentes a ambas), se le enfrentan -contrarrestándola- las presiones deflacionarias, provocadas por el propio desempleo, la contracción del crédito, las inversiones y el consumo, así como el derrumbe del sector inmobiliario, entre otras factores, como la baja proporcional de los salarios respecto a la inflación.

La novedosa “deflación con inflación”, en la que predomina esta última, pone a los productores en el dilema de trasladar o no el alza de los costos a los consumidores y a los bancos centrales, ante la disyuntiva de subir o no las tasas de interés para controlar la inflación. El alza de los precios crea menos ganancias e incluso la quiebra, y el incremento de las tasas genera mayor contracción económica, conformándose un círculo vicioso en espiral negativa, al cual el sistema capitalista no le puede encontrar solución.

Una amenaza mundial

La invasión de los mercados del planeta por dólares de Estados Unidos desborda los límites de la guerra cambiaria y amenaza con desestabilizar las economías del orbe, a través de sus sistemas financiero y comercial. Esta valoración ha sido confirmada una vez más, por el Wall Stret Journal, esta vez en artículo titulado “La Reserva Federal vuelve a barajar el naipe inflacionario”, del columnista David Wessel.

El texto reconoce que Estados Unidos está inyectando miles de millones de dólares en los mercados financieros, pero según su versión “se propone retirarlos antes de que genere presiones inflacionarias”. Luego añade: “…por favor, no nos culpen por la inflación en China, India o el Reino Unido. Combatir la inflación allí es un trabajo que le corresponde a las políticas fiscales, monetarias y cambiarias de esos países, no a nosotros.”

Se pregunta ¿cuál es la palabra que mejor describe la inflación hoy? Y responde: “Los vientos económicos soplan en dos direcciones al mismo tiempo… “Primero, la FED aún no ha tenido que optar entre combatir la inflación y el desempleo, sus dos tareas, y ha mantenido abierto el grifo del crédito.

“Espera de que el crecimiento se acelere y que el desempleo caiga antes de que aparezca una amenaza inflacionaria. Pero las corrientes cruzadas podrían producir un escenario menos agradable: menos crecimiento y más inflación, acompañados de un desempleo aún alto.

“Segundo, durante la crisis financiera (Ben) Bernanke (Presidente de la Reserva Federal) consideró tan baja la inflación que vio una amenaza deflacionaria.”

Mientras el Wall Stret Journal publica esas líneas, en el mundo se adoptan medidas de contraofensiva al efecto dólar, incluyendo la intervención en los mercados de divisas.

Por ejemplo, el Banco Central de China, está desacelerando el crecimiento de la oferta de dinero, junto a otras medidas en los últimos meses, para endurecer las condiciones monetarias, incluyendo reiteradas alzas en los requerimientos de reservas de los bancos y en las tasas de interés.

Esa entidad dijo que prioriza la estabilidad de los precios, continuará implementando su política monetaria “prudente” y utilizaría un conjunto de herramientas de política para manejar la liquidez y una adecuada oferta de dinero y financiamiento agregado.

El financiamiento agregado es una medida más amplia de las condiciones financieras de la economía china, que incluye préstamos tradicionales, financiamiento directo y una variedad más amplia de productos alternativos de crédito.

Por su parte Brasil aplicó alzas de impuestos a los créditos y emisiones de bonos en el extranjero y al gasto del consumidor, para reducir tanto los ingresos de dólares como la disponibilidad general de créditos en la economía, señaló el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega.

Las medidas incluyen un aumento del impuesto a las operaciones financieras sobre el gasto de consumo internacional mediante tarjetas de crédito, además de un alza al impuesto sobre créditos y emisiones de bonos internacionales a corto plazo.

“El gobierno está preocupado sobre las posibilidades de arbitraje que se presentan por los créditos a corto plazo”, añadió haciendo referencia a las llamadas operaciones de “carry trade”, práctica mediante la cual los especuladores piden créditos en el extranjero a bajas tasas de interés y luego lo invierten en Brasil, como era habitual en Japón con el yen.

Las tasas de interés en Brasil actualmente están entre las más altas del mundo. La tasa de referencia Selic se sitúa en 11,75 por ciento.

“Parte del dinero que ingresa como créditos de corto plazo podría estar dirigiéndose directamente hacia el mercado de renta fija”, como los bonos soberanos, lo que es considerado la principal causa para la apreciación del real frente al dólar.

Mantega indicó que el gobierno adoptaría medidas adicionales para reducir estos flujos y la disponibilidad del crédito “según sea necesario” para evitar la volatilidad en el mercado de divisas y una mayor inflación en la economía.

El desenlace final y los resultados de esta guerra o efecto dólar, comenzarán a verse con más claridad en los próximos meses, sobre todo cuando la FED tendrá que tomar decisiones, para controlar el inevitable incremento de la inflación.

* El autor es periodista, jurista, ex diplomático cubano, laboró en la Comisión Económica de la Asamblea General de la ONU y colabora con Prensa Latina.