El imperio estadounidense siempre ha tenido dos caras: Obama acaba de visitar tres países de América Latina para delinear el futuro a corto plazo de la dominación imperial “pacífica” en esta parte del mundo, hablando de “democracia” y “derechos humanos”, mientras intensifica sus esfuerzos bélicos en Libia, Afganistán, Irak, Pakistán, etcétera.

Tradicionalmente, EEUU hace lucrar y utiliza a todas las grandes corporaciones (petróleo, transporte, electricidad, alimentación y medios de información) en sus sangrientas intervenciones militares abiertas y también en su perpetua campaña solapada para desestabilizar gobiernos que considera “hostiles” y cuyos recursos naturales desea apropiarse. La clásica intervención oculta se dio en el golpe de estado en Chile en 1973, Honduras (el más descarado del siglo 21) y el golpe fallido a la República Bolivariana de Venezuela en 2002, una escena circense que duró sólo 2 días. También, últimamente, falló en Bolivia y Ecuador.

Para instrumentar sus políticas, EEUU cuenta con la condescendencia de sus “aliados”, “amigos” o vasallos del continente. Entre los más leales tiene a Chile, Canadá, Panamá, Colombia, Costa Rica, Honduras y Perú, más sus organizaciones funcionales como la ONU, la OEA y las ONG financiadas por instituciones camufladas del departamento de Estado, entre otras, el Instituto Albert Einstein de Gene Sharp, el Centro Internacional para el Conflicto No Violento (ICNC) de Peter Ackerman y Jack Duvall, Freedom House, la USAID, la NED y el Instituto Republicano Internacional. Utiliza las propias embajadas y sedes diplomáticas de EEUU como centros clandestinos de planificación y conspiración para acciones que van desde la ilusión de propinar un “golpe suave”, como en la Yugoslavia de Milosevic, o el de Honduras, el 28 de junio de 2009.

Ideología imperial

Para entender mejor cómo piensa y actúa el imperio EEUU se requiere hurgar en la historia. Tal como la república de Roma (509 a. C – 27 a. C.) se convirtió en imperio (27 a.C – 476 d.C) después de guerras fratricidas, traiciones y asesinatos que obligaron al Senado (compuesto sólo por aristócratas terratenientes esclavistas) a “pasar” el poder a los simpáticos imperatores, el imperio yanqui tiene analogías con la historia romana.

Estados Unidos de América del Norte nació como república aprobando la constitución el 17 de septiembre de 1787, en la Convención Constitucional de Filadelfia. Entre otras omisiones, no abordó la esclavitud. Para encarar esa ignominia hubo que esperar al 16° presidente, Abraham Lincoln, quien era contrario a la esclavitud, como la mayoría de la población del norte de EEUU. Pero eso no significa, ni mucho menos, que fuera partidario de la igualdad racial, ni que se tratase de un abolicionista radical dispuesto a imponer por la fuerza la emancipación de los esclavos en el sur.

Esta primera república americana tiene similitudes con la historia romana, salvo una gran diferencia. Entre las similitudes, brevemente, está en primer lugar la carta magna, redactada a espaldas del pueblo, en una mansión de Filadelfia (Cámara Legislativa), en reunión secreta, a puertas cerradas y con guardianes armados en todos los accesos. Segundo, los 55 delegados que redactaron la constitución incluyeron a la mayoría de los líderes más destacados, llamados padres fundadores de la nueva nación (Thomas Jefferson, que estaba en Francia durante la convención, dijo: “Esto es realmente una asamblea de semidioses”). Tercero, todos eran terratenientes ricos, de raza blanca, en un territorio lleno de esclavos negros. La sola diferencia es que esta república (al contrario de su ídem romana) no necesitó esperar siglos para convertirse en imperio: lo fue desde que nació. Es decir, lo trajo en su ADN.

