Roma, Trípoli, Londres y Bruselas (PL).- El papa Benedicto XVI llamó hoy a los “cuerpos internacionales” a detener la ofensiva militar iniciada en Libia hace más de una semana bajo el amparo de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Aviones y buques de la OTAN lanzaron unas 45 bombas con ojivas de uranio empobrecido, denunció un intelectual y activista contra la guerra.

Benedicto XVI urgió a deponer las armas a los “que tienen la responsabilidad militar y política” en aras de entablar un diálogo que garantice una salida pacífica y duradera al conflicto en ese país árabe.

El papa abogó por un alto el fuego en territorio libio y manifestó su preocupación por el creciente número de víctimas civiles, entre los que cuentan mujeres y niños, consecuencia de los ataques aliados.

Sostuvo que “en los momentos de mayor tensión se hace más urgente la exigencia de recurrir a todos los medios que tiene la diplomacia y de apoyar también la más débil señal de apertura y de voluntad de reconciliación”.

El diario vaticano L‘Osservatore Romano advirtió la semana pasada que la operación militar contra esa nación norteafricana encabezada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido es presa de una gran confusión.

Un editorial de primera plana alertó que la operación para implementar la resolución sobre el establecimiento de una zona de exclusión aérea en Libia fue puesta en marcha con prisa y sin coordinación.

En Trípoli, fuerzas leales a Muamar El Gadafi hicieron hoy férrea resistencia en Sirte a la ofensiva rebelde apoyada por intensos bombardeos de la OTAN, los cuales el gobierno sirio calificó de injerencia ilegal e inmoral.

Los combates se desarrollaron en el este de la ciudad natal de El Gadafi, donde las tropas regulares combatían en desventaja por tener que protegerse de la embestida de los alzados y de la aviación militar occidental que mantiene su asedio, indicó la televisión oficial.

Un portavoz aportó imágenes de bombardeos de aviones Tornado de la OTAN sobre el poblado sureño de Sabha y dijo que ese ataque pretendía destruir bunkers y otras instalaciones que supuestamente almacenan armas y municiones usadas para arremeter contra opositores en Misratah.

Por su lado, la agencia estatal de noticias JANA reportó que las incursiones aéreas en Sabha arrasaron numerosas viviendas, así como el aeropuerto y otras infraestructuras. Los enfrentamientos en Sirte, situada al oriente de Trípoli, son los más fieros registrados en las últimas horas desde que los insurgentes comenzaron un acelerado avance hacia el oeste con el apoyo de la artillería aérea y marítima de la coalición.

“Sirte no sera fácil tomarla. Ahora, a causa de los bombardeos de la OTAN sobre las armas pesadas (del Gobierno), estamos casi combatiendo con el mismo arsenal”, comentó a medios extranjeros el general Hamdi Hassi, comandante opositor en la ciudad de Bin Jawad.

Desde que ocuparon Benghazi, la segunda ciudad del país y convertida en capital de la insurgencia, los irregulares han tomado Ajdabiya, Brega, Ras Lanuf, principal puerto petrolero, y hoy combatían en An Nawfaliya, unos 180 kilómetros al este de Sirte.

El portavoz de la Presidencia, Moussa Ibrahim, calificó las acciones internacionales de clara injerencia y definió el conflicto como guerra civil, de ahí que sea una actuación al margen de lo estipulado por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.

“Es ilegal e inmoral”, subrayó Ibrahim al recordar que el texto de la ONU sólo autoriza imponer una zona de exclusión aérea en Libia, mientras aseguró por otro lado que Misratah había sido liberada del control de los alzados.

La televisión libia reportó anoche que los países de la OTAN, a los que llamó “agresores colonialistas”, bombardearon zonas civiles y militares de Trípoli, y esta mañana se escucharon cinco explosiones seguidas de artillería antiaérea de las fuerzas gubernamentales. Una carretera que conduce al aeropuerto internacional capitalino y un barrio fueron los principales blancos de la coalición en la novena noche consecutiva de hostigamiento bélico.

