Sectores fundamentales como los fabriles, los trabajadores en salud, federaciones importantes del magisterio, etc., decidieron no acatar el paro de 48 horas declarado por la COB. El fracaso abre el camino para la capitulación de burocracia sindical con el argumento de que “no hay condiciones para la lucha”. Pero, las maniobras del gobierno y de la burocracia tienen patas cortas.

El problema salarial se ha convertido en el ojo de la tormenta. La propuesta del gobierno en sentido de imponer el 10% de incremento sólo para cuatro sectores (educación, salud, policía y ejército) ha terminado encabritando a los asalariados. Se ha impuesto en los gremios la consigna del salario mínimo vital con escala móvil, y la burocracia sindical, por la poderosa presión de las bases, exige una canasta familiar de 8.300 bolivianos, aunque acto seguido se esfuerza por desvirtuar la demanda.

La burocracia, desesperada por contener la avalancha social, decreta un paro de 48 horas para luego, sigilosamente, coordinar con el gobierno y los empresarios privados una campaña de intimidación, amenazando con descuentos de sueldos y salarios, y con despidos a quienes acaten el paro en las empresas privadas.

El gobierno hace esfuerzos desesperados por aislar a los sectores asalariados para debilitarlos en sus movilizaciones. Así, se han pronunciado contra el paro los dirigentes de la CSUTCB, de las Bartolinas y del CONAMAQ. Los dirigentes nacionales del magisterio salen desembozadamente contra el paro y, después de sembrar el terror con los descuentos, dejan en manos de las asambleas de base la decisión de acatarlo o no.

Sintiendo una profunda desconfianza en los dirigentes sindicales, muchos consideran que el paro, lejos de organizar la lucha, termina siendo una medida desgastante de la capacidad de lucha de los combatientes, y un sacrificio inútil para lograr nada. De esta manera, sectores fundamentales como los fabriles, los trabajadores en salud, federaciones importantes del magisterio, etc., deciden no acatar el paro, no sin antes condenar la conducta traidora de los dirigentes oficialistas.

El fracaso del paro de 48 horas, que sólo fue acatado por el radical magisterio paceño y otros sectores muy contados, se convierte en el motivo para que la burocracia sindical prepare el camino de la capitulación con el argumento de que “no hay condiciones para lucha”.

Gobierno y burocracia sindical creen haber finiquitado, de este modo, el problema salarial arrinconando a los sectores más combativos en la presente coyuntura política y social. Pero estas maniobras coyunturales tienen poca significación porque la incapacidad para resolver los problemas vitales de la población impulsará la rearticulación de movilizaciones cada vez más generales y radicales.

No hay que olvidar que los reactivos que generan los conflictos sociales como la aguda miseria reinante están presentes. Mientras el gobierno sólo atina a realizar una furiosa campaña contra las exigencias de la gente y pretende atender a los afectados sólo con la ayuda humanitaria de una población que también siente hambre, los explotados en general no encuentran respuestas reales a sus necesidades.

Para analizar objetivamente el presente proceso social y político hay que partir de una evidencia incuestionable: la profunda crisis del sistema capitalista empieza a golpear duramente al país. Sus manifestaciones más concretas son la escasez de alimentos, el alza de los precios en los artículos de consumo, la caída vertiginosa en el poder adquisitivo de los ingresos, la ausencia de fuentes de trabajo, en suma, un mayor empobrecimiento de los explotados. A todo esto se suma el duro castigo de los desastres naturales que reciben los sectores más empobrecidos de la población y la total incapacidad del Estado para atender las necesidades de la gente afectada.

El problema salarial tampoco se ha agotado porque los trabajadores rápidamente tienden a rebasar a sus direcciones traidoras para organizarse desde las bases usando diferentes canales; uno de ellos es la iniciativa de los pactos inter sindicales que ya empiezan a organizarse.

* Dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA) de Cochabamba.