Como todo imperio, nació con una convicción mesiánica de su futuro. Esta visión fanática de su destino lo llamaba a obedecer el mandato divino de convertirse en protector y defensor de la legalidad, la libertad y la democracia en el mundo. Esta pesada carga, que nadie se la pidió ni se la impuso, se funda en la creencia de que EEUU posee una superioridad moral (porque es el “pueblo elegido”) y, en consecuencia, tienen un “destino manifiesto”, engendro de fanatismo híper violento acuñado por las sectas puritanas inglesas que llegaron al territorio norteamericano entre los primeros inmigrantes. Estos supuestos teórico-religiosos les han permitido justificar su intromisión en los asuntos internos de otros pueblos (aquellos no “elegidos de Dios”) o ejercer de lleno la violencia contra ellos.

La primera actitud intervencionista inspirada por el espíritu del “destino manifiesto” fue la obsesión de los colonos ingleses por desplazar de sus tierras (o bien exterminar) a los indígenas norteamericanos y la desenfrenada necesidad de extender sus territorios hasta conformar una nación fuerte y poderosa como para asegurar el cumplimiento de ese destino manifiesto. Sin ningún esfuerzo, aquí se observa una concordancia aterradora con los principios fundacionales del Estado de Israel.

En cuanto a su relación con otras naciones (desde su conversión a “república” y hasta que se derrumbe su imperio), EEUU seguirá manejando sus relaciones exteriores como si se tratara de una cruzada moral. Sin sonrojarse, generalmente justifica sus acciones con dos argumentos: el de la “nación fuerte que protege a la débil”, como pueden constatarlo la gran mayoría de las naciones americanas; o bien, el de “la lucha contra el ‘mal’ para defender la libertad y seguridad del mundo”, como alega hoy respecto a sus bombardeos e invasiones inmorales y genocidas en Libia, Irak, Afganistán y Pakistán. Los pueblos latinoamericanos conocemos de memoria la aplicación de esta política “salvadora” (basta leer “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano). Los oligarcas de nuestros países también lo saben pero se hacen “los suecos”, o, para ser más actuales, se hacen “los chilenos”.

Para concluir este recordatorio histórico e ilustrar el legado de esta democracia espuria made in USA, existe escasa participación del pueblo estadounidense en las elecciones locales. Por ejemplo, en 1999 el alcalde de Dallas fue electo con el voto del 5% de los electores inscritos, y el de San Antonio con el 7,5%. Respecto a las elecciones presidenciales, ya sabemos que los Presidentes se eligen con poco más del 20%, y en ocasiones -como Bush en el año 2000- son designados en vez de elegidos.

El Imperio ataca: Venezuela, el enemigo predilecto

Para tener una pequeña idea de cómo “trabajan” los amanuenses del imperio, otro ejemplo: invitado por todos los sectores opositores al gobierno bolivariano de Venezuela, José Miguel Vivanco (de nacionalidad chilena y director de Human Right Watch para América Latina) llegó a Caracas -el 18 de Septiembre del 2008- para participar en reuniones secretas con sus invitados e intervenir en una emisión de la televisora Globovisión, apodada Globoterror por su participación activa en el golpe de 2002 en ese país. Vivanco habló poco. Más leyó que improvisó. Y culpó al gobierno de Chávez de violación de la libertad de expresión, discriminación política, ataque a las organizaciones laborales (sic), eliminación de la independencia del poder judicial y -la cereza del pastel- “numerosas degradaciones a los derechos humanos”. Así es la cara dura de este estricto representante de una organización que vigila al mundo desde su sede en Washington. Terminada la emisión, a Vivanco lo aguardaba la policía, que lo llevó directamente al aeropuerto y lo embarcó de regreso a su “democrático” país, cumpliendo un acto de elemental dignidad y soberanía ante una infame injerencia reñida con todos los tratados que regulan la diplomacia del continente. Por supuesto, la OEA, por boca de su secretario general -el circense José Miguel Insulza, también de nacionalidad chilena- condenó inmediatamente la decisión soberana de Venezuela y amenazó con activar la graciosa e ineficaz Carta Democrática Interamericana.