David Wilson, experto del capítulo británico de la organización Stop the War Coalition (Paren la guerra), indicó que los aviones y buques de la OTAN lanzaron 45 bombas con ojivas de uranio empobrecido, mineral radiactivo altamente nocivo, cada una de dos mil libras. Este tipo de armamento “es el arma perfecta para asesinar a montones de gente”, advirtió al citar a una experta estadounidense en física química.

La sustancia radiactiva, contenida en el polvo negro que emana a la atmósfera tras la potente explosión, puede causar daños renales, cánceres de pulmón y huesos, trastornos en la piel, trastornos neuro-cognitivos, daños cromosómicos, síndromes de inmunodeficiencia y extrañas enfermedades renales e intestinales, alertó.

Recordó que en los ataques contra Bagdad durante la invasión a Iraq la aviación de Estados Unidos arrojó más de 500 mil toneladas de municiones que llevaban puntas de uranio empobrecido. Se comprobó posteriormente que los niveles de radiación superaban la norma entre mil y mil 900 veces en zonas residenciales.

A quién y qué se está protegiendo esta vez en Libia, preguntó Wilson al fustigar las frases lacónicas del canciller británico, William Hague, cuando habló de la supuesta misión humanitaria de la OTAN en el país magrebí “para proteger a los civiles y a las zonas habitadas por civiles”.

Para el analista canadiense Michel Chossudovsky, los bombardeos sobre territorio libio han causado la muerte de personas inocentes y destrucción de objetivos civiles, según corroboran los primeros informes sobre los ataques aéreos de la coalición liderada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido.

Chossudovsky deploró cómo los grandes medios de información de Occidente ocultan las muertes de civiles o las muestran como daños colaterales de los misiles de la OTAN, en el concepto moderno de los bombardeos humanitarios, para intervenir en estados soberanos. El experto aseguró que existen indicios de que hospitales e instalaciones de la infraestructura civil de Libia figuran en la lista de los blancos seleccionados por los aviones de la OTAN.

La nueva guerra de la OTAN

Libia pasó a ser el cuarto teatro de operaciones militares de la OTAN en poco más de una década, como parte de la estrategia bélica y geopolítica de Estados Unidos.

La implantación de la alegada zona de exclusión aérea sobre territorio libio y los primeros bombardeos contra supuestos baluartes de las fuerzas del líder Muammar el Gadafi, coincidieron justo con los aniversarios de la invasión anglo–estadounidense a Iraq (2003) y de los ataques de la OTAN contra la antigua República de Yugoslavia, el 24 de marzo de 1999.

Ninguna de esas acciones fue aprobada por Naciones Unidas y las consecuencias de esas tragedias se miden todavía. La guerra declarada a Afganistán en nombre de la lucha contra el terrorismo internacional lejos de terminar se prolonga, las tropas intervencionistas siguen empantanadas, mientras aumentan a diario las víctimas civiles.

Buena parte del planeta presenció otra vez con horror cómo los halcones de la guerra quieren sacar altos dividendos de las revueltas simultáneas en Oriente Medio y en el norte de Africa en su política de injerencia e intervención en un estado soberano, en desmedro de la diplomacia y del derecho internacional.

La mano dura de la OTAN -con la batuta de Reino Unido y Francia- ha caído justo sobre la economía petrolera más grande de Africa, en un país donde se calcula existen un 3,3-3,5 por ciento de las reservas mundiales de crudo. Es la primera guerra directa de la alianza en África, apuntan los expertos.

La guerra “por el petróleo” como califica el analista canadiense Michel Chossudovsky fue precedida de severas sanciones económicas, un colosal embargo comercial y congelamiento de activos financieros a compañías libias.

Los bancos fueron instruidos por Wall Street y Washington para congelar las transacciones financieras provenientes de Trípoli con el fin de destruir el sistema financiero libio.

Como demostró la operación contra la entonces Yugoslavia (“Fuerza Aliada”), la zona de exclusión se tradujo en una lluvia de bombardeos a objetivos “militares”, ataques selectivos con misiles y no solo a los sistemas defensivos del país.

El propio jefe del ejercito británico Nick Harvey dijo a la sazón que no había una clara distinción entre el envío de una fuerza de ocupación a gran escala -que está prohibida en los términos del mandato de Naciones Unidas- y una intervención más limitada.

