En este ensayo el autor presenta las posibles conexiones entre los procesos de globalización, de crisis hegemónica, de crisis civilizacional y ecológica, con la construcción –o, al menos el discurso de construcción- del estado-nación por parte de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”. Con este examen intenta explicar las contradicciones que envuelven al gobierno de Evo Morales, etiquetado como gobierno indígena, y las consecuencias paradójicas que han sufrido los movimientos indígenas como consecuencia de su triunfo electoral.

En este corto ensayo me propongo presentar brevemente las posibles conexiones entre los procesos de globalización, de crisis hegemónica, de crisis civilizacional y ecológica, con relación a la construcción –o, al menos el discurso de construcción- de estado-nación por parte de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”. Cómo se relacionan esas tendencias globales en esta coyuntura con la actuación de los movimientos sociales, en particular los movimientos indígenas, en busca de una alternativa. Pretendo encontrar a través de este examen de la situación una explicación para entender las contradicciones que envuelven al gobierno de Morales, etiquetado como gobierno indígena, y las consecuencias paradójicas que han sufrido los movimientos indígenas como consecuencia de su triunfo electoral.

La popularidad internacional de Evo Morales creció con su denuncia al capitalismo mundial, exponiendo la crisis mundial catastrófica a la cual el modelo industrialista nos condena. Siendo uno de los cuatro gobiernos que denunciaron los acuerdos sobre cambio climático de Copenhagen, en diciembre de 2010 fue el único que no avaló el último acuerdo en Cancún, impidiendo que se convierta en una resolución de consenso. Después de Copenhagen, el gobierno boliviano convocó conjuntamente con las principales organizaciones campesinas a un Encuentro mundial en abril de 2010 para denunciar esos acuerdos y formular una alternativa desde un concepto civilizatorio basado en la conciencia indígena de respeto a la Tierra. De allí salió la declaración de Tiquipaya que entre otros puntos hace el siguiente señalamiento:

“El agro-negocio a través de su modelo social, económico y cultural de producción capitalista globalizada y su lógica de producción de alimentos para el mercado y no para cumplir con el derecho a la alimentación, es una de las causas principales del cambio climático. Sus herramientas tecnológicas, comerciales y políticas no hacen más que profundizar la crisis climática e incrementar el hambre en el planeta… Al mismo tiempo denunciamos cómo este modelo capitalista impone megaproyectos de infraestructura, invade territorios con proyectos extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y militariza los territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios, impidiendo la soberanía alimentaria y profundizando la crisis socioambiental”.

Al mismo tiempo que impulsaba esta clara declaración, dirigida a impactar sobre las negociaciones de Cancún, el gobierno boliviano paradójicamente se opuso a que en el encuentro de Tiquipaya las organizaciones indígenas discutieran las formas de impedir que ese modelo siguiera haciendo estragos en Bolivia. Pese a esa prohibición y a ciertas amenazas, algunas organizaciones lograron montar la Mesa 18 cerca de la entrada al evento oficial. Esa mesa emitió un comunicado en el que resalta lo siguiente:

“La Mesa Nº 18 se constituyó como un espacio necesario de reflexión y denuncia en el marco de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, a fin de profundizar la lectura sobre los efectos locales del capitalismo industrial global. Asumimos la responsabilidad de cuestionar a los regímenes latinoamericanos denominados populares y a la lógica depredadora y consumista, la lógica de la muerte del desarrollismo y del neo extractivismo…para enfrentar el cambio climático la humanidad debe encontrarse con sus raíces culturales colectivas comunitarias; eso significa construir una sociedad basada en la propiedad colectiva y en el manejo comunitario y racional de los recursos naturales, en la cual los pueblos decidan de manera directa el destino de la riqueza natural de acuerdo a sus estructuras organizativas, a su autodeterminación, sus normas y procedimientos propios y su visión de manejo integral de sus territorios.” [1]

Evo no solo ha cedido ante las presiones de las multinacionales, especialmente Petrobras, que tienen el control de la extracción y comercialización de gas y petróleo sino que, mientras él denuncia el capitalismo global, a la vez promueve el mismo modelo depredador incentivando y protegiendo las inversiones del capital multinacional extractivo en la propia Bolivia. Los derechos colectivos indígenas reconocidos en la nueva constitución (como parte de un supuesto estado plurinacional) son desconocidos en nombre de los intereses de la nación boliviana.

