La Habana, (PL).- Introducida en Cuba hace cinco siglos, la caña de azúcar deviene hoy valioso potencial para contribuir a la solución de la demanda de energía, alimentos y otros productos destinados a satisfacer necesidades económicas y sociales importantes.

De acuerdo con expertos, el aprovechamiento de los subproductos de la agroindustria permite disponer de una amplia gama de surtidos, desde alcoholes y bebidas, hasta sorbitol, alimento animal, siropes, caramelos, tableros e incluso electricidad.

Independientemente del azúcar- que dicho sea de paso cuenta desde hace varios años con altos precios en el mercado internacional- de la caña se pueden obtener más de un centenar de productos que incrementan su valor agregado y contribuyen a la rentabilidad del sector.

Visión retrospectiva

El estudio y el aprovechamiento integral de los subproductos tienen en esta isla una frontera bien definida: antes y después de 1959. Las condiciones socioeconómicas imperantes antes de ese año en el país constituían un freno al desarrollo de los derivados, aunque existían algunas producciones, entre ellas las de alcohol y papel.

Cuando en fecha tan temprana como el 23 de mayo de 1963, el Comandante Ernesto Che Guevara, en su condición de ministro de Industria, fundaba el Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA), sentaba al mismo tiempo las bases de la diversificación en la agroindustria.

Con ello se puso fin a la dispersión prevaleciente en ese terreno y se pudo disponer, por primera vez, de una institución especializada con una línea de trabajo coherente para la investigación de las posibilidades que ofrece el uso de los subproductos.

Más que azúcar

A partir de ese momento comenzó un notable desarrollo, tanto de estudios como de la producción de derivados, cuyo espectro llegó a superar más de 30 productos diferentes en unas 13 destilerías, plantas de furfural, alcohol furfurílico, tableros, sorbitol y papeles. También se producían levadura torula, miel proteica, y otras variantes de alimentos para animales, rones, aguardientes y otras bebidas, y glucosa y jarabe de fructosa.

Además se crearon, con apoyo financiero de la ONUDI y el PNUD (instituciones de Naciones Unidas) los Proyectos Cuba-9 y Cuba-10, que posibilitaron profundizar en las investigaciones de la celulosa y procesos fermentativos, respectivamente, que aportaron nuevos derivados.

El país llegó a poseer en el terreno de la alimentación animal 10 plantas de levadura torula y no menos de 200 pequeñas fábricas de miel – urea, bagacillo predigerido y otras opciones que junto con los residuos de la cosecha representaban varios millones de tonelada de forrajes cada año.

Cabe destacar entre otros rubros: medicamentos como el PPG, celulosa microcristalina, resinas furánicas y soldaduras metálicas en frío, geles de alcoholes, bioestimulantes para el crecimiento vegetal, como el FITOMAS E, y pinturas.

La desaparición del campo socialista europeo y de la Unión Soviética asestó un duro golpe a la agroindustria incluidas sus producciones derivadas, las cuales se deprimieron de manera significativa.

Fue al calor de la reanimación de la economía en los primeros años de este siglo que comenzó el rescate de diversas producciones en la esfera, y de la creación y desarrollo de nuevos derivados, acordes con las realidades en el archipiélago.

Es así que surgieron productos químicos y biológicos, biorreguladores, abonos orgánicos, bioestimulantes, fármacos y piensos balanceados. A juicio de expertos del ICIDCA, las potencialidades de la caña de azúcar son múltiples, al ser la base para la obtención de numerosos derivados.

El rescate de la producción de esa materia prima y la recuperación de la agroindustria son hoy tareas de primer orden, a fin de incrementar las exportaciones y la sustitución de importaciones en ese sector.

Según expertos, la utilización de la caña de azúcar está vinculada a los fenómenos generales que acaparan hoy la atención de la humanidad, como la energía, la alimentación y el medio ambiente.

Sin duda, los productores de esa gramínea- un centenar de países, entre ellos Cuba-, tienen la indiscutible ventaja de contar con una materia prima renovable, creadora de compuestos químicos básicos de un rendimiento por hectárea no igualado por otro cultivo.

Este posee además una capacidad de conversión de la energía cinco veces superior al empleado en producirla.

Se trata de la planta comercial que más eficientemente tiene desarrollada la fotosíntesis. De acuerdo con estudios, una hectárea de caña es capaz de aportar 100 toneladas de materia verde cada año.

Considerada como materia prima energética esa gramínea aporta cerca de 10 toneladas de petróleo equivalente, y desde el punto de vista de la energía metabolizable para la alimentación animal, puede representar un volumen de calorías por hectárea que supera con amplitud el de otros cultivos forrajeros.

Hoy los derivados de esta industria están llamados a rescatar gradualmente el papel que perdieron tras sobrevenir las condiciones de crisis que dieron lugar al llamado “período especial” en la década de los 90 del pasado siglo.

Pese a las dificultades mencionadas y a la escasa disponibilidad de caña en las últimas zafras, el país obtiene importantes cantidades de alimento animal, energía eléctrica por tonelada de caña procesada al tener interconectados los centrales al sistema electroenergético nacional, y alcoholes, bebidas, sorbitos y otros productos.

* El autor es periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.