Dejando de lado más de una década de intentos desesperados de derrocar a Chávez, incluso contemplando su eventual asesinato, la oligarquía venezolana -con la descarada ayuda imperial en dinero, logística terrorista, mercenarios y toda su batería mediática, a través del control mundial de los medios de información- no ha podido retrasar, ni menos parar, la construcción de un nuevo sistema social que tiene como características sobresalientes ser anti-imperialista y anti-capitalista, un sistema basado en la solidaridad, la transparencia de los actos de sus dirigentes y la delegación del poder al pueblo organizado, llamado Socialismo del Siglo 21. Hasta ahora, el imperio y sus vasallos no han podido dañar seriamente a los gobiernos que buscan una vía propia, agrupados especialmente en la ALBA para luchar por una América mestiza unida y con una sola voz.

Una importante agresión a Venezuela fueron las 7 bases militares impuestas a Colombia a través del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, cuyo vasallaje rastrero mereció una “condecoración yanqui” y estas palabras de otro canalla -Busch-, pronunciadas entre sonrisas cínicas de mafiosos: “He aquí a un verdadero amigo de nuestro país. Es más que un amigo porque no sólo cumple con lo que le pedimos sino que hace mucho más de lo que le pedimos” (carcajadas de los asistentes al circo).

La última agresión a Venezuela vino por boca de un payaso menor en política exterior (el mayor es Hillary Clinton). En una analogía de mal gusto, quizás serían los “los enanos” contemporáneos de las antiguas cortes (con el perdón de los enanos). Este payaso menor es el portavoz del departamento de Estado, Philip Crowley, quien advirtió a Venezuela sobre las “consecuencias” que traería para las relaciones bilaterales la decisión soberana del gobierno de Hugo Chávez de retirar el placet a Larry Palmer como embajador de la Casa Blanca (Caracas, 20 Dic., AVN). “Le dejamos claro a Venezuela que este tipo de acciones tendría consecuencias”, amenazó Crowley en rueda de prensa reseñada por la AFP. Causa de estas amenazas (dirigidas a medir la paciencia del gobierno bolivariano con la secreta esperanza de que haga un gesto, alguna acción que justifique una intervención militar imperial) es la sospechosa insistencia de Obama y sus secuaces en poner como embajador en Venezuela al afroamericano Larry Palmer, que sin esperar el beneplácito a su nombramiento tuvo el descaro de decir que era contrario a regímenes totalitarios como Cuba, y que Venezuela corre el riesgo de seguir el mismo camino de Fidel. ¿Qué tal el negrito? A reglón seguido, el subsecretario de Asuntos Hemisféricos de EEUU, Arturo Valenzuela (otro chileno, ahora chileno-estadounidense) publicó en su página que la designación había sido aprobada y que Palmer viajará a Venezuela. La respuesta de Chávez fue de antología: “Si viene, Nicolás (dirigiéndose a Nicolás Maduro, ministro de Relaciones Exteriores), habrá que agarrarlo y le brindas un café de mi parte y por el mismo lugar retorna a su país. Bye, bye”.

Estrategias de “golpe suave”

En un breve resumen de la estrategia preferida del imperio en América Latina, el “golpe suave” tuvo éxito en Yugoslavia (Serbia) contra Milosevic, en 2000, y luego fue utilizado en Georgia (Revolución de las Rosas, 2003), Ucrania (Revolución Naranja, 2004) y Kirguistán (Revolución de los Tulipanes, 2005) para debilitar a los gobiernos izquierdistas o aliados de Rusia de esos países. Aunque la estrategia del “golpe suave” fue exitosa en todos estos casos, excepto Serbia, en los últimos años se ha revertido. En Ucrania, por ejemplo, el mismo presidente que fue derrocado con esta estrategia en 2004, Viktor Yanukovych, ganó la presidencia de nuevo en 2010, luego que la “Revolución Naranja” fue desenmascarada como una táctica de Washington para instalar un gobierno títere en ese país.

La estrategia del “golpe suave”, llamada también “revolución de colores”, bajo la bandera de la “no violencia” y empleando logotipos y tácticas de marketing atractivas para los jóvenes, fomenta pequeños disturbios en la calle para crear un ámbito permanente de inestabilidad y caos. Luego, atrayendo la atención de los medios internacionales, los jóvenes guiados por las agencias de Washington provocan la represión del Estado (a través de actos violentos o ilegales) que luego la gran prensa difunde como “violación de los derechos humanos” para justificar cualquier acción contra el gobierno victima escogido por el Consejo de Seguridad de EEUU.