Sin embargo, la “reconstrucción” y “fortalecimiento” del estado-nación no resulta ser una alternativa frente a la presión del capitalismo. El resultado no se ha hecho esperar: las masas, incluso sus propias bases cocaleras, ya están haciendo sentir su impaciencia y en el Alto, durante la movilización de Año Nuevo han cantado: “Anulas el decreto [de aumento de gasolina] o te sacamos Evo”.

“¿Cómo? ¿Acaso no habían nacionalizado?” Esa fue la reacción de un representante de una comunidad campesina en Cochabamba ante la explicación que daba el dirigente de la Federación acerca de la intención del gobierno boliviano de aumentar el impuesto al consumidor sobre la gasolina en Navidad del 2010, para duplicar el monto que se paga a las multinacionales petroleras por cada barril que extraen en el país.

Parece esquemático y exagerado decir que estamos aquí ante un proceso acelerado de burocratización que recuerda ciertas facetas del desarrollo del estalinismo, sin embargo no encuentro otra figura que sintetice mejor y en pocas palabras la dinámica actual político-gubernamental. Esa dinámica de reproducción del estado burgués-colonial (o colonial-burgués) a la cual responde el MAS no surge simplemente de una lógica impuesta “desde arriba” y desde las fuerzas actuantes del mercado mundial, sino que, llamativamente, responde también a procesos de reproducción que surgen “desde abajo”, desde ciertas lógicas y estrategias populares, todo lo cual permitiría sacar algunas enseñanzas con las cuales quizás entender por dónde pasaría la alternativa. Pero a la vez, Evo no puede ni soñar con emular el largo reinado stalinista. Los movimientos populares bolivianos no han sido derrotados, sólo han quedado confundidos.

Tengo que ser claro al referirme a la confusión: la nebulosa que envuelve a los intelectuales desde los años 80 por supuesto también me incluye. Agradezco a Herramienta y aprovecho esta oportunidad que propone para la elaboración y la discusión sobre los acontecimientos de la última década para poner estos sucesos en un marco global. Pero estos acontecimientos no solo deberían verse desde una perspectiva objetivista, sino tratando de poner en acto lo que Bourdieu (2003) denomina la “objetivación participante”[2], es decir, el análisis de la posición desde la cual cada uno de nosotros “escribe”. Más allá de mi intención de introducir aquí algunas cuestiones que quizás ya estén suficientemente claras sobre lo que está pasando en Bolivia, e incorporar algún conocimiento logrado en mi experiencia aquí que contribuya a la discusión sobre “el” proyecto revolucionario, reconocer la nebulosa que altera nuestras conciencias ante las paradojas que aparecen en este momento de crisis generalizada es una condición para poder avanzar. De lo contrario vamos a terminar como García Linera, declarándose “bolchevique” al tiempo que se funcionaliza al estado-nación colonial[3].

Globalización y crisis hegemónica

Desde 2008 ya pocos tienen el atrevimiento de defender la noción de que la globalización refleja el triunfo del capitalismo, el fin de la historia y es la expresión de la expansión imperial, y que lo que nos gobierna es el “imperio”. Varios autores de la escuela de “sistema-mundo” vienen sosteniendo desde hace años lo contrario: la globalización que se inicia a fines de los 1970s estaría expresando la fase declinatoria del poder del centro hegemónico y las fuerzas centrífugas que se generan en ese marco. Como ya se dio en momentos de inflexión de anteriores civilizaciones poco antes de que desaparezcan, se produce una gran expansión estatal-imperial pero que al mismo tiempo señaliza una desintegración del sistema. Esto dio lugar a análisis impresionistas que hablan de un auge.

