La ONU inició su “ayuda humanitaria” en Libia bombardeando hospitales y población civil, de esta manera el sistema imperialista pone sus garras en un país sumido en muchas contradicciones con un presidente, Muamar Gadafi, que ha tenido sometido a su pueblo, y un levantamiento popular, genuino en su origen, pero aprovechado por las fuerzas reaccionarias. Las principales potencias imperialistas, a diferencia de su actuación con Egipto y Túnez donde pedían cautela, ahora se han lanzado con todo a bombardear el país del norte africano.

Una vez más el carácter imperialista de la ONU se pone de manifiesto, diversas potencias como EEUU, Francia, Inglaterra, Canadá, entre otras, aprobaron la intervención militar en Libia y contaron para ello con la complicidad de otros países imperialistas como Rusia y China que se “abstuvieron”. El imperialismo es un sistema de dominación mundial y no sólo es EEUU como creen aquellos que se sienten antiimperialistas asumiendo posiciones antiyanquis y buscando socios europeos, rusos o chinos. Generalmente los imperialistas imponen su dominación colonial de manera directa pero cuando su intervención puede parecer descarada utilizan a las instituciones como la ONU para tener legitimidad pues ésta es parte esencial de la estructura imperialista mundial.

Este monstruoso aparataje de dominación que ha intervenido un país del tercer mundo nos quiere hacer creer que con sus acciones va a proteger a la población de Libia. El líder del imperialismo mundial, el primer presidente negro de EEUU, Barak Obama, habla como juez moral y defensor de los derechos de la población civil cuando justifica los bombardeos aéreos y los lanzamientos de misiles sobre Libia.

Las verdaderas intenciones imperialistas apuntan a no perder el control de la zona ante los levantamientos populares que se han producido, aquellos levantamientos han echado a los gobernantes corruptos y asesinos que llevaban décadas en el poder. En Túnez y Egipto el movimiento espontáneo del pueblo ha conseguido cambios de personajes de gobierno, pero no ha podido cambiar la vieja estructura dominante, esa vieja estructura es leal y funcional al imperialismo, en particular norteamericano.

Cuando se produjeron los levantamientos populares en estos países, los imperialistas nunca alzaron la voz para “defender a la población civil” del ataque de las tropas gubernamentales. Maniobraron por todos los medios para que los cambios que se produjeran no cambien las relaciones de dominación que tiene el imperialismo sobre aquellos países. Pero en Libia sucedió algo diferente.

Gadafi es un viejo militar nacido del nacionalismo libio. Declaró de palabra ser partidario del socialismo pero en muchas ocasiones manifestó su anticomunismo. Se trata de otra de esas variantes de las que se viste la ideología nacionalista que busca posicionarse de manera favorable dentro del circuito capitalista mundial. Gadafi nunca rompió con el imperialismo definitivamente, sus cuestionamientos al capitalismo se limitaron a exigir mejores ingresos por la explotación del petróleo y atendió a una gran clientela política comprando lealtades, algo parecido a lo que sucede en nuestro país.

Lleva más de 40 años en el poder y en los últimos años ha tenido un mayor acercamiento al imperialismo yanqui. Las revueltas populares en Libia originalmente han sido influenciadas por lo sucedido en los demás países del norte africano, Gadafi ha respondido con mucha violencia. El levantamiento popular sin una dirección revolucionaria ha sido aprovechado por opositores al régimen y partidarios del imperialismo, esto ha desencadenado una guerra civil. Ante este panorama las grandes potencias buscan tener bajo control la situación, si bien Gadafi tiene acuerdos con los imperialistas, no es su mejor ficha, por eso es mejor buscar un gobernante más dócil y manejable y para ello intervienen militarmente el país bajo el paraguas de la ONU con el argumento de “ayuda humanitaria”.

Debemos estar seguros de que cualquier intervención imperialista (incluyendo las “misiones de paz” en la que participan los gobiernos reformistas como el de Bolivia) no va a llevar ningún beneficio a los pueblos, por el contrario, sólo traerá muerte, desastres y mayor sometimiento al pueblo y a los pobres en particular. Si bien la lucha se debe organizar desde el propio pueblo contra esta intervención y también contra el opresor Gadafi, solo una dirección revolucionaria podrá garantizar una lucha eficaz y realmente liberadora.