No pocos observadores creen que Occidente preparó con astucia un manto legal para legitimar sus planes de intervención en Libia, en apenas un mes y no tardará en materializar una ocupación terrestre.

El presidente Barak Obama, de otro lado, trató a todas luces que Estados Unidos no figurara esta vez como el agresor directo, ante el torrente de críticas y la impopularidad de las guerras en Afganistán e Iraq.

Tras bambalinas, Washington y Bruselas han actuado de mutuo acuerdo, pero con la OTAN como actor visible, a semejanza del teatro de operaciones diseñado en 1999 contra la ex Yugoslavia.

El analista Michel Chossudovsky afirma que la “Operación Libia” se inscribe en el diseño belicista del Pentágono: varios teatros de guerras simultáneos, inherentes a la doctrina militar de Estados Unidos y a la amplia batalla por el petróleo, acotó.

La política de Estados Unidos registra una tendencia estable, afirmó recientemente el primer ministro ruso, Vladimir Putin, tras recordar que Washington bombardeó Belgrado durante la presidencia de Bill Clinton, y durante el gobierno de George Bush (padre) y W. Bush (hijo), los objetivos fueron Afganistán e Iraq.

“Ahora llegó el turno de Libia. La están bombardeando bajo el pretexto de defender a la población civil. Los autores de tal acción no tienen lógica ni escrúpulos”, sentenció Putin al criticar la ligereza conque Estados Unidos adopta decisiones de emplear la fuerza contra otro estado.

En su artículo “Intervención e Insurrección: intento de golpe de Estado en Libia”, Chossudovsky advierte que fuerzas especiales estadounidenses y asesores de la OTAN ya estaban en suelo libio antes de los disturbios en los países árabes vecinos.

Junto a soldados británicos del Special Air Service y agentes de inteligencia disfrazados de diplomáticos, Estados Unidos infiltró en territorio libio a miembros de un comando especial con la misión de desestabilizar al país y establecer bases para futuras operaciones aéreas, según el Centro de Investigaciones Globales.

Periódicos occidentales dieron cuenta desde inicios de marzo del emplazamiento de marines estadounidenses en la isla de Creta y del despliegue por el Mediterráneo del buque anfibio de asalto USS Ponce y el navío Kearsarge, éste último equipado para aterrizaje de aeronaves y helicópteros MH-53E Super Stallion.

Tras estallar las revueltas en esa nación magrebí, el portaaviones USS Enterprise acompañado de los buques de su fuerza de tarea cruzó el Canal de Suez. Estados Unidos mantiene en alerta de combate su base aérea en Aviano, Italia, y tiene a su disposición dos enclaves en Bulgaria y uno en Rumania.

La escalada militar en el mar Mediterráneo por parte de otras naciones miembros de la OTAN encaja sin duda con el despliegue de unidades del Pentágono. Grecia facilitó el uso de las bases en Aktio y Creta. En igual sentido se pronunció a última hora Turquía.

El ataque a Libia bautizado como Amanecer de la Odisea (o “Amanecer Odisea”) comenzó el sábado pasado con participación de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá. La OTAN espera sumar también a Bélgica y España. Más de 120 misiles crucero se lanzaron contra las instalaciones de la defensa antiaérea libia.

Se estima por fuentes de ese país que 65 civiles fueron asesinados el primer día de la agresión y 150 personas resultaron heridas.

¿Cuál será el final de esta nueva aventura bélica y cuánto tiempo tomará son algunas de las interrogantes que se plantean ya incluso los aliados, tras la premura con que iniciaron las acciones contra la nación magrebí.

No se descarta un despliegue terrestre sobre territorio libio por las fuerzas de la OTAN como tampoco un prolongado conflicto armado si se tiene en cuenta el número de estados occidentales que aspiran a sumarse a la nueva contienda militar, según alertaron diversas fuentes militares y diplomáticas.

El primer ministro de Reino Unido, David Cameron, hizo amagos por tranquilizar a la opinión pública británica de que Libia “no sería otro Irak”.