Es claro que dentro de la era capitalista se dieron varios momentos de declinación de un centro hegemónico y surgimiento de otros. Estas fases tomaron la forma de una dislocación/descentralización de poder, donde las inversiones y recursos del centro se centraron especialmente en el control financiero-militar de las periferias más que en la potencia y dominación productiva por parte del centro en declinación. Quisiera anotar que la fase actual de declinación que vivimos, en mi opinión, no solo repite esas características de transiciones anteriores de un centro a otro, sino que incorpora una diferencia clave si la comparamos con los momentos que hubo de transición hegemónica desde un centro político a otro dentro del proceso de desarrollo y expansión del imperialismo (ya sea de Holanda a Inglaterra en el siglo XVIII o de Inglaterra a USA en el XX).

Las anteriores transiciones del poder dominante global del comercio y el capital de un centro a otro siguieron el patrón mencionado arriba, donde el centro de poder declinante entraba en una dinámica por la cual el excedente tendía a derivarse hacia la expansión financiera mientras el nuevo centro político-económico emergente surgía sobre la base de su poderío productivo. En esos casos no estuvo en cuestión la forma de dominación ideológica expresada en el predominio del principal artefacto cultural del capitalismo –la mercancía- como principal instrumento de su expansión. Estamos hablando del fetichismo de la mercancía, y no sólo de las mercancías baratas que derriban las murallas chinas y que al derribar esas barreras extienden las posibilidades de progreso de la humanidad, como dice el Manifiesto Comunista.

Progreso que entonces fue y aún sigue siendo entendido como la unificación de la humanidad en un solo sistema y en un solo destino (y bajo la ficción de un aumento del bienestar humano) lo que permitiría a la humanidad pasar a un estadio superior de organización social. Quisiera remarcar este punto sobre el significado de “progreso” porque lo retomo en la última sección de este trabajo.

Cuál es la diferencia con fases o ciclos anteriores donde el centro imperial del capital entraba en declinación apareciendo otro en su lugar? Hoy el capitalismo repite el fenómeno antes mencionado por el cual el capital se dirige a la actividad de especulación financiera en un grado descomunal. Lo que aparece como distintivo en esta fase de desarrollo de la civilización occidental-, es que al producirse el momento culminante de la expansión homogeneizadora tanto productiva como reproductiva-cultural, da comienzo la declinación no solo de su aparato industrial productor de mercancías sino también del fetichismo que lo acompaña y legitima (que, entre otras facetas, se expresa como mercancía=bienestar/progreso).

Esa novedad parece estar señalizando que aparecieron las condiciones de su propia extinción como fase civilizatoria. La creciente homogenización de las relaciones entre hombre y naturaleza (como ejemplo nomás, no solo se expresa con coca cola y macdonald como patrones universales de consumo, sino más aún en el hecho de que en todos los países se siembra y come la misma variedad de papa y la misma soya con los mismos químicos de la misma marca, se elimina el bosque o selva nativa para poner vacas a comer pasto, etc). En ese mismo acto de triunfo cultural, el capitalismo civilizatorio se transforma en productor de condiciones de “barbarie”, que toma la forma de crisis ecológica y vulnerabilidad sanitaria de la población y de sus condiciones de reproducción (incluyendo la amenaza probable de desaparición de las ciudades bajo el agua). La producción de mercancías y de mercantilización ahora ya no son parte de una expansión civilizatoria sino de la destrucción de esa misma civilización.