En 2003, representantes del Instituto Albert Einstein, que es el organismo creador de la estrategia del “golpe suave”, armaron un taller de casi dos semanas en Venezuela para sectores de oposición al Presidente Chávez. El adoctrinamiento fue dirigido a lo más granado de la oligarquía venezolana afín al imperio, es decir, a los más radicales y mafiosos, y a un grupito de seudo-estudiantes ricos aspirantes a líderes, como un tal Yon Goicoechea, premiado con 500 mil dólares por el Instituto Cato de Washington y premio Milton Friedman, galardón en memoria del creador del neoliberalismo salvaje de los Chicago’s Boys, doctrina que se aplicó por primera vez bajo la dictadura de Pinochet. También destacó otro elemento, sindicado como matón y violador, de nombre Nixon Moreno, asilado en el Arzobispado de Caracas y, como si fuera poco, premiado en su refugio arzobispal por la ULA –casa de estudios opositora al gobierno bolivariano- con un título universitario después de estar 11 años inscrito en esa Universidad sin haber aprobado ni un tercio de las asignaturas del programa. Todo este mundillo de mafiosos y delincuentes comunes estuvo presente en el “taller” de adoctrinamiento convocado por el imperio.

El propósito de esta mascarada fue ayudar a los grupos anti-chavistas a sacar del poder al Presidente de Venezuela. Semanas después de esta visita del Coronel Robert Helvey, experto en “cambio de régimen” y mano derecha del “gurú ideológico” Gene Sharp, los sectores de la oposición en Venezuela iniciaron acciones de calle que provocaron disturbios y desestabilización en Caracas, con la intención de forzar al Presidente Chávez a dejar el poder bajo la presión de una supuesta “rebelión cívica”, llamada “guarimba” por el pueblo. Los sectores opositores quemaron neumáticos y basura por toda la ciudad, lanzaron piedras y bombas molotov a las fuerzas de seguridad y buscaron cualquier manera de fomentar la violencia (incluyendo asesinatos de dirigentes campesinos por sicarios pagados, amenazas de muerte o asesinatos efectivos de fiscales y representantes comuneros elegidos en votación directa por el pueblo) para luego justificar la intervención internacional que eventualmente derribara al gobierno. Al no lograr su objetivo en aquellos años 2005 al 2007, las agencias de Washington seleccionaron un grupo de jóvenes venezolanos para viajar a Belgrado, Washington y Boston a fin de recibir otros talleres de formación y capacitación impartidos directamente por los antiguos fundadores de Otpor (¡Resistencia! ) en Serbia, y también del Instituto Albert Einstein y el Centro Internacional para el Conflicto No-Violento. Al mismo tiempo, la USAID y la NED aumentaron su financiamiento a grupos de jóvenes en Venezuela, para facilitar la formación de sus organizaciones y movimientos contra el gobierno del Presidente Chávez.

La inversión financiera y estratégica de Washington logró lanzar en Venezuela el movimiento estudiantil “manos blancas”, que desde 2007 ha ejecutado una serie de acciones contra el gobierno cada vez que se acerca un proceso electoral o un momento importante en la política del país. Aunque no han logrado su objetivo, siguen recibiendo financiamiento multimillonario de las agencias internacionales para alimentar al conflicto.

La batalla que libran los países progresistas de América Latina, a la cabeza Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, conmueve y orgullece. Hacer renacer la conciencia de dignidad de nuestros pueblos es una de las tareas prioritarias de la revolución, llámese Socialista, Ciudadana o Indigenista, poco importa. Lo imprescindible es levantar la educación ideológica de los pueblos hasta hacer irreversible la re-fundación de nuestras sociedades enfermas y corruptas desde nuestras seudo-independencias. Es urgente crear una verdadera independencia que descanse en el pilar de la participación activa de nuestros pueblos, creando la sociedad que las mayorías desean hoy -en nuestro impredecible presente- según cada país. Hay pueblos mayoritarios heroicos. Mañana serán la juventud de hoy y las próximas generaciones quienes digan la última palabra.

* Cientista social chileno residente en Canadá. Fuente: MAPOCHO PRESS.