El gobierno MASista reduce un proceso político, económico y cultural tan complejo como la descolonización a meros “ejercicios” institucionales que consisten en una serie de acciones realmente ridículas, anodinas, nada transformadoras y menos emancipadoras, tales como la “enseñanza en tiwanacotología” en la Universidad Militar y la “incorporación” de la wiphala.

El periódico Cambio ha publicado el 2 y el 16 de marzo de 2011 un extenso “diálogo” entre “el sociólogo Pablo Mamani, de la UNAM de México”, y “el viceministro de descolonización Idón Chivi”. Ambos intentan diferenciarse: Mamani insistiendo en las insu(de)ficiencias de la descolonización y Chivi pretendiendo justificar las acciones (supuestamente) descolonizadoras del gobierno.

Sin embargo, más allá de los matices, Mamani y Chivi comparten las mismas premisas: hablan desde posiciones teorizantes (que no teóricos) y a partir de referentes meramente librescos, no aluden (en absoluto) a procesos reales: económicos, sociales o políticos.

Ambos hablan desde un izquierdismo indigenizado (que no indianizado) bastante light, totalmente funcional a las lógicas multiculturales del execrado neoliberalismo. Por hoy vamos a dedicarnos a deconstruir la primera parte de la intervención de Chivi, la próxima nos dedicaremos a la crítica de las intervenciones de Mamani.

Chivi arranca el “diálogo” afirmando que “se ha invertido” (no se sabe si esfuerzos, recursos o dinero), “en una cantidad” (cuánto, tampoco lo dice) “de programas, proyectos y políticas” (que no los diferencia, ni los especifica, menos los explica, al parecer lo dice por decir).

En un intento de conceptualizar la descolonización, es curioso que Chivi entienda “la palabra descolonización como horizonte temático”. Ergo, la descolonización (para Chivi) es tema, un asunto, como cualquier otro (más o menos) intrascendente. Esta percepción ilusa (por decir lo menos) de la descolonización implica una absoluta despolitización de la misma.

Chivi alude además al Plan Nacional de Desarrollo, PND, cuyo “horizonte teórico” (que no político) sería –dice– la “descolonización”. Como bien sabemos, el PND nunca ha funcionado, su implementación operativa ha sido un total fracaso y no sólo por falta de recursos sino por la propia incapacidad técnica y gerencial de los burócratas del gobierno.

Aquí aparece la falacia teórica y política del discursito de Chivi, quien plantea la “descolonización del Estado desde el Estado”. Además del evidente pleonasmo, Chivi se entrampa y está pialado en su propia labia, desconoce (ingenua y/o ladinamente) el carácter (intrínsecamente) colonial del Estado q’ara boliviano (lo plurinacional es apenas un adjetivación). Chivi desconoce olímpicamente el funcionamiento y la operatividad de los dispositivos de dominación moderno colonial. ¿Bajo qué lógica puede ser posible que un ente colonialista y colonizado (como es el Estado) puede descolonizarse? La consecuencia no es (ni puede ser) sino la re-colonización.

Chivi dice igualmente que “desde 2006 hacemos (sic) un rediseño institucional”. ¿En qué consiste tal rediseño? En una serie de acciones totalmente ridículas, si acaso no risibles, tales como la “incorporación» de viceministerios. La “incorporación” (palabra favorita de los MASistas) es plenamente funcional al sistema q’ara dominante. La “incorporación” no cambia, ni transforma nada, absolutamente nada, sino más bien fortalece y legitima la hegemonía (opresión y sujeción) moderno colonial.

Chivi también se ufana de que “en 2006 hemos incorporado la palabra descolonización”. Esto no es verdad por dos razones: primera, porque durante el 2006 no pasó nada, absolutamente nada, en la Asamblea Constituyente (se entrampó insulsamente en la discusión de los 2/3); segunda, el posicionamiento estratégico de la propuesta de descolonización es obra de Patzi y Saavedra (desde el Ministerio de Educación). Todos los demás “descolonizadores”, incluido Chivi, se colaron, de manera oportunista, a este proyecto evidentemente estratégico.

Chivi habla asimismo de que “la descolonización va a comenzar a tener (sic) ciertos ejercicios, ciertos despliegues institucionales”. Y, ¿en qué consisten tales “ejercicios” institucionales? En una serie de acciones realmente ridículas, además de anodinas, nada transformadoras, menos emancipadoras, tales como la “enseñanza en (sic) tiwanacotología (re sic) en la Universidad Militar… la incorporación (cuándo no la cantinela de la incorporación) de la bandera con la wiphala, que es también –dice– un proceso de descolonización”. Esto ya es el colmo, reducir un proceso político, económico y cultural tan complejo como la descolonización a un mero “ejercicio” institucional o a la “incorporación” de un emblema en el uniforme de los milicos es francamente estúpido.

En general, Chivi no entiende y, en realidad, no quiere entender (por razones obvias) el sentido y la proyección estratégica: histórica, política y cultural de la descolonización. No sólo que no entiende o no quiere entender, sino que también trabaja implementado las acciones (simplistas y reduccionistas) que propone, acciones que se demuestran ser por y para el desarrollo funcional del sistema mundo moderno colonial y capitalista. Con una verbosidad (supuestamente) descolonizadora, Chivi, al igual que el conjunto del gobierno MASista, está contribuyendo eficientemente a la recolonización del Estado boliviano.

Si lo que proponen los MASistas, como Chivi, no es (ni puede ser) descolonización, ¿qué es la descolonización? Es básicamente la transformación (que no sólo cambio) radical de las estructuras de dominación moderno colonial. Esta subversión radical no se produce por la mera “incorporación” de adornos (folklóricos), festivales de música “autóctona” o matrimonios colectivos (al estilo de la reaccionaria y fascista secta Moon), absolutamente funcionales al multiculturalismo neoliberal, sino con la transformación revolucionaria del conjunto de los poderes dominantes: económicos, políticos y culturales.

En definitiva, la descolonización tiene sentido sólo y sólo si se afecta y transforma (radicalmente) el poder económico, político y cultural de la sociedad y el Estado q’ara boliviano. La condición de posibilidad de esta transformación post (de) colonial es la organización, movilización y sublevación, tal como nos enseñan las actuales rebeliones de los pueblos árabes y las propias insurrecciones de los pueblos andinos: desde Mallku Inka en el siglo XVI hasta Felipe Quispe en el siglo XXI.

Los horizontes estratégicos de la lucha combativa y combatiente del conjunto de las naciones aymaras y quechuas, están constituidos por el entramado de la reconstitución territorial, el re-potenciamiento económico (a través del impulso de la lógica qamiri) y el restablecimiento de la propia soberanía política: ergo el desarrollo de la hegemonía kolla.

* Profesor de la Universidad Andina Simón Bolivar. Fuente: http://www.periodicopukara.com/archivos/pukara-56.pdf