La paradoja de ese proceso de homogenización cultural es que también se transforma en productor de condiciones generalizadas de fragmentación social. Mientras por arriba se consolida una clase dominante única, incluidas sus clases subordinadas que adoptan los patrones culturales de la burguesía, por abajo la flexibilización laboral y la desintegración de la clase obrera asociada a la fase declinante del capital produce fragmentación de las condiciones de existencia, dándose así las condiciones para el surgimiento o resurgimiento de formas culturales diversas. Un indicio de esto es el llamado “fracaso del multiculturalismo” en el sentido que los sistemas estatales nacionales no logran asimilar las recientes corrientes migratorias, como en cambio sí ocurrió cuando se produjeron las grandes corrientes migratorias de fin del siglo XIX. Llama entonces la atención que a fines del siglo XIX ocurrió el fenómeno que entonces Lenin denominó la fase imperialista del capitalismo y que correspondía a la expansión financiera del mismo y a la colonización del mundo entero.

Esa fase de expansión financiera del capital coincidió con (y resultó de) una de las grandes crisis cíclicas de larga duración y con la expulsión de población migrante de Europa hacia América en cantidades mayores proporcionalmente a las actuales migraciones de América y Africa hacia Europa (en proporción al total de población), y no dio lugar a fragmentación cultural como sucede en la actual fase. Todo lo contrario, esa fase de crisis de fines del siglo XIX significó un paso gigantesco hacia la homogenización cultural-civilizacional, facilitada por la introducción del transporte de mercancías y fuerza de trabajo por ferrocarril. La fase de globalización que hoy vivimos en cambio expone una tendencia radicalmente diferente a aquella fase denominada como imperialista (y no es que el imperialismo haya dejado de existir, claro).

El capitalismo naciente debió derrotar primero al mundo árabe y expulsarlo de Europa al comenzar su expansión mundial, con las Cruzadas como vanguardia. Hoy, un islamismo renaciente es, al menos, un impedimento para el capitalismo, mientras que las cruzadas fundamentalistas de Bush y Obama solo logran hacer crecer a un enemigo “terrorista”. Se podría retratar la evolución del sistema desde el siglo X hasta el final del siglo XX, como mil años de un ciclo civilizacional que después de atravesar diferentes fases llega al máximo grado de homogenización y hegemonía a mediados del siglo XX e inmediatamente entra en crisis. El islamismo como ideología parece hoy resurgir de su derrota. Al infiltrarse fantasmalmente en Europa como trabajadores sin derechos, ponen en evidencia la crisis ideológica del fetichismo de la mercancía pero también el fracaso de la clase obrera occidental en darle continuidad al mismo sistema civilizatorio industrial de occidente “dándole la vuelta”. La condición global de la declinación hegemónica explica también que en el mismo año -1979- en que se da la revolución iraní, comience con una energía inexplicable el levantamiento indígena en América.

Cuando se suponía que la urbanización, la modernización y la proletarización habían terminado de aplastar las formas de vida (culturas) indígenas, éstas se revitalizan y las comunidades salen de su fragmentación, se aglutinan en formaciones regionales y nacionales y se reinventan como “naciones”, en formas que cuestionan la modernización y la civilización dominante y sus racionalidades modernistas. Claro que ello no obsta para que ciertos intelectuales aymaristas (urbanos) entiendan esa cultura por el contrario en términos de “…una modernidad más orgánica y duradera, fundada en la universalidad de los intercambios mercantiles…[con] formas de mercantilización comunal [que] eran más modernas que los emprendimientos exportadores y rentistas de la oligarquía” (Rivera, 2008:214).

¿Qué expresan o señalizan los levantamientos islámicos e indígenas sino la declinación y del actual ciclo civilizatorio de la modernidad? Serán estos movimientos los que marquen el próximo futuro de la humanidad? Esa ya es otra cuestión, que está abierta y que parece aún no tener una respuesta clara. En este terreno de las predicciones, tenemos que movernos con humildad, después del fracaso de la izquierda y de los intelectuales en general para anticipar o siquiera sospechar el hundimiento (pacífico) de la Unión Soviética. Tras la gran derrota sufrida por la clase obrera a nivel mundial en la década de los 80 con el ajuste estructural neoliberal y la reconversión a un capitalismo salvaje de los países de la esfera soviética y china, es cierto también que, paradójicamente, el capitalismo hace agua y no gana una, sale de una crisis para entrar en otra peor. La paradoja más exasperante es que la derrota de la clase obrera que es también el fracaso del racionalismo, es parte misma de la crisis del sistema!

Como Harvey (2009) afirma, es cierto que la burguesía se ha afirmado en el poder globalmente a través de la contrarrevolución neoliberal, pero también es cierto que usa ese poder irracionalmente, sus propios intereses no le permiten ya representar los intereses comunes de la sociedad con lo que mantenía su hegemonía. Ahora arrastra la humanidad hacia una catástrofe con sus prácticas depredatorias, con las manipulaciones financieras anti-crisis que no hacen más que generar condiciones para crisis aún mayores a la vez que hunden a la población en una creciente pauperización, una situación que ya alcanza a las clases medias del centro del capitalismo. Es insostenible para la reproducción de la vida humana en el planeta el actual uso de 10 hectáreas de tierra productiva por habitante (para satisfacer los requerimientos de producción y reproducción en los Estados Unidos; el nivel productivo y reproductivo en Bolivia en cambio solo requiere 0,2 hectáreas por habitante)[4]. Con la burguesía afirmándose en el poder e imponiendo su sistema de vida, la actual forma de sociedad terminará como han terminado otras civilizaciones anteriores, en la forma de una crisis ecológica que reduzca la humanidad quizás a un tercio de su actual población y a formas sociales fragmentarias.

¿Algún sector de la humanidad está avanzando o defendiendo una alternativa no-burguesa que aunque no “supere” este modelo civilizatorio en su caída libre, si establezca hoy las condiciones para la reproducción humana más allá de esa caída? Vemos las dificultades que hay para establecer una alternativa más allá de la fraseología, llámese eco-socialismo, socialismo comunitario o “vivir bien”, analizando lo que nos está ocurriendo en estos años bajo el gobierno de Evo, tras los triunfos que lograron los movimientos sociales urbanos y rurales contra los regímenes abiertamente neoliberales en 2003 y 2005. ¿Qué ocurre ahora con los movimientos indígenas en su reivindicación de autodeterminación, territorios autónomos donde rijan los derechos colectivos y control sobre los recursos naturales sobre la base del derecho a la consulta, y qué ocurre con los trabajadores de la ciudad, indígenas o no?

La doble república de indígenas y criollos antes y después de Evo

En un artículo anterior (Regalsky 2006) he explicado la noción indígena de la doble república, una noción de evidente origen colonial que tiene tremenda vigencia en la vida de los colectivos indígenas, sea conciente o subconcientemente. Esa noción se ha reflejado de manera inequívoca en la propuesta indígena que tuvo gran influencia en el texto constitucional aprobado por la Asamblea Constituyente en Oruro (diciembre de 2007). Allí se establece el reconocimiento del autogobierno en los territorios indígenas, con elección de autoridades sin la mediación obligatoria de los partidos políticos y al margen de la noción disolvente de “un ciudadano, un voto”, sino por “usos y costumbres”, es decir, reconociendo los usos existentes en cada pueblo, donde generalmente se elige en forma directa en asamblea. La noción de doble república no termina allí, sino que supone el reconocimiento del pluralismo jurídico, es decir, que el autogobierno se establece en aplicación de las normativas propias de la comunidad, normativa que tiene un carácter oral y no escrito. La normativa nacional no es de aplicación a menos que esté expresamente aceptada por la comunidad indígena, y la autoridad jurisdiccional que aplica la ley es la misma autoridad indígena designada y también revocable en asamblea.

La noción de pluralismo jurídico es donde se apoya la no aplicabilidad del código civil en los territorios indígenas, ya que el código napoleónico establece el derecho absoluto a la propiedad privada. En la norma indígena, el derecho a la tierra o a cualquier otro recurso comunal es en usufructo, aunque esté respaldado por algún titulo legal del estado y no da derecho a vender. Es decir, no se reconoce a la tierra como mercancía, ni se reconoce el derecho a la propiedad privada pues lo que se hereda es el derecho al usufructo y no el derecho a la enajenación, que queda en manos de la comunidad como colectivo. Este es el principio fundamental de la jurisdicción indígena y del derecho a la autonomía cuyo reconocimiento se buscó a través de su incorporación a la nueva Constitución. Por supuesto el conjunto de los medios de comunicación y de los órganos del estado se refieren al pluralismo jurídico simplemente como una normativa para resolución alternativa de conflictos, es decir, como un complemento al código penal y al cual denominan injustamente “justicia indígena”.

Pese a la decisión de la Asamblea Constituyente, el texto legal no solamente ha sido deformado por revisión del Parlamento en octubre de 2008 cuyo texto fue aprobado por referéndum de enero de 2008. El gobierno de Evo no reconoce los derechos colectivos indígenas ni aún en la forma recortada en que fue aprobada por el referéndum. Expresamente el ministro de minería José Pimentel, en carta dirigida al CONAMAQ en fecha … ha señalado que “el Estado Plurinacional no reconoce el autogobierno ni mucho menos la autodeterminación de los pueblos indígenas” contrariando explícitamente el texto vigente. Obviamente que el ministro Pimentel expresa de esa forma el interés de las empresas mineras y petroleras multinacionales que actúan en territorios indígenas. De tal manera, el derecho a la consulta previa e informada que manda la Constitución y el convenio 169 de la OIT, no se ha hecho efectivo desde que Evo asume el gobierno en 2006 hasta la fecha. Los movimientos indígenas y campesinos, sin embargo, siguen considerando a Evo como su representante en la presidencia del estado y han asumido una actitud expectante ante las repetidas violaciones a sus derechos vigentes como sujetos colectivos. Esa situación ha derivado en que el concepto de doble república, de separación entre la “república de indios” y la “república de criollos” se torne borroso por primera vez desde la existencia de la república, es decir, desde que en 1825 Bolívar emitiera su famoso decreto por el cual abolía la existencia legal de la comunidad indígena.

Para cualquiera de los ciudadanos argentinos estos conceptos suenan no solo extraños, sino arbitrarios y opuestos al derecho de ciudadanía que dice: todos los ciudadanos somos iguales ante la ley y hay una sola ley para todos los ciudadanos. Han aprendido desde la mas tierna infancia que esa forma de organización social y legal corresponde a la democracia. Pero en realidad no corresponde a la democracia sino a la organización liberal del estado, es decir, donde solamente el estado puede atribuirse la personería colectiva, y todos los habitantes de la nación gozan de derechos individuales, pero no así como parte de sujetos colectivos distintos al estado burgués. El climax de tal organización social y política del estado derivó en las recientes políticas neoliberales en las que se eliminan también los derechos sociales (que no deben confundirse con los derechos colectivos) como es el derecho a la negociación colectiva de los contratos laborales.

Esta es la lucha que se está librando bajo el gobierno de Evo Morales. No se trata sólo de si la llamada “nacionalización” y si la alegada reconstrucción del estado-nación son verídicos o se trata solo de recursos discursivos. La lucha de fondo es por el control del territorio: se trata de una lucha del estado por imponer el monopolio sobre el territorio y sus recursos, que es una expresión más del famoso monopolio sobre el uso legítimo de la violencia. En este caso, el monopolio del ejercicio de la violencia se traduce en la imposición del control estatal sobre los recursos comunales, expropiándolos y destruyendo las condiciones de existencia y reproducción de la comunidad.

En esto el gobierno de Evo Morales está tratando de cumplir la meta histórica del estado repúblicano burgués, una meta que ningún gobierno burgués ha logrado desde la misma creación del estado-nación y el tema de fondo que desencadenó la guerra del agua en el año 2000. Pero además, esa expropiación del derecho colectivo por parte del estado, conculcando un derecho consagrado por el uso continuado de un pueblo indígena sobre su territorio, se realiza en beneficio no del pueblo boliviano, sino en beneficio de empresas multinacionales, entre las cuales destaca la Petrobrás. Precisamente a estos derechos colectivos es a lo que se refiere la Declaración de la Mesa 18, de la cual transcribimos parte al comienzo del artículo y que denuncia a los gobiernos denominados populares por ser igualmente agentes del modelo extractivista y depredador que ha causado el cambio climático.

Lo que se juega en el movimiento contra el alza del precio de la gasolina a finales del 2010, no es solamente el derecho de la gente a defender su nivel de vida, amenazado por el aumento del precio de los combustibles y la inflación generalizada que eso acarrea. Ese derecho es vital, ya que es lo que permite el frente unido del campo y la ciudad. Sin embargo lo que discurre por debajo de la lucha por el precio de la gasolina es la tensión por el control del territorio y sus recursos. El estado, que mantiene su carácter colonial en alianza con el capital multinacional pese al cambio de discurso, será el que gane el control? O serán los sujetos colectivos, los pueblos indígenas en alianza con los sectores populares urbanos los que logren defender la democracia del autogobierno y el control sobre los recursos que se requieren en defensa de la vida. Por supuesto que la discusión sobre la viabilidad de una propuesta de “etnodesarrollo” basada en el control de los colectivos indígenas sobre sus territorios como alternativa al capitalismo depredador, es un tema demasiado complejo como para tratar en el reducido espacio de este artículo donde simplemente pretendo posicionar los procesos que se dan en Bolivia como la expresión de la crisis global a la que nos ha conducido el capitalismo.

Lo que esta década nos deja como lección, partiendo de la guerra del agua y pasando por los movimientos sociales en Argentina del 2001, es la imposibilidad de resolver la crisis sin contar con la más absoluta claridad sobre la cuestión del estado-nación burgués como activo agente de reproducción del mercado mundial capitalista y por lo tanto como gestor del proceso civilizatorio de occidente que hoy está en crisis. Como tal, ese estado-nación burgués cuya hegemonía está en cuestión en términos globales (no ya como un centro hegemónico específico que nos domina como periferia, ya que todos los estados están hoy íntimamente enlazados[5]), será activamente destruido junto con esa civilización por quienes occidente ha juzgado como los “incivilizados”. De lo contrario nos queda esperar que la crisis de occidente nos lleve a la catástrofe en la que es probable que los trabajadores de las ciudades llevarán la peor parte.

Bibliografía

Bourdieu, Pierre. 2003. “Participant Objectivation” en Journal of the Royal Anthropological Institute 9:281-294.(traducción al español s.d.)

Harvey, David. 2009. “¿Estamos realmente ante el fin del neoliberalismo?” en Herramienta 41: 153-164.

Regalsky, Pablo. 2006. “Bolivia indígena y campesina. El gobierno de Evo Morales” en Herramienta 31: 7-38.

Rivera, Silvia. 2008. “Violencia e Interculturalidad. Paradojas de la etnicidad en la Bolivia de hoy” en Willka, 2 (2): 201-224.

Notas

[1] Ver ambas declaraciones en www.constituyentesoberana.org

[2] Una versión del famoso espejo invertido de la conciencia al que se refiere Marx en la Ideología Alemana.

[3] Ver el discurso de aceptación de Doctor Honoris Causa otorgado por la UBA, del 9 de abril de 2010 (aniversario de la Revolución Nacionalista de 1952), donde afirma que la victoria política y militar (sic) de Evo han cerrado el ciclo de crisis estatal en Bolivia (del mismo Estado cuya presidencia asumió).

[4] WWF-GFN-ZSL. 2010. Living Planet Report 2010. Biodiversity, Biocapacity and Development. Gland-California: WWF.

[5] El anti-imperialismo boliviano de hecho se centra en la lucha contra la dominación del estado brasileño, hoy el principal vector de la penetración de las multinacionales y actor del modelo extractivista, el discurso del gobierno de Evo naturalmente obvia ese hecho.

* Artículo publicado por Herramienta N. 46, año XV, marzo 2011. CENDA, Cochabamba. regalsky@gmail.com